El rescate del poema y sus oyentes A Pitágoras, el Iniciador laico
Tomé las palabras dulces y revolucionarias
de las sombras; rescaté el Gran Poema del olvido;
el verso que ninguno quiso, la enseñanza
que llenaron de desfiguraciones,
la ciencia que escupen los inarmoniosos,
los confundidos, los violentos,
los amotinados, yo lo tomé
con corazón abierto y se los dí a los hombres.
Fue como robar el fuego porque mis manos
se volvieron candentes y mi voz, sublime
con su desobediencia; pero tuve que hacerlo
para que el amor no muera,
tuve que hacerlo para que te vuelvas,
Humanidad, infinita.
Yo soy el atrevido, el remoto Ser, que te da
lo que es tuyo aunque hoy no lo quieras.
Yo soy el que fue agradecido
y de la tiniebla hizo este manojo de luz
y de esperanza: te doy el «don» públicamente,
no ya evento de oyentes en secreto.
Los que entiendan tendrán orejas finas.
Se llamarán «akusikoi», voluntarios
con el clamor del «Dáme, habla, oiré».
Benditos los que oyen lo que siempre se les dijo,
bendito los que reciben, con la palabra,
lo que el poema anónimo del Ser comunicaba
para quien anhelara
el despertar en la Madrugada más sublime
con el sólo asentimiento de su profundo
«Lo quiero: Díme el origen».
Una armonía universal existe.
Como siete notas del heptacordio musitan.
Como un Apolo hiperbóreo habla ya del regreso.
La verdad no se pierde. Sobrevive en metáforas.
Como Ceres echa trigo en los surcos.
Hay que decirla por siempre.
Esta no será oculto nunca más.
Yo la recogí, como una flor del alma,
como un narciso que se ofrece a los más amados,
a los siempre hermosos desde el fondo de Sí Mismos.
Derramado estuvo este poema en tiempo cósmico
sobre predios de Saturno, deshecho en las Lágrimas
de un cielo; yo, lo tomé y dije: «No llores. Tomo
el Espíritu, el símbolo oriental del Fuego,
yo lo tomo y lo regreso a la Esfera de las Rotaciones
y al movimiento de la Tierra alrededor
de tu Sol, doy la enseñanza de la Noche y el Día,
tu promesa de Madrugada fuera del alcance
de los perros y cerberos mitológicos».
Voy a entregar la esperanza de la evolución
incesante, indetenible, de la Tierra
y el profundo secreto divino
que se olvidó en el hombre.
Origen divino de su Alma.
3-12-2004
Del libro «Estéticas mostrencas y vitales»
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«Akusicoi»: En la escuela pitagórica, nombre con el que eran llamados los novicios o aprendices de sus enseñanzas. Significa en griego «Oyentes».
Lágrimas de Saturno: Una metáfora pitagórica para expresar---
Perros: Una alusión a la metáfora pitagórica para expresar ---
La voz hablante de este poema es Pitágoras mismo. Regístrate en el Portal para quitar esta publicidad.
Editado por carlos lopez dzur en 28-may-2008 a las 12:43 |