Llegan tus pasos de gacela confusa,
hay umbrales de tierra que acechan,
anhelantes, el calor de tu cuerpo
y la música de tus labios que se abren,
cada rincón de mi cuerpo disperso
sigue preguntándose dónde queda tu orilla,
dónde queda tu soleada fragancia,
la vespertina lumbre de tu piel
que se agita, retozando en las frondas,
mientras el trino se aleja cantando.
Cuando veo el milagro del agua
que hace crecer las espigas, triunfales,
temblando en las rosas abiertas
como una pupila dispersa mil veces,
presiento que algo divino ha escampado
en el lugar preciso del miedo,
en la jungla de un pecho que grita
cuando la noche deja correr su imperio
de sombras, de silencio, silencio convulso
que araña la sangre y hiere los huesos.
Oh, Ricardo, oh hermano de los pájaros, qué emoción provoca este poema de amor y qué alegría me produce haberlo hallado gracias a Gedal. Cuánto se lo agradezco. Un gran abrazo y estrellas como pupilas dispersas mil veces...