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Rubula;4105523 dijo:“Cabrón –pensaba para sí.”
Catherine miraba a través de la ventana de su dormitorio pero aunque lloviese como lo estaba haciendo, su atención no recaía en ello ya que su mente vagaba por otros rumbos, en el hijo que llevaba dentro. Con un mes de gestación se hallaba inmersa en un mar de dudas.
Había conocido a Matías dos años atrás en el cumpleaños de su mejor amiga, Ivonne, una noche de julio. Por ese entonces le faltaba una materia para recibirse de Ingeniería. Luego de algunos encuentros no carentes de sexo decidieron irse a vivir juntos al departamento, el de él. Por ese entonces Catherine había estado viviendo en el Campus Universitario.
Si bien la atracción en principio fuera mutua, no todo se dio como ella esperaba.
Si, era cierto, la relación de sexo era muy buena y no faltaba oportunidad para practicarlo, pero luego vino el embarazo.
Un embarazo que Matías no quería.
Por ese entonces, él acababa de egresar del Campus; se había recibido de físico y entre sus aspiraciones era especializarse en cuántica. En su mundo no había lugar para criar un hijo.
Así pensaba.
Pero no habiéndose casado, solo conviviendo, fue que ella quedó encinta.
No se lo esperaba.
Quedó.
Fue cuando empezaron los problemas.
Estando en la cocina, ella acostumbraba a prepararle un suculento desayuno: huevos revueltos, un vaso de zumo de naranja, yogurt con cornflakes y un sanwiche hecho con pastrami y queso. Desayunaban así, incluso con alguna fruta en el medio, luego cada uno se iba por su lado.
Catherine se marchaba para el Campus a temprana hora en la mañana. El por su parte, había adquirido un trabajo de medio tiempo en el Centro Universitario; estando allí y viendo como se desempeñaba, un buen día, ayudado por un profesor logró matricularse en una maestría sobre Física Cuántica.
Ocasión que no desaprovechó.
El quería el Master en esa materia.
–¿No querrías unos niños corriendo por aquí? –una mañana desayunando le dijo.
Ella no solo no tenía ni idea sobre lo que pensaba él sobre la posibilidad de ser padre, menos que menos hablar de como abordar ese tema. Cuando realizó esa pregunta Matías estaba leyendo el matutino, con un croissant en la boca. Casi atragantándose, dejó a un lado lo que comía.
Había quedado mudo.
–No –fue su repuesta.
La sola idea de que Catherine quedase encinta no solo le sentaba mal sino que ni interés tenía siquiera de ser padre. Por lo que siguió leyendo como desechando una mosca molesta.
–¿No? –Se levantó, se giró hacia donde estaba la mesada, se sirvió un vaso de leche cuyo recipiente reposaba sobre la mesada y casi inmediatamente acotó ya más firmemente–: ¿no?
Se sentó y lo miró.
–Estoy con el período –dijo, colocando su mano derecha sobre la de él. Adrede, pues se la apretó, provocativamente, insinuante.
Hacía ya un tiempo que rondaba por su cabeza la idea de ser madre, de procrear. Matías levantó sus ojos y éstos se dieron de frente con los de ella. Fue el momento que toda esperanza acumulada se viniera abajo.
–No es momento Cat –dijo–. No ahora.
Catherine abrió los ojos como platos.
Depositando el matutino sobre la mesa, él agregó:
–Tú no te has recibido; yo apenas tengo un magro ingreso y tú dependes de una beca para terminar tus estudios.
“Carajo con el tío” pensó más para sí misma pues esa repuesta indiscutiblemente la había agarrado
Un un momento de debilidad.
“Pero que pedazo de imbecil”
Aún así, aunque se molestare y pensare que Matías era un cabronazo de primera, un individuo que pensaba en sus propios intereses, no dejó de insistir aunque el tiempo llegó a hacer lo suyo.
Y así pasó.
Este hizo lo suyo.
El tiempo.
Catherine se sentía cada vez más veterana, le faltaba una materia para recibirse, y Matías acababa de adquirir el Master que tanto había ansiado. Fue cuando ella quedó encinta; no de él precisamente; había buscado consejo en el que menos debía: un amor de antaño, uno que a ella lo dejó.
Ahora sin esperarlo, no sabía como decirle a su pareja, pues no quería saber nada sobre el tema que tanto le afectaba.
Eso.
Hasta que se lo dijo.
Ese hecho, la relación con otro estando ya con uno, aunado al acostumbramiento en la pareja, el hastío fue adquiriendo forma. Al principio no se notó, luego fue adquiriendo más incidencia en la pareja. Cada vez fue alejando y enfriando la relación.
Ello se había ido manifestando a través de lo escaso en hacer el amor, pretextos que se imponían cuando alguno de los dos quería algo del otro. Catherine estaba sumergida en un mar de emociones y sensaciones cada vez más proclives a un mal talante, en tanto Matías, más sumergido en su trabajo como físico. Un escapismo.
Ser madre en Catherine, era una idea que se había ido gestando con el transcurrir del tiempo; el evitar ser padre, por temores inculcados o sentimientos no encontrados, hacían de Matías un huraño. Uraño, cuya faceta no se había expresado en su total magnitud.
No hasta ahora.
No hasta que se enteró.
Lo de la infidelidad.
“A joderse tío –pensaba Matías– ¿y es a mi quién critica?”
Matías comenzó a frecuentar ambientes más sórdidos, tan así, que hasta relaciones extramatrimoniales llegaban a consumarse en su propia cama matrimonial, la que hasta ese entonces compartían con Catherine.
“Yo solamente quería un hijo –pensaba ella en contrapartida– y con él, no con Sebastián”
Por otro lado, estaba más inmersa en su trabajo, que si bien era demandante, no lo era tanto como pareciere ser. Ella se demandaba a sí misma.
No quería ver a Matías.
Con Sebastián se conocía de niña. El había vivido a dos cuadras de la casa donde naciera. Cursaron la escuela pública para luego ya siendo adolescentes, su amigo de infancia se ausentase del país. No lo volvió a ver hasta el día que se encontraron en un cafetín.
Nunca se lo había dicho, pero por ese entonces Catherine veía en Sebastián un amigo, no una pareja.
Hasta ese día.
En el cafetín.
De ahí a la cama fue sólo un momento.
Un instante de debilidad.
Por aquello de lo que hubiera podido ser y no fue.
Por querer ser madre y no poder serlo.
Por hastío.
En Matías veía otra cosa: un cabronete. Uno a quien culpar de no querer ser padre y vivir para él y únicamente para él, eso, hasta el día en que:
–Eres un hijo de puta –le espétare en su propia cara– ¡Cabronazo!
–¡Malparida!
Eran palabras que otras circunstancias o se habrían suscitado nunca.
Ahora sí.
Su matrimonio estaba en crisis.
Catherine dio a luz un varón al cual recibió el nombre de Esteban. Inconscientemente le había puesto el nombre del padre de Matías.
El no fue a verla.
Ivonne si.
Ivonne era amiga de niña. Se conocían desde los primeros años de la escuela. A partir de ahí fueron inseparables, hasta pasaron por los mismos cursos y compartían los mismos amigos, entre ellos Sebastián.
“Cabrón”, pensaba para sí.
Con su hijo en manos, sola, un único pensamiento rondaba por su mente.
Catherine miraba a través de la ventana de su dormitorio pero aunque lloviese como lo esta haciendo, divagaba en otro rumbo, hacia su hijo, no en quien alguna vez fuere su compañero, el que se enamoró locamente aquella noche de julio en casa de su amiga Ivonne.
Rubula;4063106 dijo:La pieza no poseía nada distintivo, como una ventana, un cuadro adosado a la pared. Nada, a excepción de una puerta.
Vació total: su característica.
Anonadina.
–¡Hey! ¿Qué es éste lugar? –preguntó el visitante–. ¿Tuyo?
Marcos, era un adolescente que no llegaba a cumplir los 17 años, flaco, un tanto desgarbado. Observaba la pieza, en tanto caminaba a través de ella.
“Es nuevo el sitio”, pensaba para si.
–Si –recibió como repuesta–. La acabo de abrir –se giró hacia su visitante y luego dijo–: todavía no se que uso darle.
Andrés, no tendría más de 18 años, también delgado, pelirrojo.
Su dueño.
“Bueno, aquí estoy”, había estado pensando.
Tanto él como Marcos se ubicaron en el centro y comenzaron a mirarla. La sala no decía nada: No tenía nada distintivo, hasta su puerta tenía el color de la pared.
–¿Eres nuevo en esto? –mencionó– digo, porque nunca te había visto por este lugar.
“Que raro se siente ver la sala así –era un pensamiento recurrente desde que había arribado–, ¡vacía!
–Si –respondió sin mirarlo, dándole la espalda en tanto miraba su diseño–, ¿Qué piensas? –fue cuando se detuvo en sus ojos. Se giró.
–Le tienes que poner muebles, pintar un poco –dijo su vistante, Marcos–, no se.. dependerá el uso que quieras darle.
Andrés se dio vuelta sobre si, mirando las paredes, el piso, el techo..
–Talvez una ventana allí –Marcos le señaló una pared–, un artefacto lumínico en el techo..
–Un desván allá –escucharon decir.
Ambos se dieron vuelta, y observaron; una adolescente que acababa de arribar pero había tenido tiempo para escuchar las últimas palabras entre ambos.
–Por cierto, me llamo Ana.
–Yo Marcos.
–Y yo Andrés, bienvenida.
–¿estas mucho en el sitio? –mencionó Andrés; Marcos se había distanciado y comenzado a tocar el relieve de la pared.
Y se giró luego de saludarla.
