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Historias cortas

19 entradas
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;4086698 dijo:
–¿Alguna novedad para mi? –dijo al llegar al la Clínica.
La recepcionista, una mujer de mediana edad, elegante en su porte levantó la vista de lo que estaba haciendo, y lo miró.
–Hola doctor –respondió–; los doctores Estefanell y Márquez desean hablar con usted.
–Bien. –Rubinstein propinó dos golpecitos sobre su mesa y se giro hacia la Sala de Reuniones, no sin antes decirle–: ¡Gracias!
“Cuanto hace que no me aparecía por aquí –se dijo–, ¿con qué me encontraré?”
Hizo un ademán con su mano como queriéndose sacar ese pensamiento de su cabeza y acotó para si mismo: “Veremos”
Cuando llegó se detuvo un instante, contó hasta tres, y luego golpeó la puerta que daba a la Sala de los Galenos: la de consultas.
–Adelante –escuchó decir.
“Veamos”, se dijo para si y entró.
El Doctor Estefanell había sido el primero en llegar. Era un hombre de contextura atlética, de mediana edad el cual poseía una especialización en traumatología forense.
Le siguió unos minutos después el Doctor Márquez siendo el último en arribar: Rubinstein.
Los dos primeros habían estado dialogando sobre el caso que tenían entre manos.
Márquez era un hombre pequeño, de pelo morocho y desgarbado. Se había especializado en una asignatura conocida como: diagnóstico psico-forense.
Una reciente especialidad.
–¿Cómo está Doctor? –Estefanell le dijo al tiempo que se estrechaban las manos–. Soy el Doctor Estefanell y le presento a mi colega, el Doctor Márquez.
Hizo un gesto para que se acomodara.
–Un gusto conocerlo –agregó Márquez extendiéndole la mano–, queremos cotejar nuestras impresiones con usted sobre un caso que tenemos en estudio –adujo.
–Bien.
–El caso –dijo Estefanell–, es sobre un paciente que se llama Otto –y rebuscando entre los informes clínicos dijo–: un hombre que al momento en cuestión que arribó tenía unos sesenta y tantos años, de buena contextura.
–Trabajaba como costumbre en el Minimarquet de la Estación de Servicio Shell en la frontera con la República Checa, sobre la autopista que conecta Hamburgo con Dresden –agregó Márquez.
Estefanell lo observo como diciendo: “estoy hablando”, pero dejo que Márquez acotara.
Rubinsteín escuchaba lo que decían y cada tanto hacía un gesto de asentimiento.
–Ya se había cumplido prácticamente el doble horario que tenía asignado en su trabajo –prosiguió–, hacía el recuento de caja y se quería ir a su casa.
Estefanell, hacía un reconto de la historia del paciente.
–Por ese entonces, caía nieve y abundante –complementó Márquez con los dedos encruzados apoyados sobre la mesa que había en la Sala–. Fue cuando llegaron.
–¿Quiénes?
–Dos individuos procedentes de Nassau –terminó la pregunta Estefanell. Márquez observaba–. El instinto le hizo desconfiar pero sólo logró eso. Aún así, oprimió el botón que tenía debajo del mostrador: una alarma silenciosa.
Márquez asentía.
–Fue el momento que una escopeta de caño recortado se posesionó frente a sus ojos –complementó la explicación de su colega. Estefanell hizo un gesto de concordancia.
–Entiendo –asintió Rubinstein– pero, ¿cómo es que terminó en la Clínica?
Y acercó su torso sobre la mesa directamente mirando hacia sus colegas.
–¿Es qué terminó muerto?
Los hombres que tenía delante se miraron un instante y volcaron la vista hacía el invitado, Rubinstein.
Se tomaron su tiempo en responder.
–Según lo que se extrae del parte policial.. –la frase quedó inconclusa.
–Si... –Rubinsteín le hacía un gesto con la mano como diciendo:”Prosiga, lo escucho”.
–Según lo que se extrae del parte policial –prosiguió la frase cortada de Estefanell–, prendieron fuego la estación de gasolina, no sin antes robarle el dinero. –Concluyó Márquez–. Lo mataron para robarle la recaudación.
–Entonces se halla aquí? –dijo el invitado–. Su alma..
El silencio se apoderó de la Sala acayando todo eco de las palabras.
–Su alma.. –Ahora repitió, ya con un tono más contundente: ¿su alma se halla reposando aquí?
–Si –Contestaron al unísono.
–Pero.. –expresaba gesticulando Rubinstein–. ¿Qué queréis exactamente de mi?
Y ya los miraba directamente a sus ojos; fue cuando se recostó sobre el respaldar del sillón.
–Venga.
En medio de colinas verdes y praderas ondulantes descansaba Otto, debajo de la sombra de un gran Ciprés.
El alemán de unos sesenta y tantos años descansaba leyendo un libro. Sobre él, unas hadas movían las hojas del mismo cada tanto y cantaban acompañadas de una melodía de Strauss.
–Buen trabajo señores.
Rubinstein comenzaba a desvanecerse del lugar paulatinamente a medida que el sueño cobraba vida.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;4031855 dijo:
–Pero, ¿quién te pensas que soy? –dijo–. ¿Una cualquiera? –Y mostrando su cólera acotó–: ¡Enfermo!
Fue el momento en que sin pensar me tiró un florero que pude esquivar apenas, el cual terminó escarchándose contra la pared.
“¡Carajo con esta loca!”, pensé al tiempo que me tapaba la cara a consecuencia de los escombros.
–¡Loca, pará! –le grité–. ¡Pero que.!
Quedé mudo, cuando la vi tirar por el balcón de un doceavo piso, mis pertenencias.
–¡Pedazo de una anormal! –mencioné– Pero que.. –Y ya sin entender ese cambio brusco de actitud, fue cuando el golpe no demoró en hacerse notar. Claro, en medio del caos reinante no me percaté de ello.– Loca no. Locasa. –Acoté queriendo terminar la situación a como diera lugar.
La había visto horas atrás en un club nocturno sobre la rambla. Habíamos dialogado, reído, tomados unas copas, y luego..
–¿Entrás? –Había dicho ella, invitándome a su departamento.
Entre un beso y otro, vino la música melódica. Fue cuando la quise abrazar de atrás, más, evitó todo contacto riéndose.
–Servite un trago –me dijo desviando el abrazo– ahora vengo, me voy a poner más cómoda.
“¡Vaya! –Pensé en ese momento–, ¡si esta rebuena la piba! –Y para reafirmarme me dije para mis adentros–: ponete cómodo, que ésta se te da”.
No fue así.
Luego de otras copas y unos cigarros, entre besos y arrumacos, terminamos en el dormitorio.
“Pero, ¿a quién estoy tratando de convencer? –Si fue la piba la que, cerrando la puerta me despojó la camisa–. De hierro no soy”. Pensamientos.
“Si entre esa forma de moverse, el vaivén de su trasero, y su cintura, era para volver loco a cualquier cristiano. ¡Joder!” Otros pensamientos.
Hicimos el amor –¡y vaya como!–, pero cuando quise..:
–No. Por detrás no –respondió secamente.
–Pero querida –le dije melodiosamente–; Si.. –en una mera actitud de galán.
Su proceder cambio.
–Pero, ¿quien te pensas que soy? –dijo–. ¿Una cualquiera? –Y mostrando su cólera acotó–: ¡Enfermo!
Fue el momento en que sin pensar me tiró un florero que pude esquivar apenas, el cual terminó escarchándose contra la pared.
No se como salí de ahí. Pero lo hice. Una anciana que asomaba su cabeza, luego de escuchar su griterío me vio.
Mi gesto fue elocuente.
–¡Hay diosito mio! –ella mencionó cerrando de golpe su puerta. Lo hizo, no sin antes peregrinarse tres veces y pronunciar unas “avesmarias y demás”.
Un taxista se apiado de mi, no sin antes haberle tenido –claro–, que dejarle el rolex a cambio del aventón.
“¡Carajo con esta piba –me dije para mi después, ya estando en la comodidad de mi casa–. Loca no. Locasa”.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;3997152 dijo:
–Mujer con fuego en las entrañas –mencioné–, pues no solo eres ardiente, viciosa y consentida sino.. –como ella no decía una palabra, solo me miraba, claro, echando chispas, proseguí–: insidiosa, gruñona y con un genio de mil demonios.
–¿Y vos nenito? –respondió, porque eso, responder, ¡vaya que si lo sabía hacer! –¿Qué esperas de mi caballero de atuendo sin igual? Agridulce te tornas y a pesar de quererte mostrarte cerebral, sin moral actúas. –Luego de un silencio y al verme sin responderle, sólo mirándola desde el sofá, ella continuó su diatriba–: Actúas sin mostrar el dulce a la hora de hacer el amor.
–Realidad o ficción –le respondí–, ¿es una quimera, o simplemente la vida es una línea que no sabe la diferencia?
–¿Qué? –Ella quedó en silencio observándome, sopesando lo último que mencioné y luego de recomponerse acotó–: tu diatriba es simplemente un lastimero desplazamiento. Golpea duro donde más duele.. –y como vio que no le decía nada, mencionó–: De ti me alimentaría, si tan sólo una parte de tu ser se entregase.
–Un lleno total “sin frenos ni peros” –acoté–. Sólo que hay un espinal estigma tiznero dentro de mi. –Como ahora se quedó callada, agregué–: Es simplemente una lontananza enclavada en mi alma, sumida en soledad. –Fue cuando callé.
–Te refieres a.. –ahora se había sentado a mi lado–, que te cerceno las voces de tu corazón. –Fue el momento en que me acarició la mejilla. Una lágrima pretendía salir, más no podía.
–¿No te das cuenta del omiso, ese “sin voz” –le decía mirándola–, ese que vive de lo que dejas, tan ajeno a tu moral, andajoso, se halla a consecuencia de tu falta de amor aunque sepa que eres una mujer con fuego en las entrañas.
–¡Mi amor! –Me respondió cerrándome la boca con un beso.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;3985142 dijo:
¿Es eso posible tío? Tú eres el bendito experto. ¿Puede alguien cambiarle la vida tan de repente?
Ricky tampoco contestó esta vez, pero la pregunta resonó en su interior. Días atrás, Vicky, había sido una adolescente más. Era extrovertida, poseía muchos amigos, y estaba bien conceptualizada en el colegio.
Había ido a los casilleros que estaban dispuestos en el largo corredor, el único que tenía ese Centro Estudiantil. Lo que encontró en él, la dejo estupefacta.
–¿Qué pasó? –Ricky preguntó sin rodeos.
–Alguien le dejó una felicitación en la taquilla del colegio. Ya sabes, una de esas bonitas tarjetas sensibleras y nada originales, de tamaño gigante, que venden en cualquier centro comercial. Todavía…
Su tío se movió incomodo en el asiento.
–Esto es lo que te haré pequeña –rezaba una pulcra frase que acotaba–: te gustará y pedirás más.
La tarjeta poseía una foto donde un hombre sodomizaba a una niña. Cerraba la frase con una firma: “Frank”.
–¿Conoces alguien así tío?
“Fernández”, pensó, en el silencio que se acento entre ambos.
La adolescente apenas cumplía 12 años cuando eso. De ello, había transcurrido una semana y Vicky no quería salir ni a la calle siquiera.
–No. Tengo que colgar.
–Pero...
Luego de la conversación Ricky quedó callado y sentado.
“Lo mataré –pensó–. En absoluto. No parece cosa suya. Es inofensivo de verdad. Solo irritante.”
Se preguntó si su sobrino hubiere percibido la mentira en su voz. Lo dudaba.
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Rubula;3841369 dijo:
La sala estaba abarrotada de libros unos sobre otros esparcidos por el suelo, arriba de mesas de madera así como una farola, una por aquí otra por allá, iluminando toda la estancia dando un efecto grisáceo. Se podía apreciar banderolas esparcidas a lo alto de una pared, sucias por supuesto.

