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  1. Mucho sol anda

    tras tus espaldas.

    Divina sombra,

    umbrosa, de tus

    férreos ataúdes,

    con tu afán celoso,

    tropieza. Mientras,

    la ley, en su insigne

    insignificancia, da

    muestras todavía,

    de auténtica fortaleza.

    Derriba portalones,

    en tus paseos vespertinos,

    y ve, en una caracola,

    níveos pasos sometidos

    al furor del clima y de los tiempos.

    Demasiado sol anda tras

    tus espaldas, sí, ¡cómo si,

    desde entonces, no

    hubiera nevado!



    ©
  2. En la sorda tierra,

    ni un ápice de luz.

    Lápices del alba,

    árboles de madrugada,

    son las siete de la mañana,

    ni un vértice de luz

    sobre las atestiguadas

    montañas.

    Un paso de ovejas

    vertebra el cansancio

    de la luna vieja, y deteriorada.

    En la sorda tierra,

    crecen las higueras de noche,

    cuando el mar y el viento

    se sacuden el salitre.

    Y yo quedo triste y melancólico,

    como si me hubieran arrancado

    del colchón.

    ©
    A Alecctriplem le gusta esto.
  3. No es el reino del amor éste

    que tanto alaban ministros y secuaces

    parecidos; no es el reino del amor

    aquel que tanto pronosticaran en épocas

    pasadas revoluciones y tópicos a granel.

    No es el reino del amor, ese que tomó forma

    bajo alas siniestras caracterizadas como familias.

    Ni fue el reino del amor, aquel que con traje

    de domingo nos prometieron antaño: cuando

    todos éramos bastante tristes y lampiños.



    ©
  4. Flamean, en las ventanas,

    antiguas luces encendidas.

    Son voces y sueños, anegados

    en tristes recuadros- habitaciones,

    dormitorios, despensas; cocinas-.

    Y en esa persistencia de las cosas

    y los objetos inciertos, yo miro.

    Poca cosa, poco que decir.

    Es la retórica universal de la pobreza:

    materiales torcidos que averiguan

    su capacidad para formar paredes,

    muros, sin otras señas de identidad que

    las de la improvisación,

    sin más misterio que el de las cosas decisivas.

    Y así me gusta que pase definitivamente

    el tiempo. Entre lloviznas y columpios

    herrumbrosos.



    ©
  5. De tu pecho lactante

    de tu gloria infamante

    de la razón inexacta

    que promueven tus labios

    de la tierra, equidistantes.

    De tu sueño incesante,

    necesario cordón umbilical,

    promesa tierna de la uva

    pisada y coloquial.

    De tu ausencia sonora

    a la tragedia de tu vida,

    donde se aproximan

    como cálidos panes,

    tus besos de mediodía.

    Esqueleto, firme, de tantos

    hijos entrañables-.



    ©
  6. Distanciado, más por hábito,

    que por instinto, de aquellas

    antiguas iglesias, donde celebran,

    todavía hoy sus misas, pálidos

    sacerdotes de tez bronceada,

    apenas si recuerdas las últimas

    veces, ya que no las primeras,

    en que recibías con jovialidad

    externa el sagrado manjar, y a

    aquellos oscuros e impacientes

    militantes fríos de la religión a

    la que, peor que bien, te adscribes.

    No te causa más que alguna carcajada,

    solitaria, indefinible, verte a ti mismo,

    por gracia del afán comunitario,

    convertido en típico monaguillo,

    trotar de la sacristía al altar, y de éste,

    a la despensa de alguna vecina próxima,

    en busca de algún recurso etílico

    que sirviera para la última cena.

    Desconoces del todo el por qué

    de este apartamiento y de esta distancia.

    Mas preguntas a Dios, a veces,

    el por qué de tu confuso destino.

    Y, confuso, permaneces-.





    ©
    A Karli20 le gusta esto.
  7. Trocadas ya las risas

    en contagiosas lágrimas,

    permaneces quizás y tristemente,

    anclado sin osadía a aquel

    recuerdo y aquella maravillosa

    memoria, como en un inmóvil presente.

    Instalado en un remoto pretérito,

    viertes tu veneno habitual en el cual

    sepultas tus áridos comentarios.

    No, acaso

    no sea éste, para ambos,

    el final merecido, mas,

    y lo piensas a solas, como siempre,

    desde el principio así lo entendiste.



    ©
  8. Dejé de ser un alma

    traspasada por dudas,

    remotas ambiciones

    u oscuros deseos.

    Dejé de serlo. ¿Qué vivo?

    No lo sé, ni me importa.

    Redes sin nada vienen

    a fructificar en mi frente.

    El líquido sudor, dejaba ambiente

    de juventud, en mi cuerpo erosionado.

    No es la juventud lo que me representa.

    No es, tampoco, la plegaria. Un payaso

    por los contornos del mundo se pasea.

    ©
  9. Deja, deja que el silencio

    te acompañe y se acumule;

    que tiemble como hoja en

    el espanto cotidiano. Que

    se esmere en hacerte casi

    fósil en mina imperceptible.

    Que sea tu último secreto

    antes de acostarte. Que se

    debiliten las luces y se apaguen,

    las últimas cenizas. Y tú, llora,

    llora como un hombre.



    ©
  10. Llevaba un alma anhelante.

    Un alma suplicante, vagabunda.

