Cita:
Originalmente Escrito por pometeo Una vez tuve un caballo salvaje
encerrado en el pecho, podías oír
su galopar desenfrenado acercándose,
como un tronante y desbocado ejercito de tambores furiosos.
Loco como una cometa sin dueño,
como una rumbita sin rumbo.
Ahora el caballo está cansado,
las cartas andan marcadas,
y su galopar es sólo ya un triste trote,
como un solemne y torpe réquiem de silencios decapitados.
Demente cometa atrapada en esta tela de araña. |
Hermoso poema, pero si aún los caballos sueñan con seguir su galope, aunque no tan fuertes, ni desbocados, pero más seguros y acertados, pueden limpiar el polvo y las telarañas de los sueños olvidados.