En el ambiente existía un olor rancio, producto propio del encierro, así como la humedad, la cual daba la sensación de frío sobre el cuerpo.

–¿La mitad del camino? –Le preguntaba al guardián– ¿Qué son ellos?

El hombre que se hallaba frente a mi tenía un libro muy vetusto abierto en determinada página donde se apreciaban ciertos dibujos que databan de épocas inmemorables, me lo giró hacia mi lado para que apreciara bien la figura. Hizo un a pausa y me miró; su gafa pareció por instantes caersele de su nariz.

–Exactamente lo que dice –el contraluz hacía un efecto fortalecedor en la fisonomía de nuestras caras, la de él denotando unos pómulos prominentes, la mía, un tanto difusa a consecuencia de su forma regordeta– existen en la mitad del camino, entre el nuestro y el de ellos..

Por encima de nosotros el revoloteo de unas palomas que habrían entrado por alguna banderola abierta y descuidada, se hizo escuchar en el silencio que ocasionaba el final de esas palabras –..el de ellos.. – ocasión que, me hizo mirar hacia arriba no pudiendo apreciar nada, salvo las sombras, que jugaban con los estantes y libros viejos que estaban esparcidos por todos lados. El anciano, siguió el movimiento de mis ojos, mirando hacia arriba no dándole importancia a lo que me extrajo la concentración, y continuó haciéndo que lo mirare.

–Poseen poderes limitados en nuestro mundo –colocó su dedo índice, en determinada frase debajo de la figura que describía una escena dantesca– Lea; nuestro lugar de existencia no es una verdadera barrera para ellos.

–¿Entonces? –La postura de mi cuerpo había cambiado, ya no estaba inclinado observando el contenido, sino que me había puesto en una posición más erecta apoyando mis nudillos sobre la mesa llena de suciedad.

–Están en una misión –El hombre cerró el libro, dándose vuelta para extraer otro en tanto depositaba el que había abierto en su lugar; lugar que por cierto sólo el conocía– ha sido activado, quieren llevarle a determinado lugar.

–..a determinado lugar –Llegó a hacerse un silencio.. hasta que otro libro era depositado sobre dicha mesa. Estaba absorto a lo que decía y hacía, pero igualmente me hizo saltar a consecuencia del golpe del manuscrito sobre la superficie sólida. Una nube de polvo se esparció alrededor nuestro en tanto procedía a abrirlo como sabiendo que buscaba– Vea. Los sumerios creían que esa fecha era importante ya que..