–Si. Se puede decir que yo vivo aquí –respondió Ana y comenzaba a dar sus primeros pasos por la sala vacía–, necesitas muebles –acotó.
–Es lo que yo le decía recién –mencionó Marcos, tendiéndole la mano–, necesita ser rellenado –y se giró hacia su dueño y preguntó: ¿Andrés, que utilidad piensas darle a tu sala?
“Tengo una sala de Chat”, –se decía hacia sí mismo–. Acabo de abrirla”
Fue cuando se giró.
–No se, acabo de abrirla y ustedes son mis primeros visitantes –adujo–. Quizás.. ¿una sala privada? –y los miró–: ¿qué piensan?
Ana lo desvió y camino hasta el centro, se giro y observó. Marcos y Andrés se quedaron juntos. La miraban hacer.
–No se –dijo–, ¿privada? ¿Y que función cumpliría una sala privada? –fue cuando sus ojos se posaron en ellos..
“Humm..” –dijo para si Andrés–, buena pregunta”
Marcos observaba la escena.
–En principio –dijo para que los escucharan–, una sala donde podamos conocernos, opinar e intercambiar ideas –a lo que agregó ya mirando a ambos de cerca: conocernos, luego se verá. –y concluyó: Luego si se da el caso de modificar algo, lo pondríamos a consideración. ¿Estáis de acuerdo?
–Vale –dijo Ana.
–Bien –Respondió Marcos–, ¿pero si has de hacerla privada te convendría ponerle seguridad?
–¿Seguridad?
–Si –acotó Ana– los internautas acostumbramos a ir de aquí y de allá y si no tuviera seguridad.. –fue cuando ella lo miró: lo que dijéramos en la Sala, no sería tan privado, ¿no crees? –Los cuerpos de ella y Andrés, su dueño, casi se entrechocaron.
–Por cierto, si la Sala ha de seguir abierta –acotó Marcos– habrá que ponerle un nombre.
Andrés lo quedó mirando: “tiene razón”, pensó.
–¿Qué les parece “Los chicos del interior” –Mencionó locuazmente Ana– yo soy habitué de “Las Chicas de Alejandría” –y se detuvo un momento y en ello quedó.
“¡Que bien! –Se decía para si Andrés, su dueño–, hace apenas unos minutos no sabía que haría aquí y ahora no sólo soy dueño de una Sala sino que tiene una aplicación gracias a éstos visitantes”
–¡Humm! –se dio vuelta por la sala y se detuvo ante ellos–: ¿alguien de ustedes sabe de seguridad?
–Yo –Dijo Marcos. Soy estudiante de Ingeniería.
–Yo algo, pero fugazmente.
–Bien –y los miró–Marcos me has de ayudar con eso de la Seguridad –y la miró a Ana–: esta bien “Los Chicos Sanduceros” ¿ok Ana?
Ella lo miró haciendo un gesto de aceptación.
–¿Y la clave? –dijo ella–: ¿Cuál sería?
“¿Clave? –Se preguntó Andrés– ¡Cuánto me falta aprender!"
Meditando un instante los observó y luego respondió:
–Paysandú ¿Qué os parece?
–Vale –acotaron ambos.
–La próxima vez que nos encontremos estará el sistema de seguridad instalado, acuérdense de la clave. – y antes de irse acotó: ¡No entrarán!
–Si –recibió como repuesta, quedando solo en medio de la Sala.
“Se puede poner interesante” pensaba para si..
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La realidad.
Andrés era hijo de una familia pudiente de la capital. Hijo único, cuyo padre era un alcohólico y su madre no se preocupaba de su instrucción. Andrés era un rebelde. Había tenido algunas entradas en el Juzgado del menor por rapiña e intento de violación.
Rubula;4036572 dijo:Comenzaba a amanecer en el Golfo, aún así la noche persistía. Sobre el horizonte se perfilaba la figura del portaviones. Desde la barandilla de babor de la fragata que lo acompañaba, se le veía como una figura que lentamente iba cobrando vida.
El Sargento Hernández, no dejaba de observarlo cada vez que podía. Era su lugar favorito dentro de la fragata. Cada vez que terminaba su ronda, gustaba de ir allí, fumar un marlboro y estar solo con sus pensamientos. Estando en ello, vislumbró el despegue de dos aviones de caza.
“Ahí van dos F22 Raptor –pensaba-. Fueron diseñados por Lockheed Martin para la USAF durante la guerra fría, para hacer frente y "competir" contra un supuesto caza ruso de última generación que jamás fuera construido.”
Nunca dejaba de maravillarse del poder de ellos.
“Pueden llevar a cabo todo tipo de misiones –se decía a si mismo-. Desde ataque aire/aire, aire/tierra, guerra electrónica, derribar misiles de crucero enemigos, volar largas distancias a velocidades supersónica.”
No dejando de fumar los veía levantar vuelo. En su mente. Pues lo que veía era la estela que surcaba hacia los cielos sobre la costa de Los Emiratos Arabes Unidos.
”Esto es lo último en tecnología –pensaba mientras los observaba-. Evitan todos los sistemas de radar gracias a su tecnología Stealth”
No sólo era acompañado por una fragata, sino por un Barreminas, claro éste último iba delante, muy delante del Portaviones.
“Gringos”, pensó el comandante del submarino irani.
Adnan había nacido en Shiraz. Hijo de un general iraní y –de haber seguido existiendo– una princesa persa. Su nombre: Jameela.
Adnan hizo su carrera militar en la Academia Militar de Teherán, de donde se graduó como oficial. Había sido Agregado Militar de la Embajada Iraquí con sede en Washington he invitado en varias ocasiones, a cenas protocolares en la Casa Blanca. Por ese entonces corría el período de Bush hijo.
Hacía tan solo cinco días que habían cerrado el Golfo de Omán, entre por un lado Khasab, en los Emiratos Arabes Unidos y Bandar –e Abbas, en la costa de la República Islamita.
Fue un domingo que se decidió actuar. Fecha patria: La muerte de Jomeini.
En medio de la celebración nacional se informó al pueblo iraní sobre el cierre del Golfo de Omán. En más de una ocasión El Mossad y su contraparte la CIA habían incursionado en Iran. Operaciones camufladas bajo la apariencia de operaciones no autorizadas. La última vez, antes del cierre, fue en Bushehr, hogar de la Armada y Centro Técnico.
Hasta ese entonces, el petróleo iraní había seguido fluyendo, a pesar de todo el esfuerzo por poner a Irán en una celda petrolera.
No pudieron.
Un grupo conformado por marines americanos e israelitas, habían incursionado en dicho lugar. Procedentes de un submarino apostado a varias millas de dicho centro portuario. Seis seals y tres de Logística e Inteligencia del Estado Hebreo desembarcaron furitivamente, atacando dos fragatas que en ese entonces se hallaban en reparación a horas de poder zarpar.
Lo que en principio había sido marcar la zona para un eminente ataque, se convirtió rápidamente en ataque literalmente.
En ese proceso fueron muertos dos seals y un israelita. Los otros lograron huir.
Eran lo que estaban esperando.
La oportunidad y momento adecuado para el cierre.
Ya se habían dado situaciones donde uno u otro bando capturasen al otro. No, como en esta magnitud, no como ahora donde dos fragatas iraníes terminaron fondeadas en el puerto.
Si. Se dieron encuentros con los americanos pero eran golpear y huir. Lanchas rápidas pasaban, unas ráfagas de uno u otro lado y seguían el curso de los acontecimientos. Los petroleros proseguían su curso a través del Golfo de Omán.
Ahora ya no.
Cinco días de eso.
Los F22 Raptor surcaban los cielos. Obama era de nuevo el presidente de los estadounidenses. Su última campaña se vio bajo la sombra de una inminente guerra. No alcanzó Irak, Afganistán. No. Se necesitaban más, ya que había que acallar la opinión del pueblo americano. Silenciar, y si había que inventar un nuevo conflicto, pues un nuevo surgiría. Y fue lo que aconteció.
El malo ahora: Irán.
Los buenos: Los Estados Unidos de Norteamerica y Compañia.
Uno de los puntos de la campaña electoral había sido ¿Qué hacemos con los iraníes?
Ahora ya sabían.
Hacía tres, que Teherán recibía la visita de los tomahawk. Dos misiles lograron su cometido entre la marea de antimisiles que habían instrumentado los estadounidenses. Sólo dos. Uno en Jerusalén, otro en Dubai.
Nuevo armamento.
Nueva tecnología.
Otras tácticas mismos halcones.
“Gringos”, pensó el comandante del submarino irani y se preparó a atacar.
Rubula;4020507 dijo:–¡Pero de hijo puta! –contratacó–, ¡si serás cabrón!
Se notaba en su gesto, el rictus de la cara, así como su postura frente a él. Chispas salían de sus ojos marrones, ojos que por otro lado, él, se había enamorado.
–¡Morite cabrón! –Al no recibir repuesta alguna, ella le plantó en medio de la cara–: ¡Malparido!
Y ya estando en ello iba a continuar cuando fue frenada de golpe.
–¿Y vos nena? –El hombre contraatacó a la sarta de palabras provenientes de su mujer–, ¡Frígida!
“Carajo –pensó para si, como tomándose tiempo para medir las consecuencias de sus palabras y agregó sin mediar palabras–: ¡Si resulta que somos nosotros los que tenemos la culpa!”
Ese pensamiento dio pie para expresarle violentamente:
–Claro –le espetó en medio de la cara–. Vos nena, sos inocentita ¿no? –A lo que, contraatacando él, expresó–: Siempre, con un “pero”.
“Cuando intento abordarte –en la mente de su marido corría las imágenes como un río turbulento–, tienes un “NO” como repuesta. –Ocupada –aduces.”
Pensamiento que estaba entre ceja y ceja y que lo obnubilaba por completo.
