1. Invitado, ven y descarga gratuitamente el cuarto número de nuestra revista literaria digital "Eco y Latido"

    !!!Te va a encantar, no te la pierdas!!!

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Donde doy cabida a otros poemas de carácter menos exigente. Un enorme abrazo a todos los que están por ser!!
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  1. Mientras los viejos aman

    su enésima copa de cristal

    y los labios se sumergen en

    lagos empapados de asfalto,

    y las credenciales del ciego

    presentan su número de paloma extraviada,

    y la piel depauperada exige tributos

    sin afecto, con rencor, y se besan

    con rozaduras las encías incisivas;

    es allí donde mi cuerpo busca

    la razón de un sufrimiento que evoca

    bebidas artificiales y espumas agotadoras.

    Es quizás el álamo calcinado que resiste

    o el clamor mutilado de una fábrica de coches,

    serpientes invasoras de labios carcomidos,

    o esas fuentes inauditas que sacrifican y permiten.

    Oh, me conmueven las flores de los océanos

    iguales y distintas, flores de todos los barros

    que atravesaron barcazas e ídolos supremos.

    La cara del albañil que inaugura una mañana

    y el afán de moscas que cagan la misma rutina.

    Me gustan los bosques y la piedra talada

    el olor a muerte de la pintura de mi cuarto

    y el óxido que imprime en mi nariz fragancias de naranjo.

    Y así pasa mi tiempo, rodeado de azoteas y axilas,

    viejas, vestigios de un tiempo remoto, buscando

    la brisa que azota los mares y recubre el alquitrán

    de las piernas rotas.



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  2. Virulentos oleajes impregnados

    suciedades mustias que invaden

    pulmones agrietados por cansancios

    multiplicaciones revestidas de asfalto

    vientos que emergen de superficies subterráneas

    hasta limar el cabello de las vírgenes destruidas

    vestales inocentes de tanta belleza inconsecuente

    rocíos secundarios que plasman dormitorios rebeldes

    donde duermen amantes sin labios que frío tras frío

    acuden al hospital de turno a ocupar su silenciosa manta

    de urgencias. Un racimo de suculentas granadas escarlatas

    donde el reino de los vencidos obtuvo su militar gracia

    su absolución terrible de besos duros como la escarcha y el hábito.

    Nosotros, los mismos dirigidos al altar, murmuramos la canción

    del cansancio, el agotado tránsito de obligaciones perturbadas,

    hasta que el silencio domina y ausculta todos los pechos estériles.

    La risa duerme y el frío envanece la mejilla dorada

    el pecho se ausenta de tomar pastillas decadentes

    la perla de los días aumenta su diablura y los termómetros

    ocupan su periódica invencibilidad.

    Ah hasta aquí llegaron tus hipócritas manías

    tus hipopótamos dormidos, los lagartos tendidos

    que escapaban a las lagunas fangosas de los cables eléctricos

    de tu cabeza con filtros.





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  3. Yo y la noche

    bodegones inciertos

    rumbos inquietos titubeantes

    yo la noche

    certidumbres magnéticas

    crece el cabello con colas irrisorias

    en las plateas de los caballos locos

    las mareas funden sus terciopelos nocturnos

    y grávidos. Oh materiales de tristeza,

    hombrías disecadas, masculinidades deterioradas

    y un sinfín de rosas opulentas que mastican

    el pene desorientado entre los matorrales.

    Yo y la noche jugadores inciertos

    vidas aproximadas que el aire acaricia

    se sirven de prolijas aventuras carnales

    incipientes ojos de pez sobre un plato

    de sostenida porcelana, aquella penumbra

    en la que solías violarme.

    Laúdes sonaban

    como el río Etna fumigado por los costados

    y sonaban tan hermosos

    como caballos elementales mantenidos por fuerza.

    No soportabas al hombre

    quizás tampoco a la mujer,

    de qué te sirve entonces vivir?



