1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

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Donde doy cabida a otros poemas de carácter menos exigente. Un enorme abrazo a todos los que están por ser!!
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  1. Borrada ya tu adolescencia,

    como un mito excesivamente

    recargado y santificado,

    te limitas a escuchar, en voz baja,

    una música cualquiera que te anime.

    De tu exilio voluntario te resta

    una memoria vulgar de acontecimientos

    tal vez venerables aunque estúpidos.

    Ni una sola frecuencia de voz

    ni tampoco una sola experiencia de amor,

    tu recuerdo halla o conserva. Mientes, o

    tu conciencia lo hace: algún deshilachado

    episodio, que a nada consistente responde.

    ¡Tantos ídolos que se han ido cayendo,

    como portadores de una enfermedad pestilente,

    y tantas molestias infatigables que te tomaste

    para reconstruirlos y salvarlos! Basta

    de consolaciones, quimeras, o resplandores

    exiguos: quedas tú, en pie, sobre la tierra-.

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  2. Escucho el rumor de las hojas.

    Predispuestas a su implacable desgaste.

    La noche acoge un millar de ruidos.

    Son sus grillos los que buscan entre las piedras,

    cabezas deshilachadas de alfileres neutros.

    Buscan en la negrura su vaivén de fiesta.

    Ponen máscara a la tiniebla final del tiempo.

    Son monstruos luciferinos los que acumulan

    las basuras llenas de juguetes y otros trastos inútiles.

    Se vacían por las alamedas los participios rotos

    y las escuelas llenan su circunferencia en la pizarra,

    con trozos de leña.

    Con vidrios partidos y ecuménicos sombreros.

    El rumor de las hojas me promete otros pasos.

    Aventura en mitad de la tierra, división de astros.

    Y me escupen a la cara viejas pasiones de ídolos muertos.

    Y me enseñan la marca antigua de su razón inevitable.

    Es el tiempo con su flauta de pan y su hogaza imperceptibles.

    Es el tiempo con su náusea diminuta contrayendo su vómito.

    Es el tiempo, con su flamígera adicción de máscara contraída.

    Y es el pecho que simula su vocación dormida.

    Como un agua que recorre los manantiales y los hace prósperos.

    Llegan de la noche ruidos y rumores partidos,

    omóplatos haciendo su esfuerzo, clavos ardiendo

    en mitad de la pasión, y ese fenómeno de estatuas

    brindando por su falta de educación.

    Es la duplicidad de un miembro.

    Es la comunicación de un vaso sanguíneo.

    Y es la culminación de un saco vacío

    contra las almendras de recipiente.



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  3. Liviana pasa la tarde.

    Quién sabe dónde se hallarán

    cuerpos y barros, luces y trozos

    de comida. Yo, sin embargo, como

    y degluto mi propia agonía, flores

    amarillas que visten mi luto.

    Sí, de dónde coger el tallo insepulto,

    la cintura elástica, el cuerpo sometido

    a vaivenes sin premura. Es hora

    de la adolescencia, para otros.

    Es hora del honor y de la rugidora

    tristeza para casi todos.

    Ya no hay cielo que asista

    ni tierra que albergue tanta destrucción.

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  4. Cada vida que sale,

    con los ojos hervidos,

    canta al dolor con los

    pies ungidos de rabia.

    En los pucheros, y en las catedrales,

    podrá estar Dios, mas en los saleros

    y en los viejos delantales de los pobres,

    nunca para el trigo de hacerse pan.

    Los tristes cancerberos de hojas sueltas,

    y páginas célebres, deberían saber cómo

    igualar la locura de algunos de sus aprendices.

    Qué fuera tomar las riendas

    de un mundo plagado de horrores.

    Sus medicamentos, sus aplazamientos,

    sus químicos contra la tos, parecerían

    sombrías negaciones del cuerpo y su poesía.

    Y en los labios, antiguas murmuraciones,

    de cal y de sol, planearían, como águilas

    asesinas, contra el mismo dios-.



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    A Guadalupe Cisneros-Villa, Sinedie y Grace les gusta esto.
  5. Como un pez triste,

    que mordiera su cola,

    arrastro mi poca cordura,

    por las calles y los mercados.

    Doy rienda suelta a todas

    mis lágrimas, a todos mis llantos:
    por mi pueblo, cuando todavía era

    niño; por la vida, ahora que sólo son

    recuerdos, entre otros.

    Las acequias se llevaron, lavando,

    el barro de mis botas.

    La clarividencia de entonces,

    se esfumó en pequeñas desilusiones,

    intuiciones baratas.

    Mis labios no dieron más besos.

    Sé que me queda lo peor.

    Combate de cifras y sueños inalcanzables.

    Aún así combatiré

    esta voz fría y este otoño del corazón-.



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  6. A través de muchos sueños moribundos, de muchas cordilleras heladas, de muchos ruidos murmurados, de muchas cosas sin huella. A través de muchas ruinas portentosas, de monasterios sin nombre, de deseos frustrados. Inventando falacias, sacando monstruos, incendiando los rastrojos que impidieron las nevadas de octubre. Y de rosas, pájaros, y cansancios extenuantes. A través de sonidos cotidianos, de muchedumbres impávidas, de aves milagrosas, de paraguas contagiosos.