–¿Desde cuanto andas con esa “OTRA”? –Ella le gritó haciendo ademanes, moviéndose de un lado a otro por la sala de estar–. Siempre me decían: “cuídate, mira que Mario..” –a lo que, ante el silencio existente vociferó ante sus narices–: ¿Es que no soy suficientemente mujer para vos?
Ella, se ubicó frente a su marido, manteniendo una mirada extremadamente gélida. “Otra”. No quería ni siquiera mencionarla”.
Se miraron a los ojos y el silencio se hizo palpable lo que hiciere que el tiempo para ambos, se tornase indefinido.
“Siempre atendiéndolo al señorito –pensaba su mujer para si–; no sabía si iba o venía –aunque, para reafirmarse como mujer, se decía a si misma–: Le esperaba con la comida caliente, y el: dejando sus cosas por cualquier parte del departamento. Miren como retruca el hijo de puta”
–¡Quien te crees que soy! –le dijo, no exenta de furia aunque ya más calmada–, ¿tu empleadita? –y para reafirmar el concepto, ya retornando de nuevo ese enojo ciego que sólo aflora del interior de uno, concluyó–: ¡Pero si serás cabronete!
“La veces que intenté hacerte el amor –corría como un río de lava por la mente de su marido–, la veces que quise abrazarte estando vos en la cocina, o en el living. Y las veces que me rechazabas”
–¡Eres una frígida, mujer! –acotó Mario a lo ultimo que terminaba de decirle Ana, su mujer: “¿Es que no soy suficientemente mujer para vos?”–. Siempre que te busco, que intento acercarme, me rechazas como si tuviera la peste. Ves el hacer el amor como eso.. –se silenció y para dar más énfasis, luego de ese paréntesis donde las palabras caían como piedra en un costal, concluyo su diatriba–: Peste, si. El que no debe ser lo suficientemente hombre para vos, debo ser yo.
“¡Carajo! Ahora el maldito soy yo. El culpable de todo –pensó–. Las culpas son de los dos, de la pareja, que no funciona como debiere” pensaba.
–¡Mierda, malparido! –Replicó, no sin antes propiciarle un sopapo en medio de la cara ella– ¿Qué quieres de mi? –y lo miró fijamente–: Me duele.
–Si. El que te sea infiel, según tu.
–No. –Le cortó en secó a su marido–. La penetración.
El silencio se hizo más latente, mas palpable, más indescifrable a medida que esas palabras y su contenido, caían lentamente como gotas de lluvia en la mente de Mario.
–Nunca me dijiste?
–Me daba vergüenza.
Se miraron, y el tiempo parecía haberse detenido. Sus ojos estaban conectados como trasmitiendo “ese algo” insustancial.
–Ya. Y por eso creíste que te era infiel. ¿Verdad Ana?
–Si. –Se puso a llorar desconsoladamente– Pensé que tenía algo malo en mi y no me animaba decírtelo. –Y mirándome a los ojos concluyó: ¿Sabes? Llegue a pensar que si me eres infiel, serías feliz –a lo que, sin ganas aceveró–: aunque no me gustaba la idea de que así fuere.
“La hija de puta soy yo, tengo algo malo en mi cuerpo. Me duele la penetración y no logro el orgasmo” pensaba su mujer cuando le decía el verdadero motivo de su preocupación.
–¡Ana, mi amor! –Su marido se acercó y la abrazó. Llorando también él–. Soy tu marido, debiste habérmelo dicho.
Con el abrazo, vino un beso. Un beso tierno. Aunque durase una eternidad.
–Lo arreglaremos –Le dijo suavemente su marido–. Te amo
Ella lloraba.
Rubula;4014244 dijo:–Cuénteme. ¿Qué vió?
–En principio nada –dije–, había una oscuridad total a mí alrededor. –Miré a mi interlocutor y agregué–: No se cuanto tiempo duró, luego presencié un punto blanco que se acercaba hacia donde estaba.
–¿Dónde cree que estaba?
–No le podría decir con exactitud –acoté–. La oscuridad era total y aunque quisiera moverme, no podía. Había algo..
–¿Cómo qué?
–El lugar.
–¿Lugar?
–Por mencionarlo de alguna forma –respondí–; no percibía el suelo, paredes como que no había y sin embargo..
–¿Qué?
–Extraño –aduje–. Me sentía en paz conmigo mismo. –Y para reafirmar el concepto expresé–: Por vez primera estaba calmo.
–Hábleme de la luz.
–¿Luz?
–Tiempo indeterminado, oscuridad, luz que se aproximaba.. Eso.
–Lo que se, es que se percibía la falta de sonido –comenté–. el cual era total, y por supuesto estaba eso.
–¿Oscuridad?
–Se podría decir que si, pero había otra cosa.
–¿Qué?
–Un ente, un algo –repliqué–. Pero, no sentí que fuere algo malo, sino que, más como que me tranquilizaba, ¿sabe?
–Y luego provino la luz. –me dijo y se acercó–. ¿Desde que ángulo lo percibió? ¿Adquiría alguna forma a medida que se acercaba o simplemente era un punto que iba y venía? ¿Dígame?
El silencio se apoderó de mí al tiempo que comenzaba a digerir las preguntas y hacia donde pudieren apuntar.
–Al principio se me antojó un punto blanco en medio del vacío total –y reacomodándome lo miré ya con más firmeza–. Luego se fue agrandando como si se gestase un túnel. –a lo que terminé con–: De arriba y sobre lo que par mi sería la izquierda.
–Al principio ¿La oscuridad no era total? ¿No fue lo que me dijo?
–Si.
–Y no veía nada –Mi interlocutor mencionó–, ¿cómo era que tenía sentido de profundidad y espacio si “el lugar” estaba inmerso en esa oscuridad que no le dejaba ver, ni percibir, lo circundante.
–No entendí.
–Si la oscuridad era tan absoluta no podría tener percepción de profundidad, de altura ¿no?
–Viéndolo como me lo menciona si. Tiene razón.
–Entonces?
–Fue más una sensación que otra cosa, ver esa luz acercarse –contesté–. De alguna forma la percibí desde arriba y la izquierda –y agregué–: ¡Extraño! Pero así lo sentí.
–¿Y luego?
–Percibí como estando en un valle –a lo que agregué–. Más la imagen era borrosa, así como unas presencias que se acercaban.
–¿Presencias?
–Si. Formas humanas que por momentos se hacían más claras.
–¿Y luego?
–Vi una mano que se interponía –respondí–, aunque en la periferia se seguía percibiendo un valle. Esa mano fue ocupando toda la visión. –y agregué–: Luego sobrevino la oscuridad.
–Bien. Por aquí terminamos –El interlocutor expresó–. Bien, bien.
---- OO ----
Los doctores no podían creer lo que sus ojos les mostraban. Había estado en coma durante un mes y estaban por inyectarme morfina para que me desligara del mundo y pudiera irme sin dolor. Mi esposa no podía dar crédito a lo que veía: el osciloscopio comenzaba a dar señales de vida. Más firmes, no tan erráticas.
Rubula;4010774 dijo:–¿Y que dijiste?
–Pues, lo que paso –Su voz se entrecortaba; se sentía temblorosa–, que estábamos en el cine y..
–Nunca vienes a vernos –dije, cortándole en seco–, y ahora esto –y para recalcar a lo que me refería acoté furioso–: Tu sobrina, la que nunca vienes a verla. Nunca te cerré la puerta pero tuviste que..
El silencio era palpable, casi parecía sentirse los pensamientos del otro lado de la línea: “Mierda y ahora que le digo a mi hermano”
–Verás –Mencionó éste, con voz débil–; estábamos lo más bien cuando ella se sintió con necesidad de ir a al sanitario. Fue cuando..
–Claro –Le corté de cuajo– la dejaste ir así como así. No fuiste capaz de acompañarla, aunque tuvieras que esperar en la puerta. ¿No?
“Trágame tierra –pensó él–. ¡Carajo! si tiene razón”
–¿No has notificado a la policía asumo? –Le dije en forma más calma, más no exento de enojo con él–. ¿Verdad?
–Si, verás.. –Su voz se notaba temblorosa y con miedo.
–¿Si? –Y para recalcar–. ¿Si? –Se hizo un silencio que pareciera sacado adrede y volví a levantarle la voz– Pero, ¿qué mierda tienes en la cabeza?
–No. Verás..
–¡No? ¿Y que hiciste? –Mi voz sonaba como un grito, una amonestación, aunque quisiera estar calmo bajo las circunstancias. –¿Te fuiste?
El silencio en la línea fue extenso. Como que si el tiempo se hubiera detenido.
–No pensé –me dijo y con voz temblorosa expresó–: Era el Shopping, y estábamos en el cine. Ella..
No lo dejé terminar.
–No vienes nunca –le rezongué: No te acuerdas de tu sobrina, no la acompañas a ningún lado –y para afirmar lo que tenía en mente le expresé–: ¿Seguro que ni la fecha de su cumpleaños la sabes?
“Cierto, me lo merezco, soy un vil” pensaba mi hermano escuchándome vociferar.
–Se que desapareció –dijo–, al igual que Ana.
Ana había sido mi esposa pero cuando fue a dar a luz a María, mi hija, ella murió en la sala de partos.
–Te prohíbo que la menciones –Ya más calmo y sentado mencioné–. Fue una desaparición, pero no de igual forma –Expresé.
–Ahora, ¿dame los detalles? –le dije a mi hermano y reafirmé pausadamente–: de-ta-lles, ¿entendido?
–De la indagatoria que hice –decía éste, su hermano–, al acercarse al sanitario de las damas un hombre bien vestido la abordó.