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  4. Sobre la misma noche

    acantilada y sometida,

    sobre la misma piel de serpiente,

    con relámpagos cruzados admitidos

    desde lejos, y con vestidos de amatista

    frugal, río, sombra o anillo,

    me visten, a mí, quizás el más huérfano,

    los dientes fugitivos de las rosas

    con que empaño mi cristal.

    Con círculos concéntricos, animados

    desde alturas tales como depósitos

    de agua, sales minerales, granuladas

    metamorfosis del alba, a mí, el recién

    llegado que se instala en cada habitación

    y conserva el anillo redentor en su mano

    nocturna.

    Yo llevo dejándome la sangre a litros,

    desde tiempos inmemoriales, guardando

    mis convicciones u ofensas, a través

    de los aullidos del sueño, no me molestan

    tráficos ni ausencias desmedidas.

    Y guardo en mi navaja, sombras de otros

    días, como cáscaras de plátano

    que alguien, en el camino se dejó, adormecido.

    ©
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  5. Como en un templo abandonado, o en una iglesia

    destartalada, la apariencia de la estación,

    hace que te invada una sensación

    de inquietud e imprecisa resignación. He ahí,

    la estación de trenes. Donde tanto tiempo pasaste

    cómodamente refugiado de calumnias y deberes,

    protegido de los infames talleres agrícolas,

    que te impedían desarrollarte plenamente; cuyo escaso

    eco en tu familia, en ti y en todos los tuyos, hizo

    que os empobrecierais simultáneamente.

    Al recordarla, casi

    puedes leer en ti el cartel de '' se vende''.



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  6. Y hay luciérnagas impávidas y secretos hostiles

    y luminosidades inquietas y razones materiales

    nebulosas deterioradas y vergüenzas similares

    donde reposan los huesos en forma de cadencia.

    Y hay resoluciones y trámites y leyes percibidas

    como sombras entre los dedos que aman y asienten

    hay regulaciones míticas que a nadie sorprenden.

    Existen pozos negros que buscan la boca de alguien

    cuyo destino es levantarse temprano, y huellas

    y un barco que abraza las tempestades recientes.

    Sobre las estrellas signos derrotados por las múltiples

    avenidas, y ojos e iris de pulpos contrariados

    donde se fraguan los misterios del éxtasis.

    Hay documentos y papeles y desvanes ocupados

    por vigas de cemento y rosas almacenadas

    en sacos que hieden a cartas irrecuperables.

    Mundos y galaxias y relámpagos unánimes

    y sangre vespertina que amenaza con su cuello

    frágil de paloma.

    Entonces yo entro y hay habitaciones y huecos

    y hierbas húmedas y jaulas metálicas que sueñan

    sus libertades sublimes de pata de conejo.

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  7. Te asomaste cual luna borracha

    a la ventana de mis furias y de mis amores,

    derribando para siempre, lo que, entre

    mis manos, hasta aquel instante tenía.

    Dijiste que ibas de paso, y que no me

    preocupara, de eso han pasado tres años,

    y yo sigo acogotado, triste y melancólico.

    De las bromas pasamos a los hechos,

    sin obtener más que un poco de sexo

    insatisfecho, y un tanto por ciento de

    obscenidad barata.

    Mis manos siguen ocupadas, a trechos,

    de lo que, entre manos, tenía, unos pocos

    recuerdos de desecho, y una soledad

    consolidada.



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  8. Soñar sufrir despertar

    en el intervalo una nebulosa pensante

    en la distancia cien quiebros de ángeles

    en las llanuras destruidos quicios elementales

    en las avenidas sin cielo címbalos de errática belleza

    soñar sufrir despertar

    gárgolas insufribles términos de odio

    estranguladas arterias y signos de rabia,

    actualidad desmedida y conversación oportunista.

    Arribo siempre a estrellas adormecidas

    a la galaxia lejana que quiso devolverme a mi vida.

