Pensamientos que llegan, se capotean y trascienden más allá de una idea primaria.
El pensamiento llega solo y se queda, acaricia o golpea.
Debajo de los árboles, sobre las cornisas, en los tejados, bajo la huella de los arados... aún dentro de las construcciones, te buscaba sin saberlo. En los capiteles y los dinteles, en los alabastros y aún entre las bayonetas... te buscaba del todo y a fin de cuentas. Te buscaba sin saberlo.
Las letras quedan dichas. Quedan impresas. En el flujo del caudal que se decanta al desangrar una idea se detecta una sensación poderosa: un gesto, una sonrisa, un suspiro de vez primera. Las letras quedan fijas. Quedan quietas.
En momentos, por segundos raudos o eternos, pareciera que su rasgueo llora, para luego estallar en canto. Ella clama por la ausencia y luego bibra de gozo entre mis manos. Su cintura apretada bajo mi brazo y su voz diáfana, poderosa por todo lo alto. Mi guitarra canta y luego llora, llora y luego canta... pero nunca deja de sonar. Ya nunca más.
Recibiendo la noticia de la llegada, me pregunté que era lo que se esperaba para darme cuenta de que nadie pide nada a aquellos que aportan su vida de pasada. Los reclectores de sueños son los verdaderos dueños de mirares sobrios en lides de tenorios. Recibiendo la noticia de TU llegada mi vida ya no fue de olvidada.