Yo meditaba en silencio mientras iba digiriendo cada palabra que éste, mi hermano, pronunciaba.
–Nadie lo vio –las puertas de ambos sanitarios están linderas–, salvo el que limpia el sanitario masculino.
“Un hombre bien vestido –pensaba para mis adentros–, mediana edad, entre cano, de hablar locuaz, ve la chiquilla y le dice: Chica, ¿me puedes decir donde queda..”
–Mira, la buscaron por todos lados –decía mi hermano, más yo exhorto en mis pensamientos no escuchaba, o no quería hacerlo–. La buscaron los de Seguridad del Shopping, la rastraron a través de las cámaras. Nada.
–Todo apunta a que María lo acompañó.
–¿Como que lo acompaño?
–Si. –dijo–. En las cámaras se ve a un señor de mediana edad, entre cano y bien vestido hablando con María. Luego no se vio más. No se.. mira..
–A ver, ¿Qué has dicho?
–Que había ido al cine y ella..
–No. –Le corté–. Lo último: un señor de mediana edad, entrecano, última vez, cámara.
–Si. –me contestó–. Por los gestos le hacia una pregunta y ella atentamente se giro para mostrarle algo, cuando aconteció.
–¿Y?
–No se supo más nada.
–Nada de nada –dije– ¿por donde salieron? ¿qué vehiculo tenía? ¿nada?
–En el aparcamiento D –Dijo mi hermano– se filmo un Land Rover azul con la niña subiendo a él.
–La forzaron?
–No. –dijo–. Al parecer subió como si lo conociera.
–Bien. –le dije a mi hermano–, no te quiero ver más por la cercanía ¿entendiste?
–Si –Mencionó mi hermano, pero ya le había cortado la comunicación.
--- oo ---
El galpón daba al muelle oeste. Era de noche, cuando dos coches estacionaron cerca de un carguero.
–¿Fernandez?
El gesto hizo evidente que si.
–¿La mercadería?
Del segundo vehículo dejaron asomar la cabellera rubia de mi hija. A lo que hice un gesto.
Un ruso muy lomudo abrió una valija de ejecutivo, mostrando U$S 500.000 en billetes sin numerar de 100.
El otro, hizo un gesto y María se acercó al centro. Luego de la transacción María entró en un remise, y la llevaron a casa.
Fue cuando todo aconteció. Dos francotiradores hicieron impacto en la cabeza y pecho de los guardaespaldas de Fernández.
–Ahora, has de saber con quien te metiste –Le dije al secuestrador–. ¡Cuélguenlo! –ordené.
–¿Por qué motivo? –Le dije.
Silencio.
Un proyectil hizo impacto en la rodilla izquierda. El colgaba de los nudillos cual si fuera una res carneada en un frigorífico. El grito se hizo oír.
–¿Por qué?
Silencio. Aun que se movía.
Otro proyectil impactó en la rodilla derecha.
–¿Por qué?
Silencio. Iba a dar la orden del otro disparo cuando:
–Tú esposa.
–¿Que pasa con ella?
–Trabajaba para nosotros –el secuestrador mencionó.
–¿Nosotros?
Silencio.
Un proyectil hizo impacto en el codo izquierdo. El colgaba de los nudillos cual si fuera una res carneada en un frigorífico. El grito se hizo oír.
–Un trabajo que no cumplió. –Dijo éste deseperado– Y teníamos que eliminarla.
–¿Nosotros?
Un grupo secreto de Seguridad Nacional, ni nombre posee. –Tembloso, acotó–: No me mate.
–No. Tendrás el mismo trato que dispensaron a Ana. Sólo que no esperaron a que sobreviviere a los impactos de bala.–Le dije en su oído–. María nació, habiendo fallecido su madre, hijo de puta. Parto contranatura.
Fue cuando el proyectil hiciere impacto en centro de su cabeza.
–Desháganse de ésta basura –ordené.
Lo pusieron a dormir en cemento armado y con él incluido, se construyó un nuevo edificio. Claro, propiedad mía.
Rubula;4001551 dijo:Era una mañana agradable, ese sábado. Era otoño.
Las personas hacían ejercicios, otras, estaban sentadas en los asientos a la vera del camino, las madres se reunían para dialogar, algunas mecían las cunas de sus retoños, otras hablaban de sus maridos. Alguna que otra, envidiosa.
El verano pareciera que aún no se había querido despedir, aún así las tardecitas eran frescas, así como las mañanas. Así estaba el parque: repleto de colores, de hojas que no querían perder su verdor; de pájaros que trinaban y revoloteaban entre ellas, y alguno que otro que se acercaba y sustraía migajas que algún niño dejaba caer cuando jugaba.
El formaba a parte de la ciudad. Era su pulmón. La ciudad pareciera aboserverlo. Hacerlo suyo. El parque.
De día era un mundo, de noche otro. Otro muy distinto.
De día la gente hacían footing, los veleros y sus regatas. De noche se llenaba de prostitutas las cuales ejercían su trabajo: Competían con los drogadictos.
En la comunidad todos se conocían. El Jefe de Policía del Condado estaba casado con la hermana del Concejal; el mecánico, el único que tenía, acostumbraba a salir de pesca con el herrero y el doctor.
El centro del pueblo tenía la extensión de una manzana a la redonda conformado por una plazoleta. Por un lado estaba la Catedral, con él único párroco, ya anciano por cierto; por otro, estaba la Comisaría y el Ayuntamiento.
Nada perturbaba la vida de quienes la habitaban. Lo común era alguna trifulca entre los que la habitaban, más a consecuencia del alcohol y las mujeres que por otro motivo. Hubo algún caso de muerte o de fallecimiento, pero tanto para el comisario como sus dos ayudantes, eran a consecuencia de los borrachos. Estos terminaban la noche en la Comisaría, hasta el día siguiente. Una vez que se les hubiese pasado la resaca se les soltaba, no sin algún rezongo por parte del comisario.
El pueblo lo bordeaba un río que casi enseguida, sólo unos pocos kilómetros, se convertía en una ciénaga. La gente acostumbraba ir a cazar cocodrilos.
En tiempos buenos hacían regatas.
La mayoría de sus habitantes vivían a orilla de ésta o, a algunos kilómetros del lugar, pero siempre en sus cercanías.
Su divertimento, era la caza de cocodrilos y cuando andaban muy alcoholizados jugaban al tiro al blanco usando los recipientes del correo que estaban sobre el camino de piedra a la entrada de alguna casa que se perdía en la maleza.
Los domingos eran sagrados.
Iban a la iglesia, donde el párroco auspiciaba de párroco, porque no siempre se desempeñaba como tal. En más de alguna ocasión se le veía en a Taberna, en las afueras, jugando a las cartas.
Los casamientos, eso si, sólo él podía hacerlos.
El médico, el único que tenía, auspiciaba desde curandero hasta psicoanalista. Porque eso hacía, sobre todo cuando alguna muerte acontecía en alguna familia. Calmaba las almas en pena.
En más de una ocasión auspició de partero.
Era el médico de la familia. Sólo que la familia en éste caso, era todo el pueblo.
Claro, cumplía todos estos servicios no estando alcoholizado. Difícil. Pasaba la mayoría del tiempo con un Jack Daniels en la mano. Era la desesperanza. Desesperanza por no haber podido salvar a su esposa cuando una noche en que llovía, le erró a un puente cayendo al río. Fue cuando ella murío.
Nunca se lo perdonó y en la actualidad aún perdura el fantasma de su muerte.
El herrero. Ese era otro cantar. No era oriundo de la zona. Había venido desde lejos y estando en la Taberna tuvo un lío de faldas a causa de una meretriz. Se fue a las manos con un lugareño, forzudo. Era el mecánico. Destrozaron el local, terminando en un calabozo.
El tiempo hizo lo suyo, y su profesión, la de herrero, le dio su lugar en la comunidad. Terminaron haciéndose amigos. ¿Cómo? Es otra historia.
Como en todo pueblo chico, las habladurías corrían más rápido de lo que se gestaban. Se dice que había sido un ladrón de guante blanco, también que una vez, o más de una, resolvió pleitos mediante armas. Un hombre de armas a traer.
Como solitario que era, la gente hablaba a sus expensas, pero lo callado lo llenaba en creces con sus trabajos de herrería.
Al parecer ello hizo que lo aceptasen. En más de una ocasión se desempeñó en su profesión y para ser sincero muy bien. El ser callado y hacer trabajos sin preguntar sus motivos, hicieron que fuese uno más de la comunidad.
Los lugareños no eran muy amigos de aquellos que hacían preguntas.
Su pasatiempo: La pesca y la caza. Y sus amigos: el mecánico, y la hija del doctor. Claro, no podía ser de otra forma, la conoció a raíz de éste último.
La hija del doctor, era todo un caso.
En más de una ocasión se le escapó de la casa, cuando el médico estaba embriagado.
Se divertía con los pueblerinos, pero su forma de ser: libertina, libre de prejuicios, le dieron fama de una mujer fácil. Cosa que en realidad distaba mucho de serlo. Poseía un carácter de los mil demonios: indomable.
Indomable como la zona donde se crió.
Esta tenía dos hermanos que el concejal quería meter presos.
Este último tenía un auto descapotable. Un día lo tenía estacionado al costado de un establo. A su costado había un contenedor de agua. Cuando salía del lugar para acomodarse en el vehículo, los hijos del doctor, le volcaron encima el recipiente repleto de agua. Como eso, anécdotas es lo que abundan. ¡Y vaya que si!
Una vez lo hizo perseguir por la policía. Los vehículos terminaron en el pantano y ellos se fugaron.
El mecánico hacia wuisky adulterado entre sus pasatiempos. Cuando escaseaba, lo suministraba entre sus amistades. En más de una ocasión fue detenido, pero hasta el comisario se aprovechaba de las incautaciones del material.