El silencio que había hasta ese entonces volvía a ser perturbado por el revolteo de las palomas que iban de un lado a otro por todo el recinto haciendo que perdiera la atención, pero fue algo fugaz.

–.. ya que.. –El hombre leía unos párrafos del libro, acomodando sus gafas para citarme el texto– se abriría una puerta y por ella pasarían ciertos seres inmortales nunca vistos; ese día sangre inocente se derramaría.

–Lo he estado viendo hace dos meses –le comentaba a éste preocupado.

–Eso es porque conforme se acerque la fecha –El anciano se erguía en si mismo en tanto su cuerpo iba adquiriendo otra forma, mas infrahumana, más como la de un demonio en tanto, su voz comenzaba a tomar otro cariz– más poder tienen en vuestro mundo.

–¡¡Sois nuestro y así será!! –Un demonio se presentaba en toda su magnificencia ante mi, haciéndome trastabillar cayéndome en consecuencia instante en que, volvía a adquirir la forma del anciano que había ido a consultar; su voz volvía a ser normal.– Sangre inocente se derramaría, un círculo se forjara destruyendo su fe, trayendo consigo miseria al mundo.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;3809675 dijo:
–Tu característica es la de ser un sastre –la miraba directamente; los ojos de ella parecían decir todo, pero, ésta callaba– todo tu ser se viste de un desecho, el cual distoriciona la esencia que se oculta causando una hedienta hambruna.

–Insano ser –Le llegaba a replicar ésta, apoyando sus muñecas sobre que su cadera– por tu penar tu corazón sangra haciendo fracasar la capacidad de absolver.

–Es que acaso el abstenerse –Dejaba a un lado el vaso de whisky que sostenía con su mano derecha – o bien, no es acaso siquiera el poder agraciar la razón que esgrimes.. tu sentido de entender.

–Vos adherís una especie de voltaica vigila a la razón –le sacaba de un golpe el brazo de él, girándose hacia la cocina– ello, incita en vos eso que solamente la lava de un volcán es capaz de esculpir.

–¡¡Ja!! Y lo tuyo.. es como un espinal estigma tiznero –mencionaba esas palabras al tiempo que la hacía girar sobre su cadera, obligándola a mirarlo– es pujante, aunque disculpa que te lo diga, ello.. es cero ante el sexo. No sos capaz de practicarlo.

–¿Y vos nene? –Ella dejaba el sartén a un lado– te suena como dulce acaecer y frases sin ser anunciadas cuando en lo referente al amor, este se posa delante de tus narices y no eres capaz de enternecer siquiera un poquito.

Así se abrazaron y un beso acallo –no eres capaz de enternecer siquiera un poquito– para convertirse en seres transgresivos ante la ética, en convulsivos seres mancomunados en un presuncioso sentir con un deseo hasta indecoroso.. se podría decir.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;3774767 dijo:
Recuerdo que era un día soleado y por esa época, el calor no era tan fuerte a pesar de ser verano, probablemente por el efecto del mar atemperando el clima; la gente se movía de un lado a otro, en el muelle de ese pueblo de casas blancas y calles estrechas, localizado en la Costa de la Luz, cito en Andalucía. Ese pueblo costero llamado Conil.
Estando de turista, disfrutaba de unos entremeses en un restaurante que daba a La Playa del Atlántico, una especie de costanera que daba a una playa hermosa.
Estaba comenzando a degustar un besugo de la pinta, un pez extraído esa mañana por los pescadores del lugar, cuando lo vi.. Jerónimo.
Recuerdo que le hice un gesto con una copa de de un excelente vino blanco oriundo de la zona.
Jerónimo bajaba de uno de esos barcos para turistas ricos que iban tras la emoción de pescar un pez de gran emergadura. Me saludó, en tanto se despedía de los turistas que llevaba haciéndome un gesto como que lo esperase. Era el dueño de un barco de pesca y había estado por la zona del faro de Roche emplazado en una torre de almenara, por la Ensenada de la Traición.

-Botija, ¿qué estáis haciendo por estos lares? – Me acababa de levantar de donde estaba, una mesa situada sobre una terraza que daba al oriente del puerto, con vista hacia éste, pero a lo lejos. Estrechamos las manos y lo invité a sentarse.

-Hace unos días que llegué Jerónimo, estoy de vacaciones. –Le respondía en tanto hacia gesto a una hermosa andaluza, que atendía las mesas de afuera para que trajera una copa extra y compartiramos un Navazos-Niepoort 2009, vino blanco de buena cosecha oriundo de la zona.

Hermoso lugar por cierto el pueblito de Conil. Lugar donde a noche se vuelve fiesta, y por las calles empedradas se vive pleno el amor; en la plaza hay adornos de cadenetas y en el aire compases de acordeón.
Con el paso de los años, Conil de la Frontera ha ido evolucionado. Ya no está dedicado tan solo a la comida local porque el turismo ha traído una variedad de gastronomía, abriéndose restaurantes de todo tipo de cocina internacional.
Pero, aunque los restaurantes de comida internacional en Conil se expandieren, sin duda, el plato por excelencia en este bello pueblo de la costa de Cádiz, es el pescado y, en especial, el atún de almadraba.

-Jerónimo, si mal no recuerdo a vos te gusta la música lejana de la feria. –El estaba saboreando una sabrosa tapa. Digo pues..

Fue cuando, una andaluza de esas, de toda ley se nos acerca, a menos eso fue lo que pensé al verla denotando por el paso que bien lo conocía; en ella afloraban de las fuentes de sus ojos cual manantiales de risa cristalina, acallando de forma repentina rumores del verano entre matojos.

-O meu amor, non tes idea do que eu entrei no Mercado do Porto- la miré y ella seguía viéndolo a él, con esos ojos negros crespones, que brillan sin remedio.

-Te presento al Botija –Dijo éste- Botija ella es mi mujer, Anabella, es oriunda de Ferrol, aunque ahora vive aquí en Conil.

-Um pracer seor –Fue cando se acomodó en la mesa y extrajo dos carteras de ubrique y unas muestras en madera, diseños exclusivos de la ebanistería locataria.

-Botija ven a conocer Conil, conozco ciertos parajes atípicos, que no van los turistas –Jerónimo mencionaba mirando de reojo a su esposa que parecía no haberse percatado que estaba con uno– Te invito a recorrer el casco histórico donde está el caserío blanco.

Y así fue que conocí Conil junto a Jerónimo y Anabella; Conil es un pueblo acogedor, de casas sencillas, de calles estrechas y encaladas, de ventanas y balcones con geranios, de patios de vecinos colmados de macetas, donde por las noches sus gentes se reúnen para 'tomar el fresco' hasta bien entrada la noche.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;3736866 dijo:
El día pasa..
Pasa, que estás de pie en algún lado
y te das cuenta
que no quieres ser ninguno de lo que están a tu alrededor.
No quieres ser el maldito que le han reventado la cara.
Tampoco
padre, hermano o cualquier integrante de tu familia.


Como un espejo particionado, así, como conjugando un amalgama de partes inconclusas tu “YO” como el “EGO” cual deseo de pasión etérea lograron confabularse en un único llamado; la doma de uno por el otro. Un mezcleo.


No quieres ser la Jueza, ni siquiera ser tú;
sólo quieres salir corriendo.
Salir a toda ostia del sitio en que estás.


