Hoy voy a escribirte como nunca antes lo había hecho,
te cuento, sin cuentos, la tristeza me mata lento,
si bien es cierto que me amaste intenso,
lo dejaste de hacer,
yo lo hice como ninguna otra vez, y pude haberlo hecho más.
Tengo grabado a fuego, momentos que fueron,
y más aún los que nunca sucedieron
las cosas simples me abren al medio,
tu olor,
tu beso,
el amago de tu mano
pero es sobretodo el anhelo, la sensación de no tenerlo.
Por este amor perezco, como un árbol muere por sus hojas en invierno.
Tu piel supo regalarme sus tesoros mas preciados,
erigiéndose ante el roce de mi boca,
ni tu piel ni mi boca coinciden ya, lo sé, pero seguirán entregándose,
no volveremos a ser amados, como entre nosotros lo hicimos,
donde habita el dolor, me recuesto a pensarte
y despierto del sueño infinito.
Ahora me siento parte del resto,
esos a los que miraba con piedad por tenerte de la mano,
poco guardo de tu altar inmaculado,
revestido de la magia del cruce de miradas,
se desvanece a diario, inevitablemente.
Se desenreda el enredo de mi cuerpo y tu sangre,
el trigo se opaca y la soja reverdece,
tus ojos se cierran y ahí te dejo en paz,
Poco tiene sentido y es sentido mi latido, mi latido me encuentra partido y partido solo así vuelvo y te escribo.