Una vez el herrero lo salvó cuando, querían quemarles los alambiques ubicados en el corazón de la ciénaga.
Se lío a tiros con otros cuando éstos últimos quisieron deshacerse de ello. Estaban drogados.
El mecánico y el herrero terminaron siendo amigos y socios.
El mecánico resolvía los problemas de los motores fuera de borda que o bien, cuando se atascaban; sus hélices se enredaban en las profundidades del manglar.
El herrero diseñaba o arreglaba los problemas de chaperío, tanto de las embarcaciones fuera de borda como casas.
Casas, era un dicho. Pues eran ranchos que se venían abajo por el trabajo de la madre naturaleza.
Esa era la vida de un pueblito alejado de toda injerencia externa. Un condado que se caracterizaba por las ciénagas y manglares, las que ocupaban buena parte del lugar.
Rubula;3987683 dijo:“Quién domina este territorio, domina la región”, pensó Mohamar.
El hombre observaba mediante vinculares el desplazamiento de los israelitas a través de Los Altos del Golán y su riqueza más codiciada: El agua.
No recordaba desde cuando, pero sabía que hacia mucho que sucedió; siendo niño su padre Amhad le comentaba antes de irse dormir sobre el conflicto sirio-israelí.
Ahora ya hombre observaba la frontera entre ambos países.
“Malditos israelíes”, musitó.
Sobre el cielo vio surcar un F18 en dirección este-oeste. A gran altitud.
“Gringos”, se dijo. Fue cuando se dio vuelta.
Los Altos del Golan era la zona donde había nacido y criado. Sabía del conflicto que involucró varios países de la zona a través del relato oral. Mohamar era mulsuman, de ascendencia siria.
El odio pareciera provenir desde niño. Un odio ancestral a todo lo concerniente a israelíes. Su padre había batallado en el conflicto en el cual Israel atacó Egipto. Este le contaba sus hazañas -heroicas a los ojos de Mohamar-, de como Israel se había adueñado de la Franja de Gaza, Cisjordania y la Península del Sinaí.
Esos relatos se forjaron en la mente del niño y como él.. crecieron.
Mohamar desde temprana edad había tenido trifulcas. No les perdonaba que no hubieren cedido “Los Altos del Golán” a sus “verdaderos dueños”, luego del conflicto. Y aunque Siria negociara esa franja de territorio, sabía que había sido arrebatado de ellos, los sirios.
“Malditos israelitas”, pensamiento recurrente.
Mohamar se llegó a casar y aunque por cierto tiempo fue feliz, siempre culpó a Israel.
Su mujer, oriunda de Kuneitra, estando embarazada viviendo ahí la ciudad que tanto amó fue desvastada. Fue cuando falleció.
Ocupada por Israel desde 1967 había sido liberada por los sirios durante la guerra de Yom Kippur en octubre de 1973. Pero eso no evitó que antes de partir, el ejército israelí evacuara a sus 37.000 habitantes y la arrasara completamente.
El odio de Mohamar se acrecentó.
Se acervo.
A partir de ese momento, él, junto a un grupo de sirios, cuanta ocasión podían los atacaba.
Comenzó con la línea de suministros de agua, le siguieron redes viales como puentes y Centros de Control israelitas para luego, estando en Cisjordania, decidiere atacar una mezquita.
Fue cuando pasó a ser conocido y perseguido como “enemigo del pueblo israelí”.
“Terrorista”, aducían.
Llegó a ser capturado por fuerzas estadounidenses con sede en Barheim. Fue en ese entonces que conoció verdaderamente a los estadounidenses.
Atacó una fragata de dicho país que estaba en puerto. La misma quedo parcialmente hundida. Meses después lo capturaron.
Fue cuando conoció verdaderamente la tortura.
Iba a ser deportado a Estados Unidos, cuando queriendo escapar de sus captores fuera dado por muerto.
Así pasó desapercibido a la vista de la CIA hasta que.. la suerte jugó su carta de poker.
“Quién domina este territorio, domina la región”, pensó Mohamar.
Estando sobre la cima de una meseta, observaba a sus enemigos que tanto odio le infundieron: el desplazamiento de los israelitas a través de Los Altos del Golán y su riqueza más codiciada, su agua.
Sobre el cielo surcaba un F18 en dirección este-oeste. A gran altitud.
“Gringos”, se dijo.
Fue cuando se dio vuelta y atacó.
Dos misiles tierra-tierra hicieron impacto en la caravana militar. Hubo un tercero que pasó de largo explotando en una meseta lindera.
A pesar de haber errado, los escombros cayeron sobre el resto de la caravana, catapultando otros vehículos.
“Quién domina este territorio, domina la región”, pensó Mohamar. Fue lo último.
Momento después él y otros como él fueron barridos definitivamente de la faz de la tierra.
Un drone estadounidense, había estado monitoreando la situación. Atacó.
Descolgándose de los cielos disparó dos misiles que impactaron donde los insurgentes estaban apostados. Esta vez si dieron en el blanco.
Rubula;3637583 dijo:–¡Caray! –Así comenzaba el diálogo con ella; el hombre se encontraba un tanto ofuscado– Eres recelosa como temerosa; dueña de un apetito insaciable.
–¿Es guapa –Ella lo miraba a los ojos; el fuego que brotaba de ellos, cavaba lo profundo de su ser.
–¿Quién? –El sentía que el suyo, su apetito era inconcluso, apetente pero en desuso; cambiando de postura dio vuelta la cara hacia la caja de cigarrillos que había sobre la mesada– ¿Laura?
–No hablaste así de ella –Su mujer, con el fuego que cavaba en lo profundo de su ser, de esos que, por tener una actitud capciosa era dueña de un sentimiento concluso, le interrogaba– la describiste como la del montón.
–No la recuerdo –Aspiraba el cigarrillo lanzando al aire volutas de humo, al tiempo que abría la puerta de la heladera para sacar el champagne que había estado reposando unas horas en él.
–¡Ja! –Así se expresaba ella, luego de la cena en el centro del pueblo; con una impostura fría, controlante, hasta un tanto alucinatoria– ¿No me dijiste que estuvo en Los Angeles contigo?
–No estuvo conmigo –Su marido depositaba la botella sobre la mesada, dejando dos copas, que estaban frescas para la ocasión; en el ambiente se notaba una gravosa ruptura cual un espejo en sutura– fuimos a un trabajo juntos.
–¡Aníbal, mírame! –Con su lánguida mirada al tiempo un tanto cáustica, su mujer, le tomaba de las manos– No me habías hablado de ella hasta esta noche, pero eso ya lo sabes.
–¿De que me hablas? –Ya depositado lo que había sacado de la heladera, miraba a su mujer; percibía en ella cual fuere una conducta abdicativa: burla sarcástica, deseos inquietos, o bien una conquista incisiva.
–¿Qué crees que pasaría esta noche –Ella rechazaba la copa con su contenido dentro; a través de ella corría amores perros, un puzzle emocional que hacía de efecto fuente cual si fuere un gestor de afectos distorcionantes– En serio, ¿acaso pensaste que no me fijaría?
–¿Por qué tendría que pensar, en que si te fijarías? –Por dentro de él sentía un caudal de sentido de posesiones diversas, ser un muñeco a consecuencia de una apetencia insalubre de los caprichos de ella.
–Le gustas y te gusta –La bebida comenzaba a caldearse como así el ambiente creado entre ambos; ella veía en la otra: la hermosura como si fuere un pétalo naciente. Imaginaba los ojos el de la otra, verdes turquesa cual manantial fuere, sosegantes.
–¿De donde lo has sacado? –La bebida y el cigarrillo carecían ya de importancia; ambos se apoyaban; ella, su espalda sobre la pared, él, una mano por encima de su hombro; apoyando la palma en dicho muro.
–No soy ciega Aníbal –Ella veía a su marido como desposeído tanto físico como mental, cual si éste fuere andrajoso; ella aprovechando el momento le mueve el brazo y así, aprovecha para encender un cigarrillo. – has hablado con ella toda la noche.
–Once horas diarias, seis días a la semana –Ella se expresaba así, en medio de la calma que preludiaba tormenta; las cadenas del alma corroídas por el viento. Ahora sentada en tanto él, quedaba de pie– 60 horas semanales con ella, ¿desde hace.. tres meses?
–Apuesto que has intentado tirártela –Ella sentía las tinieblas del ser, que por su sola existencia hace temblar al bastardo ser.
–Tu pasas horas de la que no se nada de ti –Ahora sentado frente a ella; por dentro de él, pasaba el cercenamiento de las voces de su corazón acallando el trinar del hornero talando el siseo de la sinrazón– Con tus colaboradores, te vas de viaje a escribir tus artículos continuamente.
–Si, pero alguna vez.. –Ella, convertida en mordaz como briosa de modalidad profunda cual fuere cascada en la foresta le retrucaba– ¿Alguna vez te he dado razones para hacerte sentir como me siento?
–Yo no he hecho nada con lo que avergonzarme – La sustantividad de su alma estaba expuesta ante su señora, o bien un implícito manoteo, daba igual– Sólo intentas buscar pelea; el proyecto en que trabajo.. Laura es una compañera.
–Oye.. – Ella tomándole de las manos, tarde ya; gestora de un incipiente drama desde los ojos de él, cual si ello, netamente casual de su amor por él, la causa fuere, le decía–No te culpo por sentirte atraído por ella. Es atractiva, es normal que sea algo así, ¿no?
–Entonces, ¿de que me culpas? –El se sentía cual ventisca que acuna la duna, movilizado todo su ser, como acuñándose un alma infrecuente.
