“Puede que el pecho se marchite y muera,
puede que del pecho, -con valentía y fuerza-
nazca por fin una vida nueva”
Ni antes, ni después
Nada hay, ni antes, ni después.
No hay oscuridad sin luz,
no hay luz sin oscuridad.
Nada hay, ni en el día, ni en la noche.
No hay cuerpo sin alma, no hay alma sin espíritu,
no hay mar sin sal, no hay sal sin mar.
Obra perfecta, latidos cabales,
aire floreciendo en la mente, soplos de hierba fresca,
creación nacida del dueño del cielo y la tierra,
y Él está desde la primera de las estrellas,
hasta el ínfimo grano de arena.
Está cuando el padre ama a su hijo
cuando el hijo ama a su padre.
Está en la infinidad del océano
y en el rocío fresco de los campos.
Obra maravillosa, gestación en el vientre,
lazo indisoluble cuando la vida, pare vida.
Nada hay, ni pasado, ni fututo, ni final,
nada hay, antes y después de su Infinita Verdad…
No hay venas sin madre, no hay madre sin El Padre.
Obra profanada por el hombre de su Entraña
cielo quebrado, lodo en la tierra,
la inocencia en los niños temprano se hace yerta,
luchas insurrectas de hermano contra hermano…
Pero, nadie hay ni antes, ni después del Rey de reyes,
¡quién está, estuvo, y estará!
Fiel en su amor, con la sangre de su hijo
firmó el pacto para reconciliar al universo Consigo.
Nada hubo, nada hay, nada habrá después de Ti
¡que nos haga renacer del mundo hecho averno!