Es que está en uno, cual el fuego hace al canto una unión y así como éste, fragua desde las tinieblas su clamar de un inicial salto mustio; un cierto torrente turbio, tormento que desde éste brama, cual fuere el silbido de una fausta flauta.


Y de repente ocurre.
Algo se acciona,
y en ese momento sabes que las cosas vana cambiar..
y han cambiado. A partir de ahí ya no volverán a ser lo mismo.
Lo sabes.


Quedaste congelado en cierto momento de tu existencia; todo lo que te había reocupado hasta ese entonces se fue por la letrina. Cual manantial en medio de la foresta o un volcán, reposando intranquilo, subyacía dentro de ti un ser de voz baladí, silente, más... intranquilo.
Hilando fino, ello para ti siempre ha restado de lo que queda en la cesta y es así, que dicha voz, ha sido molesta; hilando fino, siempre dispuesta.


Ya no hay vuelta atrás, lo sientes,
y justo entonces intentas recordar
en que momento comenzó todo.


Entre las lagunas y el barro fresco, la lluvia matinal como la escarcha, la ventisca del frío invernal así, entre la gurisada transitabas.
Entre el pueblerío y los nenes de mama, entre un rancho de lata en el descampao, entre la nada y el todo.. vos guri, la túnica de la escuela y el balón.


Descubres que todo comenzó antes de lo que pensabas.
Mucho antes..
y es ahí, justo en ese momento,
cuando te das cuenta que las cosas sólo ocurren una vez.


Sentiste ese aroma de una fémina gustosilla cual cerezos incipientes, cuando a tu lado ella pasó; trotabas.
Casi te trastabillas al verla caminar pausadamente, con esa sinuosidad propia de una damisela provocante que hace girar hasta el menos osado.
En sus brazos habías llegado a anhelar por una noche de amor y desenfreno, pasión y deseo.. ¡que sea tuya! en único instante.
Más, luego de conocerse, resultó en un ser dominante ya que en el amor.. fuego dispondría, cual pura candela, indomada.. sin freno.
Por ello es que entre sus brazos morías.


Por mucho que te esfuerces,
ya nunca volverás a sentir lo mismo.
Nunca tendrás la sensación de estar
a tres metros sobre el cielo.

En sus ojos negros.. ¡lujuria! Cual brillo de estrellas.. así era su reflejo.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;3673410 dijo:
–Señor, tiene visitas –La encargada de atenderlo, suministrarle sus medicamentos y demás mencionaba dichas palabras al tiempo que con los nudillos golpeaba la puerta que daba a su aposento.

–Le repito nada de decir o mencionar algo que le dispare los recuerdos del pasado –El señor Julián, padece de de lo que se podría interpretar como que vive en una realidad alterna, confunde las cosas y el momento actual ¿Me ha dicho que usted es pariente?

Otra época - Casa de la familia Huerta.
Había arribado a la casa de mi padre un sábado cerca del mediodía, cuando mirando entre sus pertenencias me llamó la atención un libro extraño. Con una encuadernación peculiar –poseía un membrete que a consecuencia de su uso difícil discernir su significado– y sentado frente al hogar de leña que antaño era usado por ellos para calentarse, me puse a leer. Quería saber.

11 de julio de 1950. Predio de los Henderson. – El Libro.
“Había arribado junto a mi equipo al predio donde antiguamente auspiciaba de loquero; su dueño, el único que quedaba en vida había autorizado su ingreso a las fincas que le componían. Todavía era de día, pero presagiaba que iba a ser una noche movida.”

Misma fecha. Predio de los Henderson
–¡¡Humm!! –Ana, mi esposa con el maletín con contenido tecnológico de avanzada, equipos fílmicos, de audio y demás, al verse frente a frente al lugar mencionaba no se si para si, o para mi, hablaba en voz alta– No me gusta nada; tengo un mal presentimiento.”

11 de julio de 1950. Predio de los Henderson; 11:30 PM. – El Libro.
“Haría unos minutos que había dejado la cinta de atar a mí costado a consecuencia, de estar moviendo una camilla de enfermeros donde antaño se colocaban los cuerpos de los enfermos para ser trasladados.
Haciendo el giro de un trompo ésta, se movía alocada detrás de mí sobre el borde de una mesa que estaba repleta de instrumental quirúrgico. Había ido para reubicar unas cámaras de lugar para que apuntasen hacia otra zona .. más hacia el pasillo”

Otra época - Casa de la familia Huerta; 11:30 PM.
Ya la lectura me tenía interesado; no me había percatado de que se avecinaba un frente de tormenta, lo que haría que más tarde la nieve, fuere más abundante de lo normal. No podía dejar de leer, por lo que atiné a encender el fuego para caldear el ambiente y proseguir con la lectura.

12 de julio de 1950. Predio de los Henderson; 01:59 AM.
“Algo nos llamó la atención por los monitores, en particular en el ala derecha del hospital. Hablando de ello el predio lo conformaba 5 fincas separadas por un terreno agreste. Una alarma había sonado, por lo que mandamos a Juan y Esteban a investigar”

12 de julio de 1950. Predio de los Henderson; 02:23 AM.
“Juan, iba detrás filmando con cámara infrarroja, en tanto Esteban medía la temperatura del corredor que daba a la zona de los quirófanos cuando…
El audio como el video se cortaban y se escuchaban las voces de éstos, pero también otras. Luego los vemos correr. En una pieza que hacía más frío de lo normal, la cámara tomó la imagen de un espectro”

Otra época - Casa de la familia Huerta; 01:59 AM.
La tormenta hacía rato que se había asentado haciéndome la idea de que iría a pasar un fin de semana largo en la casa de mi padre. Dejé un libro a mi costado y me propuse a hacerme algo de comer cuando.. veo la figura de mi madre, Ana María cruzar delante de mi desvaneciéndose a través de la puerta, no antes habiéndome hacer un gesto con el dedo.
–¡¡Mamá!!

12 de julio de 1950. Predio de los Henderson; 04:14 AM. – El Libro.
“Todo en la sala de se volvió loco; las cámara entrecortaban la visual, el sonido por instantes era extraño. Como que había varias voces en todos lados, incluso.. de niños.”

Otra época - Casa de la familia Huerta; 04:14 AM.
–¡¡Mamá!! – y la vi por el corredor en la parte que daba a los dormitorios. Me miró y se desvaneció a través del dormitorio de mis padres.

12 de julio de 1950. Predio de los Henderson; 04:53 AM. – El Libro.
“Corríamos por los pasillos captando lo que veíamos, asimismo las cámaras fijas ubicadas estratégicamente. Una enfermera que lucía de la década de1880 cruzó mi cuerpo corriendo llevando una camilla con un soldado con la pierna apuntada. Ese instante sentí un frío de muerte. Giré la cabeza hacia mi compañero y fue cuando vi a mi mujer caída en el suelo gritando; prácticamente estaba dando a luz.”

Otra época - Casa de la familia Huerta; 04:53 AM.
Vi una imagen subreal. Estaba en el año 1950 viendo varias personas atendiendo a mi padre que acababa de perder a su esposa, el día anterior. Decidieron internarlo ya que lo que decía eran incoherencias de que su mujer… fantasmas y un ente.