–De hacer lo imposible por no admitirlo –Con afectos inconclusos, despectivos, sarcásticos, ella dejaba el cigarrillo a un lado– Me siento cada vez más vieja y tu estas igual, sólo que más atractivo y..
–..más atractivo y.. –La frase quedo inconclusa; sintiendo la lava y la llama quemándole por dentro, el deseo de la carne una necesidad ultraterrena. El le dio un beso.
Con un andar sinuoso cual un camino agreste manifestándose así un sutileza montada, gestando un epicúreo deleite a los placeres..ambos se abocaron al dormitorio abrazados.
Rubula;3348889 dijo:CNN -Atlanta- Ultimo momento
Interrumpimos la transmisión matinal para informar el asesinato del Presidente de los EEUU. Estando en las escalinatas del Congreso fue abatido por un proyectil que hizo impacto en su pecho minutos después que el Congreso autorizara el envío de ciento cincuenta mil soldados norteamericanos a la frontera entre ambas Coreas. Continuaremos informando.
Reuters - Mar del Japón - Un año atrás del atentado
Un avión norcoreano dispara un misil contra La fragata misilística USS William Henry Harrison que partió de Kagoshima al sur de la isla japonesa cuando cruzaba el Estrecho de Corea en dirección al Mar de Omán, donde iba a engrosar la flota norteamericana con base en Kuwait. EL Mig soviético de propiedad norcoreana fue abatido momentos antes a sesenta millas náuticas de Kosong, Corea del Norte a orillas del Mar del Japón.
Naciones Unidas - Un año atrás del atentado
Estados unidos solicita explicaciones al gobierno norcoreano, al no recibirlas, se queja formalmente ante las Naciones Unidas pidiendo un embargo tanto económico como militar dirigido hacia dicho país.
Nueva York - Estados Unidos - A semanas del atentado
Ingresa a puerto el carguero Nikolai Aleksei procedente de Sebastapol ciudad costera sobre el Mar Negro cargado de materiales de construcción; una fabrica en Louisiana gesto dicho pedido. En medio de la noche dos hombres asiáticos se internan en el centro de Manhattan con documentación falsa perdiéndose en la oscuridad.
Naciones Unidas - A medio año del atentado
El Gobierno norteamericano muestra imagenes satelitales sobre el hundimiento de la fragata; en contrapartida, los norcoreanos reseñan que un Mig estando patrullando dentro de su territorio sobre el Mar del Japón, fue abatido por la fragata norteamericana USS William Henry Harrison el cual en forma preventiva, lanzó un misil contra dicho navio.
El Gobierno estadounidense presiona con enviar militares a la frontera entre las dos Coreas.
A mes y medio antes del atentado
El carguero Nikolai Aleksei luego de cruzar Turkía pasando por el Mar de Mármara hace una escala en El Cairo levantando dos individuos de origen asiáticos continuando su trayecto por el Canal de Suez hacia la ciudad de Nueva York.
Naciones Unidas - Tres meses antes del atentado
Se decreta el cese inmediato de toda actividad nuclear y fabricación de mísiles de mediano y largo alcance producidos por Corea del Norte a consecuencia de, pruebas misílísticas en el Mar del Japón un año atrás a la fecha del actual decreto. Corea del Norte se niega a acatar tal resolución demostrando más poder disuasivo ante el mundo.
Washington D.C. - El dia del atentado
Un proyectil de largo alcance proveniente de un Edificio en construcción impacta en el pecho del presidente norteamericano.
Washington D.C - A semanas luego del atentado
La CIA entrega al nuevo presidente norteamericano, un cubano nacido en Little habana, Miami, información del complot originario de Pyongyang, Corea del Norte. En él, se describe un complot para asesinar el presidente norteamericano, así como un fusil de asalto de nacionalidad china con mira telescópica láser y silenciador, usado según la pericia técnica, para dicho fin.
Pyongpang - Corea del Norte - A dos meses luego del atentado.
Corea del Norte decide unificar las dos Coreas a la fuerza. Sin aviso previo siendo las 0400 a dos meses del hecho, tropas norcoreanas ingresan a territorio surcoreano arrasando el Paralelo que los separa.
Washington D.C. - A dos meses y medio del atentado
Estados unidos hace efectivo la autorización del Congreso para el envío de ciento cincuenta mil soldados a Corea del Sur. A ello, se le suma el Portaaviones USS Richard Nixon, cuatro corbetas y dos submarinos.
Las dos Coreas - Luego del atentado - Tiempo impreciso.
Estados Unidos ataca con misiles una planta de fabricación de uranio enriquecido ubicado en las afueras de Yangdok, en el centro del país norcoreano.
Corea del Norte - Luego del atentado - Tiempo impreciso.
Seúl es arrasado por un misil de corto alcance con cabeza nuclear.
Zona de conflicto.- Tiempo impresiso
Estados Unidos ataca a Pyongpang desde de un submarino sito en el Mar de Corea que estaba monitoreando la zona en conflicto. Utiliza un misil con cabeza nuclear.
En todo el mundo
Protestas callejeras se hacen oír en contra la intervención norteamericana y su política exterior. El Papa se expide por la paz en el globo desde la Plaza San Marcos sito en el Vaticano.
Frankfurt, Alemania - Tiempo actual
Una pareja de alemanes veteranos arriban al Aeropuerto internacional de Frankfurt procedentes de Nueva York, dirigiéndose hacia la ciudad de München.
Frankfurt, Alemania - Dos horas después
Dos asiáticos fallecen sin motivo en la sala de espera del Aeropuerto Internacional de Frankfurt procedentes de un vuelo de Nueva York. No se sabe su procedencia.
Cuartel de la CIA - Centro Europa a CIA - Cuantico, Estados Unidos.
(Ultrasecreto - Requiere decodificación extrema.)
Material decodificado.
"Los dos pájaros fueron abatidos. Bip. Procedian del carguero Nikolai Aleksei procedente de Sebastapol. Bip. Fin de transmisión. Bip."
Rubula;2969749 dijo:Esta historia que paso a relatarles forma parte del folclore de “Las Siete Gargantas del Diablo” situado en “La Isla”. Esta basada en la expedición tras un tesoro. La misma comienza de la siguiente manera, según relatos de viejos marineros apostados en “La taberna del Bucanero”.
El barco se encontraba a la deriva a sotavento de “La Isla”. Hacía tres semanas que “Los Tres Mosqueteros”, un bergantín de tres palos se consideraba perdido. Luego del temporal anunciado, la fragata de Guardia Costera diviso a lo lejos, lo que parecía ser el trinquete mayor y mesana.
Cuando la abordaron ni un alma a bordo del mismo existía. Es más, hasta unas horas antes del temporal previamente anunciado, figuraba con todo detalle cual había sido su trayectoria y que habían hecho, en el Mar de China Continental. Así relataba el capitán del bergantín en cuestión en su bitácora bellamente forrada en cuero. Esta historia esta basada en las anotaciones del Capitán a la fecha de la desaparición de sus tripulantes y él mismo.
En momentos anteriores al hecho en cuestión
Salté de la cama. Una gota de transpiración brotaba por mi mejilla izquierda pero no me había percatado de ello; sentado sobre la misma fue cuando me palpé todo el cuerpo. Nada.
Encendí la luz de la veladora; seguía siendo el hotelucho de mala muerte que alguna vez en mi vida fui a parar. A mi lado izquierdo seguía la mesita de luz, descolorida por le paso del tiempo y falta de pintura y a su derecha, sobre el muro lateral, la ventana que daba al callejón.
El zumbido de las paletas del ventilador.. ese continuaba dale que dale; el calor, hasta pegajoso se palpaba. Mi corazón que pareciere salirse de su lugar, de ahí que me revisé. -¡Estoy vivo…!- me dije.
Y la noche.. ésta no terminaba más, fue cuando decidí levantarme; el sonido de una radio fuera de sintonía hacíase sentir proveniente del pasillo lo que motivó que abriere la puerta del corredor.. todo seguía igual, Las luces del pasillo continuaban amarillentas, la pareja de franceses en la pieza de al lado haciendo el amor.
-¿Pesadillas…? una voz en perfecto inglés, ¿será mi imaginación? Supuse, pero no.
El extraño me extendía un porro a través de una abertura en la pared lindera, opuesta a donde los franceses se encontraban.
-¿Una pitada…? el extraño me ofrecía.
Con el tiempo terminamos haciéndonos amigos de las largas noches en vela en ese hotelucho de mala muerte perdido en el corazón de Asia. Un día, me pasaron, pues no se quien, un sobre por debajo de la puerta, era del inglés que había fallecido de malaria. Era un mapa en el cual Se mostraba claramente como arribar a una isla, y la ubicación de un cofre escondido.
Sobre el folklore existente detrás de la historia.
Parece ser que a principios del siglo XX, unos obreros que extraían guano de una de las cuevas del Mogote, tropezaron sus palas con un viejo baúl en el fondo de un precipicio. Emocionados ante el descubrimiento destruyeron su enorme candado metálico, comprobando con incredulidad que habían acabado de encontrar un enorme tesoro pirata. Fue así que pensaron “nuestras vidas de guaneros había terminado”. Pero he aquí, que éstos fallecieron de una terrible enfermedad. El cofre desaprecio. Hasta ahora…
El tiempo en que la historia se convirtió en leyenda.
El capitán del Bergantín, un adinerado buscador de tesoros, le interesó la historia, cuando le pregunté a un aldeano en un inglés mal hablado que necesitaba alquilar un bote. Es de esta manera que se contrató una expedición decidiéndose por ende, ir a “La Isla”.
De formación volcánica y montañas que estaba esculpidas por un manto perenne de nubes en su parte más elevada, la isla se visualizaba desde el mar, diferenciándose de otras por su pináculo más alto.