    Y en esa alegría que visten los pedestales de piedra roca. A través de animales fatigados, de laberintos sin premisa, de oscurantismos sin preceptos. De gárgolas monstruosas que imprimen su racimo de uvas en la vid del buen Señor. De cuerpos sencillos comprimidos en un vaso, de árboles condensados como tierra en un puño breve, latido incómodo. Y entre esos sueños derrotados, la amalgama de corolas de fatiga que interpelan a los acomodados. Las flores, invisibles inciensos, coronas interminables que protestan ante un templo fracturado. ©
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  7. No estaba hecha la vida

    para nosotros. Sin semejanza

    en el espejo, dime, amor,

    a dónde iremos?

    A qué Dios nos dirigiremos?

    Soy un ciervo herido que topa

    sin ton ni son-.



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  8. Las palabras, enigmáticas,

    tenues, vacías o sintomáticas.

    Las palabras. Cordeles sumisos

    que vomitan, alfombras diarias

    en que todos escupimos, conciencia

    de pocos, ataúd de tantos.

    Las palabras. Sinónimo de llanto,

    risa o esparcida brisa matinal.

    Vertedero ocasional, donde sacrificamos

    nuestros rencores.

    Palabras, palabras, enjutas, sistemáticas,

    o donadas a la ciencia. Palabras.

    Aire con que vestimos la noche

    que nos atormenta-.



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  9. De lo obscuro alimentándome,

    soy monarca en mi ruina contundente,

    y cierro los círculos, emperador sitiado

    en las empalizadas de mis torreones.

    Recibo visitas, oh sí, yo las estimo,

    pero es para nada. Salen imprevistas,

    las lunas gigantes en su tierna emancipación

    de colosos nocturnos.

    Fluyo como el viento y soy aire cálido,

    circulando, vagabundo, entre terraplenes

    de avenidas silenciosas y contemplativas.

    De lo ajeno nutriéndome, con convulsiones

    y eléctricos manoseos, percibiendo el hueco

    y la ausencia distinguida.

    Soy araña sumamente disciplinada,

    contemplo los adversos materiales,

    las permanencias insistentes, los fallos

    ocultos en la madera.

    Soy jerarca absoluto de mis dominios

    falsos y, en las elucubraciones, las hipótesis,

    finjo mi desdén con colmillos eternos.



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  10. Siento en la sien

    aquello que figura

    anaquel tras anaquel,

    tirado en una losa.

    Permitida está

    la rosa enloquecida,

    y el bromuro castrador

    que ejerce su presión

    de nube de azufre.



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  11. Mi dolor se vacía

    es una barca cargada de peces

    altivos generosos esplendentes

    de las espaldas me cuelgan siluetas

    espumas blancas salazones rociados

    sales marítimas corazones divididos

    entre anclas y espuelas, entre albornoces

    y secuelas.

    No recibo exceso de noticias

    tierra firme quedó lejos, inventariado de fórmulas,

    caprichos del destino, exijo mi mandato

    más allá de mis células carnosas.

    Mi dolor vaciado es una mezcla

    pálida de orgías siniestras y frutas minúsculas.

    Y asequibles números de lógicas inasibles.





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  12. Yo voy lanzando, desamarrando

    de puerto, mis gaviotas, unas son

    de papel, y otras de viento.

    Me escuecen en las venas, sus altivas

    honestidades, pues generan, desde los vértices

    de sus peceras, dueñas de mis amuletos mágicos.

    Mojadas, empapadas, de agua y de lucha,

    de vida y de brega, practican antiguos ritos,

    danzando sobre la tarima de madera de los barcos.

    En las bodegas se almacenan, polvorientos,

    los odres con vino de mi sacristía nueva:

    voy de viaje, señores, no concibo mejor alegría-.



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  13. Hay un movimiento imperceptible,

    entre hojarascas y nubess, entre líquenes

    y silencios, entre líneas despojadas

    de dientes y encías. Una voz alzada

    entorno a los pozos subterráneos.

    Un puño que yergue su solitario destino

    entre metálicas alambradas y sucintas

    emanaciones de gas azul. Pueden

    quebrar los hilos del silencio: esa multitud

    de frágiles pozos subterráneos, donde

    circula sola, la voz. Hay un entintado

    de sangre, una frecuencia de sonidos

    desgastados, una inmensidad de impías

    ocasiones derrochadas, entre esta multitud

    de convalecencias: alas destronadas, instauraciones

    de ídolos y señales, y un apetito de olas

    que forman los arenales perdidos.



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  14. Aquí no hay más que

    maldicientes, pajarracos,

    truhanes de tres al cuarto,

    y modelos de bajo raso.

    No hay sino una multitud

    de presos de las anfetaminas,

    de drogadictos sine qua non,

    de cancioneros abandonados,

    de guapos sin chulapa y de chulapas

    sin su guapo.

    Lechugas y tomates, serpentinas

    del acoso, que se tiran los unos

    a los otros, en vil cometido sin

    aprendizaje.

    No quedan más que los despojos,

    de un ancho buitre, a la orilla

    del riachuelo

    que va a ninguna parte-.



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  15. Me brota la sangre

    como a un animal herido,

    soy bueno, pido perdón.

    Pido perdón por tener

    dos gramos de cerebro.

    Por poseer bondad y piedad,

    y no un corazón lleno de yeso.

    Pido perdón por clamar justicia

    y compasión, las dos.

    Pido perdón por ser inocente

    y querer seguir siéndolo.

    Días de cólera, se avecinan.

    Días falsos de vino y rosas.

    ©