A Las Afueras De Una Ciudad Peruana Él da vueltas y vagabundea
por el vientre latinoamericano.
Bebe cuando se cansa del Amazonas.
Luego camina, en sandalias de plata,
por los callejones, valles y cordilleras,
por donde vuela un cóndor triste
que deja caer sus plumas sobre el mausoleo
de todos los mártires de la patria.
Ya en los Andes,
junta todas las piedras y juega con estas,
lanzándolas al muro restante del "Cuarto de Rescate"
que colmó de oro, un día, Atahualpa:
Allí, en esa única pared de aquel horizonte,
se despedazan las piedras
y caen como estrellas pulverizadas al Océano Pacífico
donde se ahogan y disuelven las luces;
y los navegantes que en las totoras van,
se quedan a oscuras y nadie sabe después de su naufragio:
Quizás en una isla…
Quizás, allá, en el imperio del Inca nauta.
Y pues, a veces queda, como jugando,
con las manos vacías y llenas de cayos multiformes
que no hacen nada por darle algún guarismo a ese 0
que se agranda en el pecho enfermo que al toser, sangra;
en ese pecho hondo como un silo,
ese pecho de un pobre que muere junto a los perros y gatos,
que tísicos van entre pugilatos
de ratas montadas de mala gracia por aquellos señores del poder:
Allá, mueren miles, en los basurales de las afueras de la ciudad.
¡Tosiendo sangre!
¡Tosiendo hijos!
¡Tosiendo remordimientos!
Él, tras esa miseria, se sienta en la costa
a dibujar algún sueño en la arena y preocupado,
enciende un cigarrillo que humea año tras año,
y se hace cada vez más caro y difícil
recordar el himno de libertad,
valorar con justicia la bandera teñida de sangre
¡Es tan cruel ver el escudo vacío!
Sin reino alguno:
(Y los profesores aún hablan, en la Primaria,
sobre los símbolos patrios)
y los niños van tras el aroma hierático del heno
que alimenta a las vicuñas...
Amortajado, él junta los codos y las rodillas
que con el tiempo le son difíciles de separar
y bajo el hastió de un pueblo
que a pesar de todo hila ilusiones
con telarañas de los rincones abandonados,
sin embargo, desnudos quedamos,
llorando en las esquinas del barrio sin suerte:
Allí, acompañando al mendigo de oro,
acompasando nuestro latir con la lata
que suena y suena,
y despierta todas las ganas de no estar aquí.
Atónito…, desde la costa, el Perú avizora aún muy lejos
los enormes barcos que van desapareciendo en todo el zócalo:
Allá es el lugar donde bogan nuestros sueños
y que no te sorprenda, peruano, pues esos sueños
se ven tripulados de esperanzas que se disipan en la brisa,
esos sueños se van, muchas veces, dejando sobre el Pacífico,
viejas estampitas de santos y plegarias que arañan las lindes.
Sí… desgraciadamente,
se van lejos los sueños del Perú.
Hacia extraños puertos.
Hacia el extranjero.
¡Se van los sueños!
Y un canto sobrevive en los naufragios:
Es un “¡SOMOS LIBRES!”
siempre lejos,
a las afueras de una ciudad peruana.
eSTE ES UNO PARA LAS CRITICAS DE ESTE FORO
__________________ :[ Mario M Morquencho Leon :[ |