El bergantín fondeo en lo que se denomina “Las siete gargantas del Diablo”, una caleta. Ese término nació del folklore de la isla. Existían siete túneles por debajo de la línea del mar que en conjunto, cuando la alta marea se hacía sentir, sonaban como un coro de ángeles provenientes del averno mismo.
El agua verde turquesa que han caracterizado las zonas bajas del arrecife coralino, en conjunto a lo agreste de la naturaleza, hacía que la playa fuese un edén a vista humana.
Era de naturaleza volcánica e intocable por humano que haya intentado alguna vez pisar la misma. No estaba en ningún mapa conocido. Era simplemente “La isla” a voz populi. En la zona oriental de la cabecera de playa, un sendero conducía a una cascada extremadamente grande y ruidosa. Al fondo de la misma se formó una laguna, en cuyo lado oriental existía una playa de forma semicircular. Ambas, se encontraban bordeados de una vegetación agreste y espesa que humano alguno hubiese llegado a ver. Esta se encontraba en el interior de “La Isleta” que era conectada al mar a través de las grutas mencionadas precedentemente. Calor pegajoso, humedad del 100%. Animales exóticos, naturaleza exuberante.
El campamento base se situó en la cabecera de playa. Un grupo de expedicionarios salieron a realizar un estudio de la misma, mientras que otros construyeron el campamento con equipos de alta tecnología. Se logró encontrar el famoso cofre luego de una serie de percances que no tenían explicación plausible. Bombas de agua que dejaban de funcionar, magnetómetros que detectaban cualquier cosa menos lo que tenía que detectar, personas que fallecían sin causa aparente. El trabajo en si se realizó en el lago interior. Se construyó un dique para que el agua no entrase a través de “Las siete gargantas del Diablo”. Se desvió el cauce proveniente de la cascada. Cuando por fin parecía todo funcionar, se descubre la Gran Gruta del Mogote. Los técnicos pululaban cual moscones por el fondo del lago, al que se le había extraído el agua, provenientes de dichas grutas. Estas alimentan la laguna interior con el mar que los bordeaba.
En el momento que se habría el arca una gran tormenta se avecinaba. Muchos cayeron enfermos. El capitán enloqueció. En el estaba la espada del Capitán Garfio, con incrustaciones de oro y diamantes, monedas de la Corona Española, una cruz hecha de oro y piedras preciosas. El vendaval se hizo más fuerte a medida que la tormenta crecía en intensidad. Las represas cedieron y el capitán del bergantín murió ahogado. Fue en ese momento, que se detectó un nivel de radioactividad proveniente de la espada misma.
Sin saber en donde ni el cuando
-¿Un pitido? Escucho decir al inglés.
Este me extiende un porro fumándolo tranquilamente, mientras mis pensamientos divagaban por si solos.
-¿Nos vamos?
-Si
Mi cuerpo comenzaba a desdibujarse, en tanto mis manos se hacían transparentes; el calor como esa viscosidad.. en mi cabeza ya formaba parte de mi ser, algo húmedo comenzase a formarse. Mi cien derecha…
El baúl adquiriendo un color amarillento por encima de mí abría y cerraba la tapa como si de una risa se tratare, fue ahí que la luz se apagó. Este, el baúl, despareció y con él, su risa ahogada…
Rubula;2821485 dijo:Una coproducción de Radio GuríPara todos los escribas-escuchas, la emisora más oriental del charco rioplatense, tiene el agrado de presentarles:
Cofradía de las Tres Marías-Reino del más Aquí
** Jaimito, larga la fumarola **
-Buenas tardes señor Rubinstein
–Buenas tardes señor locutor -Un hombre delgaducho de mediana edad con cierto inicio de canas, toma un trago de agua y deposita suavemente el vaso con su mano diestra en la mesa. Me mira inquisidoramente. -¿de nuevo por el plató, señor Gurú?
–Ya lo ve.
-Tengo una serie de preguntas organizadas preferiría realizarlas al azar, ¿no le molesta? -Un aura de paz y espiritualidad nos invade a todos los que estamos en el plató. El hombre se deja tirar hacia atrás como recostándose en la butaca y atina a decir: -para nada, ¿dígame?
Me reacomodo en el sillón y comienzo a revolver las hojas del cuestionario como buscando una pregunta que no estaba escrita. Es así, que miro fijamente al Gurú de las Artes Predictivas, medito un segundo y rompo el hielo, buscando esa pregunta que no sabía como hacerla. Bebo un sorbo de agua y lo miro.
-Cuando usted describe una escena de sus viajes, hemos notado que usted es muy narrativo e interioriza mucho al escriba-escucha que lo siguen asiduamente.
El hombre me mira inquisidoramente. –Verá usted Rubinstein, cuando usted viaja, ¿consideraría por un momento, que la conciencia del ser astral se desdobla?
El señor Gurú se reacomoda en su sillón a mi costado, da una bocanada al puro cubano que tenía y contesta:
-Vaya que hizo una pregunta interesante Botija. Si usted se refiere a un estado de conciencia alterado, debo decirle que todos pasamos por ello. El tema es que nosotros los humanos no poseemos conciencia de ese estado en forma conciente. Muchos ni saben que viajan, y lo hacen. El hecho de no tengan conciencia de esa capacidad, hace parecer a los viajeros como fenómenos que necesitan de un alucinógeno para realizarlo.
-¿Diría usted que se puede inducir un estado de conciencia alterado?
El hombre me mira, acomoda su gafa y responde: Pues si. Como usted bien lo acaba de decir, mediante el uso de alucinógenos, como ejemplo. Pero no siempre es mediante un objeto externo que se logra ese estado de la mente. Muchas veces es causado por la experiencia en si.
-¿Qué quiere decir con ello Rubinstein?
Vera Botija, todos tenemos este tipo de experiencias, el hecho que las recuerde o no las recuerde, no implica que uno no la posea. Los otros días me despertó mi señora, me hallaba profundamente dormido, pero inmerso en una pesadilla que no podía salir…
-Rubinstein, disculpe que le corte, ¿Qué es para usted un estado de conciencia alterado?
Un estado de conciencia alterado es cuando el cuerpo físico esta en algún lugar, y usted simplemente se halla en otro lado. Usted se halla profundamente dormido, pero esta viviendo un sueño o una pesadilla. Su conciencia se halla inmersa en esa experiencia, pero no tiene idea realmente que usted esta durmiendo. Cuando se despierta, tiene idea muy vívida de un sueño o una pesadilla. Cuando la conciencia por algún motivo se separa del cuerpo astral, es donde se produce los problemas. Se denomina “desdoblamiento del estado de conciencia”.
-¿Todos tenemos la capacidad de realizar viajes astrales?
Si. Todos. Pero que se tenga conciencia de ello o no se tenga hace la diferencia. Los sueños, como mencioné anteriormente son viajes astrales. Las pesadillas también. Hay peligros. El hecho que no se pueda despertar, en cierto tiempo trae aparejado problemas físicos y psíquicos ya que el estado de conciencia no es pleno. Normalmente cuando uno viaja astralmente, la conciencia viaja con el cuerpo astral, pero se mantiene a su vez unido al cuerpo físico, que queda como un paquete atrás. Cuando la conciencia por algún motivo se separa del cuerpo astral, es donde se produce los problemas. Se denomina “desdoblamiento del estado de conciencia”. Generalmente se dan en sueños profundos, que no son generalmente inducidos por alucinógenos.
-¿Usted a tomado alucinógenos, alguna vez?
No.
-Haciendo referencia a los viajes astrales, en pocas palabras qué son para usted, éstos?
Un viaje astral es el mecanismo que posee nuestra psiquis para reacomodarse. A ver, si me expreso mejor. Es un medio, por el cual nuestra mente viaja cuando descansamos o meditamos. Es más normal que lo que parece. Cuando uno sueña, o medita profundamente, realiza un viaje astral. Sólo un viajero experimentado puede tener conciencia de ello.
Por consiguiente puedo resumirle dos formas de viajes astrales, que son más comunes de lo que usted cree. La primera forma es mediante el pensamiento, el manejo del mismo. Cuando usted, esta meditando, esta viajando astralmente, hacia un viaje interior de su alma.
La segunda forma, es mediante el uso de imágenes. Se presenta como un video. El personaje puede ser externo o interno a la escena. Pueden ser recuerdos de un ser querido que no esta con usted, que ha fallecido; puede ser una imagen de un lugar y momento particular. Generalmente, se tiende a pensar que la forma que accede a un viaje astral es por este método, por imágenes creadas a trabes del subconsciente o gestadas por alucinógenos.
-Como siempre ha sido un placer tenerlo en el Plató de la Radio, pero desde ya le digo que tendremos otra audición, pues veo que los escriba-oyentes se han quedado con muchas interrogantes.
-Como usted desee, señor locutor. El Gurú de las artes predictivas y mentalistas se desvanece en el aire, dejando una aureola de paz y bienestar en el Plató.
A sido una audición de Radio Gurí.
Radio Gurí
Miembro de la Cofradía de las Tres Marías
Reino del mas Aquí
Rubula;2834690 dijo:En un pueblo del interior de mi país, un señor, al que llamaré Anacleto, gozaba de bastante buena posición social y económica; casado desde hacia ya muchos años, era padre de tres hijos. Un varón de trece años cumplidos, y dos niñas de nueve y siete respectivamente. Su esposa, joven y buena moza, había sido en su tiempo una de las beldades del lugar, que había llamado la atención de sus coterráneos por su porte y clase, conservando aun su belleza fresca y lozana, como incitante y sazonado fruto de comienzos del otoño. Era aquel un matrimonio feliz, todo lo feliz que puede ser una pareja de seres que se quieren, gozan de buena salud, tienen prole prometedora y disfrutan de un bienestar de rentas que guardan al abrigo de cualquier eventualidad peligrosa.