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  9. Tras esa apariencia nefasta

    cúspide indeterminada de falsos

    retrocesos, verías, intercalando

    tus célebres dedos, en mi cráneo,

    áspero y violento, una centésima

    parte del cielo que ocupan mis vestigios

    deshonrados. Furia titánica, galope

    rendido, extrañeza en los labios sin voz,

    eco retorcido, desecho. Una enumeración

    de solsticios invernales, una ecuación

    de prodigios. Un intervalo de tierras austeras

    y definidas por su polvo material y concreto.

    Lástima que tras mi cerebro sólo veas

    lo que tu propia alma refleja, lector: compañero-.



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  10. Mientras vivo,

    toco duras transiciones,

    muertes espontáneas,

    superficies ajadas que instauran

    su voraz taxidermia de las tardes.

    Mientras vivo, palpo

    el nudo axiomático, la náusea

    irredenta, el vértigo desolado,

    o la cáustica veneración del soldado.

    Voy haciendo tiempo, con mi tiempo.

    Voy haciendo de mi tiempo, tiempo.

    E imagino, proyecto, largas barbas

    sobre el óxido de lo muerto, columpios

    olvidados con raíces en la infancia.

    Del hueco que soy, golpeo la savia.

    De la sombra que recibí, como herencia

    particular, procuro asomarme cada día

    con delirio y frugalidad.



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  11. Mientras vivo,

    toco duras transiciones,

    muertes espontáneas,

    superficies ajadas que instauran

    su voraz taxidermia de las tardes.

    Mientras vivo, palpo

    el nudo axiomático, la náusea

    irredenta, el vértigo desolado,

    o la cáustica veneración del soldado.

    Voy haciendo tiempo, con mi tiempo.

    Voy haciendo de mi tiempo, tiempo.

    E imagino, proyecto, largas barbas

    sobre el óxido de lo muerto, columpios

    olvidados con raíces en la infancia.

    Del hueco que soy, golpeo la savia.

    De la sombra que recibí, como herencia

    particular, procuro asomarme cada día

    con delirio y frugalidad.



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  12. No estoy dispuesto

    a engrandecer mi patria,

    con grandes presupuestos,

    ni alabando sus presuntas

    famas, ya saben, lenguaje

    universal, artistas flamencos,

    y derivados. Me conformo

    desde ahora y desde siempre,

    con sufrirla poco y no tener

    un excesivo rencor para con ella.

    ''Mi patria'' Sí, me resbala.



    ©
  13. Mientras-.





    Mientras yo me pregunto

    si la vida ha cambiado tanto

    y en tan poco tiempo como para

    ni siquiera reconocerme, me interrogo

    también sobre cómo he de hacer

    desaparecer esta tristeza errática

    que me persigue y me atrapa a partes iguales,

    me conmueve ver algunas manos hechas trizas

    dentro de algún cascarón de huevo o sobre los serones

    inconclusos llenos de esparto rudo, que en mi infancia,

    apenas percibía como tales.

    Mientras la vida pasa, y yo me cuestiono

    el mundo, me digo si no habrá fuerza

    suficiente en él, como para cambiar

    un poco, y poco a poco, el mundo.

    Pero no por fuera, no tan sólo por dentro;

    las cuevas de Altamira,

    me devuelven

    inexorablemente, a la desalentadora realidad.

    He de sacar de los cuadros, de los libros,

    de la matriz utópica de los músicos trashumantes,

    la lírica necesaria e indispensable para transitar

    por los malos humos de estos tiempos.

    Como si anduviese por el filo de un machete,

    busco en el metro y en los hurtadores de partituras,

    unos ojos no callados y rebeldes.

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  14. Yo voy haciendo noche

    día estrellas fugas astros

    haciendo riqueza fruto

    tardío enjambre de donde

    se perlan tacitas clásicas

    de cristal y terciopelo.

    Yo voy descifrando noches

    días lunas venganzas oyendo.

    Sacos de almendra raídos

    como un viento tan seco

    que arañase la superficie.

    Yo mezclo la voz y el eco

    futuros ensimismados errantes

    poses fanáticas cruces u olvidos

    deformes.

    Y en mi pecho nace una estrella

    o un ala llena de rocío, escarcha

    fúnebre de lo que aconteció un día.



    ©