En la actualidad.
–Soy hijo por el ala materna; su esposa era mi madre –Juan Esteban, un hombre de unos 40 años, bien vestido, había arribado a la Mansión donde descansaban las personas de la tercer edad.. con plata, por supuesto– Según me contó mi tío que me crió, Ana María, como se llamaba, me dio a luz instantes antes de que todo sucediera.
–Bien le dejo con su padre –mencionaba la nurse, en tanto cerraba la puerta con sumo cuidado detrás de mi.

Una figura de un anciano canoso, en silla de ruedas, mirando hacia el ventanal que daba al patio donde tomaban sol algunos pacientes, perdido en la lejanía de su mudo interno se aparecía ante mí.

–Viniste. –Ahora veía a mi padre delante de mi parado sonriéndome.
–Si. Nos vamos.
– Si, es hora. –Ambos, yo y él, nos desvanecíamos de la estancia donde su cuerpo quedaba sólo; tenía bajo mi regazo el libro– Ahora veremos a mamá.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;3646696 dijo:
Para ellos, sus padres, nadie podía ser pobre en América. Después de seis años de disecciones, castraciones y meterle la mano por el trasero a cientos de vacas, al final de ese día sabía que sería graduado de veterinaria; para el final de la noche sería el primer hombre que a Marissa Bermudez, la llevaría a la cama. Al menos.. es lo que pensaba.



Esa noche.
El viejo Buick, corría raudo por los caminos vecinales de tierra que componen la periferia del pueblo. Don José y Celestina sus padres volvían de una reunión en el pueblo; iban al rancho, su hogar.

–Francisca todo un caso –Mencionaba Celestina al tiempo que abría su cartera para sacar un prendedor– ¡Que vieja pícara que resulto ser! Viste cuando..

–No mujer –la voz de su marido, ronca y denotando que éste estaba pasado de unas copas de más, le respondía al tiempo que sin mirar el camino intentaba abrir el maletero para extraer una petaca con vodka dentro. No le alcanzó lo que había ingerido en la fiesta – ¡¡Pero que diantres!!

–.. ¡¡Pero que diantres!! –Una vieja vaca que hasta unos instantes había estado a un costado decidió ir a la otra orilla para dormir. Fue el instante en que el vehículo atinaba a cruzar, golpeando al animal a la altura de su cadera.

–¡¡Josee!! –el golpe acababa de sacar el mismo del camino para incrustarse de lleno en el arroyo que separaba el pueblo de su hogar. Al golpear al animal no lo pudo controlar y en vez de acceder al puente de madera, estos se incrustaron en el agua.



En el Estudio de Abogacía
–.. para el final de la noche sería el primer hombre que a Marissa Bermudez, la llevaría a la cama. Al menos.. es lo que pensaba. –Ese pensamiento corría por su mente cuando Don Francisco Hernandez de la Huerta, el abogado de su familia, le explicaba la situación.

–Verá –Era la primera vez que él acudía al estudio; veía en el abogado un hombre gordo, un tanto canoso con un mostacho prominente detrás de su mesa – La casa y otros bienes, incluida la Clínica que poseía su padre, Don José que en paz descanse, son ahora propiedad del Banco.

–Pero, pero..

–Déjeme terminar –Con un ademán de manos, esa frase quedó trunca– Los documentos que avalan la decisión del Ente Bancario se sustenta en que su padre, depositó como garantía, su casa y la Clínica.

–¡¡No puede ser!! –El reciente veterinario incrédulo a lo que oía no dejaba de exclamar lo mismo– Verá, no éramos ricos, pero tampoco indigentes; usted mismo lo ha comprobado cuando ha ido al rancho.

–Estos documentos poseen fecha de cuatro años atrás a la fecha del incidente que tuvieron sus padres, Don José y Celestina –El teléfono había comenzado a sonar cuando Don Francisco Hernández de la Huerta grita “No estoy para nadie”– Sino hubiera sido por su educación y no hubiese ido a la Universidad..

–¿Qué me quiere decir? –El veterinario con su traje de frack, el cual quería acostarse con Marissa Bermudez, le increpaba– ¿Qué estoy en la ruina?

–Esa es la razón. Sino hubiera ido a la Universidad.. –Haciendo un gesto con las manos como “y que se le va a hacer” y mirando su reloj como diciendo “ya es hora” Don Francisco decía–Todavía tendría su casa..

–¡Váyase al Diablo! –El portazo del “Estudio Hernández de la Huerta” se hizo oír por todo el local.
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Rubula;3436270 dijo:
Era una noche de mucho frío. No solamente ello afectaba la visibilidad de la cuadra, a eso, se le sumaba una neblina pegajosa que hacía que la luz de las farolas de la calle se vieran con un halo a su alrededor.
Un vehículo aparcado aquí otro por allá y algún que otro transeúnte atinaba pasar por el sitio, claro rapidito, y lo peor es que comenzaba a nevar.
Un joven. Al menos así aparentaba, aunque por su vestimenta y su barba rala lo hacía ver mayor, estaba recostado sobre la pared encima de un colchón roído como mohoso; le acompañaban tres perros cual de ellos más sucios y sarnosos que, no dudarían en mostrar sus dientes a aquel que se le acercase a su dueño.
Se ató el antebrazo y con una jeringa que precisamente no estaba en buenas condiciones comenzó a inyectarse el “acido”, término con que en el ambiente se conocía una dosis del ácido lisérgico o LSD.
Su compañera, se podría asumir que tendría unos treinta y tantos miraba expectante para su dosis nocturna, pero no podía contenerse por lo que, amarilló el aceite previamente. En pocas palabras para buscar mayores sensaciones cuando hiciera el amor hizo una bajada (amarillo) de hachis (aceite).
El díler, el vendedor de la droga no se hacia ver habitualmente. Aunque no fuere importante, actuaba de intermediario por lo que, revendía pequeñas dosis del “gallo” (dígase marihuana) o “goma” siempre que el hachis fuere de buena calidad. Claro había que pagarlo.
Si no era con plata, era con un proyectil en la cabeza. Pero antes, el diler debía abastecerse de mercadería con el conocido como “gasolinera”, personaje que estaba un escalón arriba del díler. A ese quería hacer caer los “estupas” o policías de estupefacientes. El efecto del LSD sobre la corriente sanguínea no se hizo esperar; la ansiedad consecuencia del “viaje” o sea la sensación eufórica por los trastornos alucinatorios, se complementó con el hecho de hacer el amor sin higiene sobre lo helado de la vereda. Preservativos no existía.
El joven había adquirido una dosis importante del “ácido” en su forma original en pasta. Luego con una cuchara calentó el producto hasta licuarlo y así inyectarse, pasos previos para que el “viaje” fuere placentero.
Haciendo el amor en esas condiciones, comenzó a agredir a su compañera, comenzaba así a sentir el efecto del “flashback” o “mal viaje” cosa usual que se da luego de ciertas dosis de tal mercadería.
El “flashback” se hacia sentir en forma de un retorno transitorio de emociones y percepciones experimentadas bajo los efectos del LSD. Al llegar al orgasmo tomo de la cabeza a su compañera golpeándola contra la pared sacando parte de la masa encefálica. Luego se puso a dormir.
Cuando fue capturado, no tenía conocimiento del hecho, y estando en un Centro de Rehabilitación lo trataron por efecto de la “burbuja” como también se le denomina al hachis pero el de buena calidad, el denominado “chocolate”. Había caído en manos de los “boqueras” o funcionarios de cárceles comandado por el “baranda” o Jefe de la Cárcel.
Un día lo encontraron muerto. Lo querían como “bujarrón” o homosexual y como se negó en la madrugada recibió un “bardeo”, en otros términos le insertaron una navaja en el cuello por no convertirse en soplón.