Para los quehaceres domésticos habían contratado dos sirvientas: una niñera que quería y cuidaba como nadie a los guríses, y para otras tareas, una criada bastante joven, que al momento en que sucedió lo que hoy les relato contaba apenas diecinueve años.
La doméstica, a sus diez y nueve años estaba tan bella como un racimo de uva madura: rosada y jugosa. Sin ser gorda era entradita en carnes y fibrosa. Bien proporcionada, con morbideces excitantes y respirando vida y juventud por cada poro de su piel. Solícita, limpia y siempre bien prolija, como sabiendo que:
“Es la esencia de la belleza el olor sin olor de la limpieza”.
Con una mirada volcánica y unas formas con más gracias que el bautismo; dulce y sabrosa como fruto de cercado ajeno. Así le pareció a Anacleto, el patrón de la casa, que comenzó a juguetear y requebrar más de lo que era su costumbre con la criada. Pero eran tiros al aire y vanos como fuego de artificio ya que el tentador y primaveral pimpollo no comprendía tales contoneos y arrumacos o se hacía la que no comprendía las intenciones pecaminosas, ni las insinuaciones tenoriescas del dueño de aquel hogar.
Un día la guapa sirvientita, quien también comezón levantaba en los masculinos corazones del pueblo entero, se presentó a su señora con un atadito de ropa debajo del brazo, endomingada, es decir, preparada con su mejor traje, pero llorando. La señora quedó sorprendida y admirada al ver en semejante estado a su criada. Preguntole entonces porque lloraba tan desconsolada y adonde iba en esa forma sin haber avisado a nadie de su retirada. Que si le había pasado alguna desgracia, para encontrarse en tan honda desesperanza. La sirvienta, entre sollozos y lágrimas le dijo, que venía a que le pagara la cuenta, puesto que se retiraba para siempre de aquella casa, que necesitaba de apuro el dinero ganado ya que con él pagaría los gastos del viaje de regreso a la casa de sus padres. La dama alarmada y atónita inquirió con ansias la causa de aquel imprevisto retiro, y amorosamente le fue preguntando hasta conseguir la confesión de por que huía de aquel modo de donde sólo le brindaban respeto, aprecio y afecto. La señora habló dulcemente, enterneciendo el alma adolorida de la joven, hasta el punto en que la hizo descubrir la verdadera verdad de su querer partir.
La doncella confesó que el dueño de casa le había hecho más de una vez, proposiciones deshonestas, que ella siempre había rechazado, pero que la noche anterior, al volver él de la pulpería, había estado golpeando la puerta de su dormitorio para que ella la abriera, y que ella haciéndose la dormida nada respondió. A la mañana siguiente, el señor patrón preguntó con aspereza por qué no le había abierto la puerta la noche antes. Ella se disculpó bajo el pretexto de haber estado profundamente dormida. Fue entonces cuando el señor le ordenó que en la noche de ese día él volvería y prometiole como recompensa un doblón de oro puro. Hasta le mostró la moneda, amarilla y grandota que le regalaría si cumplía lo mandado, o que de lo contrario en el día de mañana, de su casa la expulsaría.
La señora quedó perpleja con lo que oyó, pero rápida como la luz, se le ocurrió remedio para aquel mal y a la sirvienta le dijo que hoy y siempre la joven en su casa se quedaría si esa noche ella dormía, sin decirle a nadie, en el habitación de las niñas.
Esa noche, cuando Anacleto volvió de la pulpería, sigilosamente se dirigió a la pieza de la criada. Encontró las puertas del dormitorio sin trancar, tal como lo había ordenado, y en la cama no halló mayor resistencia de la mujer que allí dormía, quien cedió, salvo ciertas negativas propias del pudor femenino, a todos sus requerimientos. Esto, él lo atribuyó al ofrecimiento del doblón de oro prometido, moneda que tiernamente depositó entre las manos de quien creyó era su obediente servidora. Satisfechos sus deseos, Anacleto se salió de la habitación y de la casa. Y después de dar algunas vueltas por su alrededor entró ruidosamente para así tener oportuna coartada por si a la mañana la criada contaba algo de lo sucedido.
El nuevo día amaneció y la casa estuvo de fiesta. La señora había mandado comprar provisiones extra y en abundancia como para un gran festejo. Los chicos con sus trajes nuevos, impacientes aguardaban el gran almuerzo. Finalmente, la elegante ama de casa se sentó a la mesa y todos la siguieron. Una vez instalados y degustando por anticipado con los ojos, el hijo mayor lanzó la pregunta del millón de pesos.
-“Mamá, ¿Qué fiesta celebramos hoy?”
-“Ninguna hijito, no es el cumpleaños ni el santo de nadie, pero sí es el primer día desde hace catorce años que tengo de casada, que alguien me regala un doblón de oro puro. Seguro es la primera vez que ese alguien se siente satisfecho de mí, por eso festejo tanto este día. Y me he gastado hasta un doblón de oro, para que tu papá aproveche por segunda vez lo propio, creyéndolo de otra.”
Rubula;2846411 dijo:Cuando entro por vez primera me encuentro con un túnel de acero y concreto. Detrás mío, una puerta de igual material. De un color bronce gastado, todo era una especie de caja larga. No se apreciaba la luz, sin embargo, todo estaba iluminado en penumbras. Lo que sería el suelo, se apreciaba una gran nube espesa que cubría desde el principio al final del túnel, logrando cubrir mis pantorrillas. Al final descubro una curva, En ese lugar, sin seguir por el túnel, otra puerta sellada a cal y acero, conjugando un todo. Me desvanezco.
Reaparezco dentro de un cuarto, de forma de un cubo, sin nada en las paredes, salvo la pared opuesta a mí. Todo simétrico de igual color y contextura que el túnel por el cual hice mi aparición, por vez primera. En esa pared, como peculiaridad, había un cuerpo atado de las muñecas y de los tobillos, parcialmente tapado por una criatura extraña. No me ve ni me percibe.
La Clínica.
Rodeado de colinas verdes, y césped cortado con mucho esmero, el Palacio que tengo a mis espaldas, es un clásico de la Arquitectura del Siglo XVIII. La construcción del mismo, es de mármol. Su fachada muestra una brillante interpretación de los modelos italianos, adaptados al trabajo en ladrillo; se articulan en tres pisos con el número de vanos creciente en altura.
Los espacios esplendorosos y la inspiración cartesiana serían los protagonistas en la búsqueda de la perfección simétrica y de una perspectiva guardada por tilos, robles, álamos, fresnos, cerezos o hayas, ante la que la vista se pierde. El eje visual que se propone quiere dejar sentir su rango de absoluto: su principio, en el castillo, y su fin, en el infinito.
-¿Y doctor? –pregunta el Doctor Marques, psico forense.
-Estamos empezando – contesto raudamente sin mirarlo.
La Caja.
De golpe, un grito de animal. Gira su cabeza hacia mí. No ve nada. Otro gruñido y sigue con su cabeza entre los intestinos. La bestia se estaba alimentando. Cuando dio la vuelta, yo me había mimetizado sobre la pared lateral derecha. De momento veo la vida y la muerte de ese cristiano que estaba en pena, retorciéndose, mientras la bestia se alimentaba.
Vida y muerte de un cristiano, o al menos lo más cercano a eso.
Un pueblito perdido en medio de la nada. Tennessee, 1825. Una calle larga. La comisaría a la izquierda. Más adelante casi llegando a la esquina, la barbería. Haciendo cruz, el bar que auspiciaba de antro. Cuatro a seis casas paralelas a la calle principal, por ambos lados constituía todo el pueblito.
En medio de la calle tres personas. Se gesta un tiroteo. El Sheriff cae muerto de dos proyectiles que se le incrustan uno en el pulmón y otro en el corazón. Los otros dos hombres se retiran y comienzan aparecer las primeras caras de los lugareños. Luego de haberse disipado el ruido de los disparos, el alma del sheriff, comienza a desprenderse.
-¿Dónde estoy? –Se pregunta.
El hombre comienza a visualizar la escena, como si de una cámara se tratase. Aprecia los lugareños que tapan algo. -¿Qué es? – se pregunta.
Intenta acercarse, la cámara enfoca la escena desde arriba y un costado. Ve un cuerpo tendido en el suelo. Es él. Se estremece. -¡Dios…! – grita haciendo amago de un crucifijo que supuestamente tendría en su pecho.
La Caja.
La bestia sigue alimentándose. Las sobras, producto de su intestino caen sobre el piso del celdario. Ruidos en el piso. Animales, o formas similares, pelean por las sobras que caen de las fauces de la bestia. Se me acaba el tiempo, es un alma de l señor perdida en el camino. -¿Cómo llegó a esta parte del purgatorio? – me pregunto.
De golpe, como un rayo saco mi espada corta y de desde arriba hacia el costado lateral corto el cuerpo de la bestia a la altura de su corazón, y siguiendo la inercia Cambio la mano rebanando el cuello al nivel de la tercera vértebra cervical. Corto las cadenas y una luz blanca me ilumina el camino a la Clínica.
La Clínica.
Una luz recorre el cuerpo del sheriff, cual si este fuese sometido a una tomografía de cabeza a los pies. Se borra toda imagen de martirio.
-Buen trabajo – dice Marques y nos retiramos del Consultorio. Dos ángeles toman el cuerpo repuesto, y lo llevan a un lugar apacible debajo de un ciprés. Por encima de él tres ángeles tocan música de Strauss.
-Bueno. Es hora de retirarme – digo al galeno. Mientras lo saludo, me comienzo a desvanecer. El sueño, empezó a ocupar su lugar.