“EL MURO DE LOS LAMENTOS”
Aquí, donde las razas
se tragan
pero no se mastican.
Al cordero
le crece melena
de león.
Crecen los dientes.
Se achican los bolsillos.
El pene, a disgusto,
entra en reposo.
Y, la película
de los novatos,
naufraga.
Aquí encallaron
los sueños.
Como uno más
de los compatriotas
muertos de hambre.
Esperando el cierre
de la amasandería
del griego Yánet.
El que regalaba todo
el saldo de “dulces”
a los chilenos.
(hechos con aceite,
“huácala”)
El dulce llegó
como cena
para espíritus
celestiales,
desde el séptimo día.
Aquí, donde el calor sutil
de los amantes
se transforma
en un manojo de flores marchitas,
con agua verde y mal oliente,
por el olvido.
Aquí, donde de noche
las incógnitas del alma
desnuda, llegan a zona roja…
Expertas copetineras
Filipinas, comienzan
Adulándote
y llegan hasta lavarte
la herramienta con los labios…
Los que solo
habían besado
a su primer pololo,
(según ellas
y… según me contaron.)