Aclaración.
El FLIPADO es aquel que esta alucinado por la droga (flipar, flipante, flipe)
Los términos utilizados aquí son del argot propio de la droga como el utilizado dentro de una Cárcel.
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Rubula;3375526 dijo:
El anfiteatro estaba repleto. En tanto esperaba que el presentador terminara su trabajo, me había fumado tres cigarrillos al hilo, hacía tiempo que no asistía ante tantas personas reunidas por la disertación que esperaban que hiciera. Cuando ello tuvo lugar, luego de la primera frase parecía que había logrado hacer ello desde siempre; detrás de mí, una pantalla gigante me mostraba en toda su magnitud. Estaba saliendo por televisión.
–Todos vosotros estáis jodidos – Con ello acallaba el eco de los últimos aplausos, en tanto la atención se hacía más evidente al dar cierta pausa para que los ecos de esas palabras no cayeran en saco roto –lo sabéis, pero sois la generación ninja.
–Sin ingresos, sin trabajo – Mencionaba mientras me paseaba de una punta al otro del podio, y entre frases, hacía un silencio adrede cuyo cometido era captar la atención de todos –Sin trabajo, si ganancia, sin mayordomo.
–Alguien me recordó los otros días –Todos el mundo estaba expectante de lo que quería decir; el cameraman había enfocado un primero plano de mi cara y gestos –que una vez dije, que la avaricia era buena. Ahora parece que es legal.
–Pero amigos –El contenido de esa última frase, “legal”, hizo que la risa inundara todo el anfiteatro lo que me hizo callar unos segundos y mirarlos fijamente, deteniéndome en mi andar; ocasión que aproveché para encender otro cigarrillo. –avaricia, hace que el barista que esta en la esquina de mi hogar compre tres casas que no puede adquirir sin dinero.
–Avaricia, hace que vuestros padres – Ahora si, tenía la atención de todo el mundo y estaba saliendo a través de EWTN Channel en vivo –financien una casa de 200.000 dolares en 250.000, luego utilicen esos 50.000 para otras cosas: compran una LED TV, celulares , computadoras y dicen “¿por qué no otra casa?”
–Es la avaricia la que hace que el gobierno de éste país –Haciendo una pausa en el medio de la frase estando sentado en el relleno del podio; acontecía, las primeras volutas de humo del cigarrillo que había encendido. Todos se hallaban escuchando atentamente –baje el interés del 1% a luego del 11 de septiembre.
–Para que vayan a comprar otra vez; tienen bonitos nombres para los varios tipos de créditos –Terminaba de decir esas palabras con lo último que quedaba del cigarrillo –CMO, CDO, SAB, ABS. Saben, creo que hay 75 personas en el mundo.. si 75, que saben que son. Pero les diré donde están.
–Las ADM o Armas de Destrucción Masiva – Ya me estaba recorriendo de nuevo de punta a punta el podio –así se les decía cuando estaba lejos, la avaricia parecía por aquel entonces que se fortalecía con algo de envidia. Los grandes financieros se iban a su casa con 5000 millones de dólares al año.
–El Banquero.. – En ese momento yo detenía el cauce natural de la frase a propósito y los volvía a mirar –miraba a su alrededor diciendo para si “mi vida es muy aburrida” comenzando a partir de esa aseveración a modificar su interés, el de él, no con el suyo, no. Con el vuestro.
–el de él, no con el suyo, no – por ese entonces de la disertación hacia un gesto con el dedo hacia atrás – con el vuestro. Porque puede hacerlo.
–..con el vuestro. –A esa altura de los acontecimientos el gesto era evidente, con el dedo los señalaba a todos en la platea –Porque puede hacerlo. Ustedes deberían ganar no ellos y lo lindo del trato es, que nadie es responsable porque amigos.. todos beben del mismo lugar.
–.... todos beben del mismo lugar – Algunos ya se habían parado, otros, se mantenían sentados, pero sin importar que hacían, a esa altura aplaudían como locos –Entérense amigos, el 40% de las ganancias corporativas en los Estados Unidos provienen de los servicios financieros, no de la producción estadounidense.
–Tomamos un dólar, lo llenamos de esteroides y decimos que es un ejercicio. Yo le llamo la Banca engrosada. – La gente que había venido a escuchar el discurso no paraba de reír a lo que hice un silencio adrede para resaltar lo que pretendía dejar claro. – Y odio decir esto, pero vivimos en un modelo de negocio en bancarrota; es sistémico, indignante y global. Es como el cáncer. Es una enfermedad y tenemos que luchar contra ella.
–¿Cómo pondremos esa enfermedad a nuestro favor? – Dejando que el tiempo se asentara y la gente dejase de reír, encendía otro cigarrillo en tanto miraba fijamente la cara de los presentes. Con ello dejaba que la pregunta calara los estratos más profundos de la psíquis de los oyentes – Se los diré en 3 palabras “Compren mi libro.”