    Herida. Cada noche, paseaba

    su alma moribunda, un cuerpo

    apenas, por las verjas doradas del

    día. Desconocía aún las presas fáciles

    del águila, los lamentos del alma sujeta

    a su corporal peso. Lamentaba a su vez,

    las noches perdidas, las interiores mañanas,

    los cielos azules más escasos, las marañas

    de besos que a otros pertenecían. Llevaba

    un alma errante, profética, de tenues manos

    amarillas, los labios, siempre abiertos

    a la vida.



    ©
  11. Qué infames tus palabras,

    y qué escasas tus ambiciones,

    esto lo sé. Hija y heredera,

    de un cierto imperio acosado

    desde las ramas: cómo advertías

    en mí, celo y pasión de enamorado.

    Qué asequibles y perdidas

    las palabras de tu mirada.

    Yo apenas asciendo por los labios,

    sin ellas, sin las desastrosas,

    consternadas palabras.





    Fui sólo el armazón de tus esqueletos.

    No había en ti, sino arañazo tierno o palazo

    de tierra, sin humedad ni tristeza.

    Y tus lágrimas, qué bien

    se mantenían en tus mejillas, tan falsas.

    Tan fraudulentas como cada una de tus palabras.

    Fui sólo, el cuerpo de tu alma.





    Habito el tiempo, como quien habitara

    el clima, con labios de muchedumbre,

    sin sonoridad de guitarra.



    Ya rotos los espacios,

    los huesos sonoros,

    los espartanos huesos

    tienden a descifrar

    el pasado del tiempo.

    En tu cuerpo, hallé

    momentánea felicidad,

    que inundaba mi alma,

    tanto sol eras. Rotas

    las vértebras, los tendones,

    queda pues, ignorar sólo el alma.





    ©
  12. Del vientre de la ballena

    Job solitario, Job hundido,

    los lazos permanecen cerrados

    desechos los antiguos ritos

    calmas, las algas irrisorias.

    En el vientre de la ballena, sus eternidades apenas

    mienten, mienten con la lengua llena de fósforo o yedra,

    con las ladillas propias y ajenas

    de tanto vástago misterioso.

    Flotan en su mundo multicolor

    clamores de óxido nitroso, de hidrógeno

    volcánico, donde apenas

    llagan los atributos de dios en su archipiélago

    hediondo.

    Allá diezman vectores insolubles,

    sangres de estirpes lejanas y mediocres,

    llaman sus realidades de neutra insatisfacción-

    su despreciable confort, y su leñera aventajada-

    nos quiebran las rótulas con canales y cucharas.

    Y son negros los ánades de la desdicha-.



    ©
  13. Derriba los órganos

    son atropellos instintivos,

    las velocidades muertas

    anteriores a obesidades,

    las neutralizadas mezclas

    de avaricia sostenida, donde,

    luego, se mezclan las fragancias

    y las galaxias concurridas.

    Desafina el gallo. Come

    de sus praderas, destila

    los órganos, sumerge los

    dadivosos muertos con sus manos

    dulcemente amarillas. La tenue

    hojarasca, que posa su vientre,

    cerca de las nubes, cerca del subsuelo,

    llevará su nombre entre flores,

    como si quisieran derribar sus apellidos.

    Conseguirán lagos de azul tiniebla,

    nebulosas de órganos sostenidos,

    cuando la avaricia acabe y el mundo sea

    un feo diapasón olvidado en tu chaqueta.

    Cantas como si tuvieras el ojo lleno de legañas,

    es tiempo de ordeñar la vaca, sacrificar los órganos

    restantes que acarician las navajas de doble filo

    y los niños que amansan sus piedras tenues

    mientras al lado del agua se besan las arañas.

    No tienes tiempo, desanda lo caminado,

    busca el interior de las rosas, aplastadas

    lejos del olivo, murmura cada vez, más

    acabado.

    Conquistarán las nubes azules llenas de hidrógeno,

    los elementales campos de magnesio, las verdades

    sin corazón del llano compungido, y fabricarán

    entorno verdades de corazón, el llano siempre

    tiene sus esqueletos.
  14. Todo eso me estimula:

    una cajita de yerbas paganas,

    la metódica ascensión de un modelo iniciático,

    la conservación intacta de labios contra labios,

    el fuselaje inédito de una torre suicida.

    Las persianas contrarias que seducen al caminante,

    los versos incompletos extraídos de algunas ruinas,

    la velocidad insensible de las palabras eléctricas.

    Y esa grandiosa secuencia de elementales sacrificios.

    Todo esto, llama mi atención:

    el crepúsculo flagelado entre llamas,

    ahogando gritos de auténticas vestales,

    las necesarias muestras de afligidas plegarias.

    Todo esto y eso, más:

    las yemas digitales conversando naturalmente,

    sin plasticidad en los dedos; las cansadas manualidades

    de un grupo escolar, los latidos desperdiciados

    que acarician las sábanas húmedas.
  15. A rastras con el divorcio

    y con las causas perdidas

    de los hijos de mi matrimonio,

    infeliz me declaro, carente

    de todo patrimonio. No resulta

    sencillo a la par que ameno o agradable,

    confiscar los bienes del estraperlo

    a los generosos y espléndidos

    bandidos de mi pueblo. Para más inri,

    protesta que protesto, llego a Navidad

    más tieso que un pez de cable de acero.

    Levitando sobre mulas de terciopelo,

    a marchas forzadas con el rasca de la Once,

    y practicando el noble arte de hacerme el sueco,

    me marcho de vacaciones, colgando el usual letrero:



    ''Cerrado por Navidad''-.



    ©

    ¡Felices fiestas a todos y a todas!