Podrían ser un millón de cosas, todas ellas demasiado bellas. Esa frase lleva la sonoridad del agua cuando toma el aroma de los lotos, o el de los pétalos que se lleva a su paso. Bien podría ser una especie de promesa de amor en la boca de alguna princesa sin reino, o las últimas palabras en la boca de un niño sabio del que nadie creyó las profecías.
En definitva, usted, señor, sabe arrancar la poesía del sueño.
Saludos.