–… Se los diré en 3 palabras “Compren mi libro.” – Todo el auditorio para ese momento me ovacionaba parado, en tanto yo, seguía moviendo el libro a un costado de mi cara para delante y para atrás.
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Rubula;3367699 dijo:
Se sentía y de igual forma se veía como mirando a través de un globo, en tanto que su conciencia vagaba. Su cuerpo se me antojaba como una piedra... sin embargo era mi propia sustancia física, pero en posición fetal.
Para describir mejor la sensación, diría que se asemejaba a la imagen obtenida por un cameraman profesional, en tanto, mi alma se desprendía de mi físico desnudo.
En principio no entendí lo que estaba ocurriendo ya que había estado durmiendo pese al intenso calor de la noche, pero algo motivó que adquiriere conciencia, salvo ello, todo parecía estar igual al momento en que me acosté. Sin embargo la toma de conciencia de éste, mi nuevo estado, vino a posteriori de lo que describo.
Luego de un tiempo que por su naturaleza yo lo sentiría como indeterminado, recibí el llamado de retorno, donde el espíritu se amalgama con su contraparte física lo que me generó una importante arritmia.
Durante todo ese lapso de sensaciones estuve en medio de una transición entre lo material y lo espiritual.
De pronto mi llamado corpóreo me llegó en forma de pequeñas gotas de sudor que empapaban mi fisonomía desnuda; las sábanas de la cama se habían convertido en mi segunda piel. Fue ahí, que una bocanada de aire caliente se deslizó laringe abajo quemándome por dentro.
Pero, gracias a Dios solamente fue un sueño, ¿Lo fue?
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Rubula;3359713 dijo:
Llovía. Era uno de esos días grises que hasta el alma del barrio se entristecía. Cuando Eva, una niña de unos ocho años se levantó esa mañana, el ventanal de su alcoba vibraba por efecto del viento. El temporal arrasaba con todo lo que a su paso se interponía y para colmo, recién amanecía.
Sin nada en el estómago, mal vestida, tenía que correr unas míseras cuatro cuadras hasta la casa donde trabajaría de sirvienta; hija de un matrimonio donde su padre era una figura desconocida, la palabra “papa” era eso, un simple término y donde su madre, procreaba hijos como quien se cambia de ropa.
Era la mayor de tres, donde ninguno era hijo del mismo progenitor, salvo “la negra”, su madre, tal cual la conocían en el barrio.
Esta última, mendigaba antes del amanecer en las afueras del Centro Comunal de los Feriantes siempre y cuando el alcohol y porque no, la droga, no hiciese lo suyo o estuviera con otro en el mismo techo que convivían sus hijos. Total, la historia siempre ha sido igual.
Esteban de seis, raquítico, con sus pantalones cortos roídos por la vejez y la suciedad iba de la escuela al centro, en sulky, una especie de carruaje tirado por caballos que lo utilizaban para cargarlos de bolsas y desperdicios que la Sociedad se encargaba de almacenar en la calle. Quien lo acompañaba… Eva, cuando podía.
El de tres, Fabian, gustaba de jugar entre el basurero que lindaba a un arroyo maloliente cercanos a una fabrica de productos porcinos.
Quienes incursionaban el lugar dos por tres, lo castigaban y el se desquitaba tirándole alguna que otra piedra usando una honda, a los muslos de sus caballos escuálidos, cuando estos pasaban delante de él tirando un sulky. No faltaban las palabras malsonantes de sus propietarios cuando el esquino se desbocaba.
Una honda vendría a ser una especie de horquilla hecha de madera con una goma anexada en sus puntas.
Cuando Eva dejaba la escuela, siempre que fuera ya que el faltar era moneda corriente, debía encargarse de sus hermanos, limpiando sus ropas, o lo que su madre, la negra había dejado tirado.
Una noche se escucharon gritos.
Sus dos hijos se escondieron al tiempo que lloraban; su madre, era vapuleada por un extraño que le pedía plata para la droga, al no conseguirla comenzó a romper todo lo que tenía a mano, hasta que lo enfrento Eva con sus ocho añitos. El extraño la quiso violar. Esteban sin tener conocimiento y más impulsado por el temor, le insertó un cuchillo en la espalda.
Eso fue años atrás.
La Sociedad colocó a los tres menores de edad en el INAU, Un Centro de Rehabilitación de menores, que entraban por un lado y se escapaban por otro. Esteban, ahora de 12 años, ya era poseedor de un prontuario grande de delitos contra la Sociedad. En el ámbito policial se le conocía con el apodo de “El Pelado”; su hermano menor de 9, se encargaba de llevar la droga de un lado a otro por unos pocos centavos. En el ámbito policial se le conocía como “El Ñato”. También se escapaba del INAU.
Su hermana Eva, ahora de 14 años, luego de unos meses de convivir ahí había sido adoptada por una familia un tanto más pudiente, pero tenía que trabajar para su sustentación.
De su madre, la negra, como la conocían en el barrio nunca más se supo de ella. Fue trasladada a otro Centro de Rehabilitación, pago por la Sociedad por supuesto.
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Rubula;3358831 dijo:
Yo sabía que serías una mujer con fuego en las entrañas, algo me lo había dicho, llámese presentimiento, pero hice oídos sordos a tal llamado de la razón.
Recuerdos. Los recuerdos se agolpan cual si fueran cajas repletas de imágenes volátiles.
Estábamos a orillas del Orinoco donde el río Negro se da la mano con el Brazo de Casiquiari, ¿te acuerdas?
Vos estabas tratando de aprender a tejer la fibra del moriche con una mujer indígena de una de las tribus donde se juntan dichos afluentes. Vivías con ellos por ese entonces.
Yo había ido en búsqueda de cierta planta que entre una de sus propiedades era quitar la picazón.
Vos estabas ahí como una estudiante de la Universidad Bolivariana de Venezuela ya por recibirte de antropóloga. Debías una materia, y esa era la razón por la cual convivías con ellos.
Llegue con un cuatro terrenos, me acompañaba Anacleto, un perro. Fue el instante que me presentaron al jefe de la tribu; vos venías por uno de esos caminos de la selva junto a dos indígenas de una recorrida matinal.
Lentamente te acercaste y me besaste los labios; cerré mis ojos y sentí nuestros cuerpos unidos. Sería que nuestras almas se habían encontrado en ese mundo bolivariano.
Algo notaron los indígenas, mientras el motivo de mi llegada desde Puerto Bolivar se revelaba ante el médico de la tribu. Se agachaban, luego mucho después supe la razón, veían en mi aura un aspecto de chamanismo. Nunca había creído en ello, pero la prueba que pasé una semana después, nos unió.
Te llevaron conmigo a una choza alejada, en ella estaba la hija del Jefe, muy enferma. Cuando entré casi me caí, existía una fuerza muy poderosa dentro del lugar. Vos me ayudaste.
Con el transcurrir del tiempo, comenzamos a tomar confianza y ya me vestía como uno de ellos. Desde una cascada nos tirábamos al agua, pero siempre Anacleto nos ganaba.
Hicimos el amor.
Tome de tu boca la fuerza, el fuego. Esa noche te desbocaste entre mi sudor y tus manos llegaste a la locura, te sumaste a mis delirios yo caí...
Todavía desconozco que brebaje me dieron, pero estaba loco por vos, por poseerte. Mi vientre fue el refugio de tus miradas picaras entre las sabanas de seda y tu lengua flameante me deje llevar por tu calor, y fui tuyo, tanto que no recuerdo mi vida antes de esa noche.
Cual lava candente los sentimientos impregnados en el aire se hicieron notar; como la piedra es al suelo, así nos compenetramos moldeando una sola necesidad.. la de dos amantes entrelazados entre sí. Siguiendo una melodía no escrita, ambos cuerpos, una sola esencia.
Cada peca, cada lunar que hoy a mordidas reclamo míos pienso y digo aún ahora, luego del tiempo transcurrido: “querida, deséame y sin sentido, solo tómame.”
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Rubula;3348472 dijo:
Recuerdo la primera imagen que me llegó de ella estando en el bar leyendo el matutino en tanto, me servían un café con par de mantecados. Fue cuando la vi entrar. Lo primero que mi vista se centro fue en sus ojos; mirar sosegante, hermosa como pétalo naciente.
Casi me quemé, porque estuve a un tris de volcarme encima la taza de café humeante. Se movía sinuosamente cual un camino agreste para dar idea de los giros de cadera; bella dama de atavío visual.
Cuando quise reaccionar al primer impacto visual, ¿qué se le ocurre hacer? Pues, sentarse en una mesa lindante a la mía y sin prestar atención a los pocos comensales que ha esa hora eran habitúes del local, procediendo a sacar de la cartera que tenía sobre su regazo, su móvil; ese instante se me tornó paradisíaco ya que el aroma que usaba se esparció al los cuatro vientos del clarecer.
Ese cruzar de piernas donde su vestido dejaba entrever parte de entrepierna, ello, me hacía tener expectante mi conducta, ya para ese entonces el café se me había enfriado y parte de mi mantecado estaba por el suelo; lo mío era silente, observante pero al mismo tiempo escudriñante cual lacerante todo conjugado en uno solo. Ese cambio de pose en tanto hablaba a trabes del móvil, con parte de su vestido por encima de la rodilla fue para mí una incitante estimulación pues, comenzó con un sudor frío como si fuere una corriente. Cohibida vestimenta.
Con esa melena al aire lasciva al menos así se me antojo que era, en cabeceo apacible e ignorante en su accionar, no se que le dijo a la persona que la atendía.
-La cuenta por favor – Atine a decir en tanto mi gesto se tornaba inconcluso y hasta reticente; en mi mente toda una imagen de sexo desenfrenado cruzaba por cada poro de mi piel: primero, una mano temblorosa tocando cual caricia tierna y tímida, luego, en audaz accionar un beso. En frenesí pasional dos cuerpos fusionándose; ella y yo, un flash.
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Rubula;3348342 dijo:
Y si nena, como no se te va hacer un sueño si tu vida ha sido y es una utopía, ¿no te has dado cuenta todavía? Que los sueños, sueños son.
Aún recuerdo el momento aquel que como brazas atizando el desliz de un dedo por el cuello, entramábase una hoguera y una danza asentada. Así de un cuerpo, un suspiro dábase. Pero vos no podías con tu condición, era mayor que vos: muñeco de trapo, un juguete; entre conducta caprichosa y sensatez irreverente un títere, en tus manos era.
Y todavía pretendes creer en eso de “ser un poco de mí, consolándote con escuchar cada día mi voz”. No te has dado cuenta que lo nuestro ya paso.
Mira, cual ventisca que acuna la duna, movilizabas mi ser tal como acuñando, un alma infrecuente; vos eras como decir.. una mujer con fuego en las entrañas, ardiente, viciosa, consentida. Eso.
Como un cielo límpido, claro, así tus ojos azules y penetrantes.
Aún recuerdo cuando os decía bella dama que la luna palidecía ante vuestro transitar.
Ante vuestra sutileza cual la brisa del nordeste rendido caía ante vos. O acaso las mariposas no os había dicho de mi sentir.
Cuando quinceañeros, en un instante fugaz tu cara se había llegado a trocar en un poema indescifrable. Aún recuerdo con delicadeza cuando deposité un beso sobre tu mejilla haciéndote ruborizar tiempo en el cual, tu boca se convertía en una mueca de asombro. Sentiste un latigazo. Fue la circunstancia en que te sonrojaste bajando los ojos gesto que, te dejó sin habla.
Pero tu carácter nena. Tu carácter. Incidosa, gruñona, inquisitiva con un genio de mil volcanes, tu expresividad manifestase a los cuatro vientos del averno.
Quieres saber si duermo en paz y saber que me tienes a mí en tus sueños..... Luego de lo que pasó, no nena, ya no más, maniquí de tus caprichos de nena malcriada. O te olvidaste de aquel día en que coqueteabas con igual pasión expulsándome como si fuere un ocasional amante una vez su cometido cumplido; extraías mi esencia desechándolo. ¿ta?
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;2996878 dijo:
¡ja!! Y esta piba piensa que soy de ella, ¿qué? ¿Soy algo que se compra? Es cierto que me gusta incursionar por el precipicio de su piel. Cuando sonrío la tengo atrapada, aunque cree que por ese hecho, mis sueños y mis deseos se desplazan hacia su realidad.
¿Qué realidad? La de tenerme atado a sus caprichos. Recuerdo cuando te conocí mija. Caminabas por el parque en un día primaveral dejándome tieso como una tabla; delicada, sexy, pasando un foxterrier a al vera del camino. Te aproximaste seduciendo, sumisa sin demostración.
Y pensás que todavía sigo siendo tuyo. Despertá nena, no tengo prisa por llegar a tu corazón pues no me interesa detener los monstruos cotidianos para decirte que te extraño. Si lo nuestro ya fue. Fue sexo, ardor, cuando cual gacela te aventuraste a un mundo ignorado, extraño como negado por vos. Rompiste en ese instante una aspereza fetichista, ya que tus temores grabados los expeliste. Fue cuando nos conocimos íntimamente. Pero todo eso pasó, despertá del letargo che.
Esta bien se que pensás que todavía sigo siendo tuyo, en tanto la noche se apiada de vos la cual retrasa la llegada del amanecer. Cuantas veces te he dicho que eras lava por dentro pero tu comportamiento todo un iceberg. Ardiente como un volcán al tiempo que aplacada. Y cuando todo pasó. Quedó la cáscara, ya que demostraste quien eras. Poseías una objetividad intríneca o ¿sería una incomprendida verdad? Tu juzgamiento era discernido y errabundo.
Sabés, aún así sigo queriéndote.
Rubula · · 0 comentarios Historias cortas
Rubula;2969809 dijo:
Tarde en la noche, en medio del parque de la mansión de los Juarez, lejos de miradas indiscretas, se hallaba Sara, una señora de alrededor de 80 años dialogando de la siguiente forma con el cura que había casado a su nieta, Ana.

-Siete meses luego de que te fueras a Angola, la tuve en mis brazos, si la hubieras visto tan chiquitita con su dedo asiéndome al mío, llorando. Por ese entonces estabas en el Seminario. Mi pobre Catherine. Claro, no podías saber de ella ya que cuando me enteré que estaba embarazada quise correr a tus brazos. Mi padre que era médico por aquel entonces, me lo prohibió ¿Qué iba a pensar la Sociedad de enterarse que la hija de un prominente médico había sido embarazada por un aprendiz de cura? Mi padre que en paz descanse hizo todo lo posible para que abortara, pero no lo dejé, lo que ocasionó que me fuera de casa.

-Sara – El cura la abrazaba como acunándola –Consagré mi vida a Dios y en el caminó desatendí mi amor hacia vos. Cuando te vi por vez primera en la Iglesia me di cuenta lo equivocado que estuve estos 50 años que han transcurrido. Años que para olvidarte, me fui de misionero a Angola, y Costa de Marfil. Despotriqué contra el Señor, no podía aceptar que me sometiera de nuevo al martirio de verte de nuevo. Cuando cruzaron los anillos, Sebastián y Ana, mi mente me jugó una mala pasada. En dicho instante, el que se casaba era yo pero contigo, por eso los expulse de mi Iglesia. La distancia, lo que sentía por ti, ese amor que creía finalizado volvió con toda la fuerza que posee un corazón fuerte, y debido a ello, es que logré terminar el Seminario.

-Cuando creció no pude jamás enfadarme con ella. Catherine de alguna forma, sean por sus ojos azules, o su mirada tierna, me reflejaba todos esos momentos vividos previo a la Guerra, y durante ésta. Todavía me acuerdo de ese campo de amapolas que hicimos el amor como dos chiquillos atolondrados.

-Me has hecho casar nuestra nieta– Las veces que rogué a Dios que no me dejara verte más. Fue así que me fui a Angola primero y luego a Costa de Marfil, pero tu fantasma, ese, en que ambos éramos chiquillos, me siguió. Solo luego de años de misionero terminé en esta Iglesia que nos vimos de nuevo; lo que menos pensaba era volver a encontrarte. Dios me hizo esta jugada. Temía que eso sucediere, pues, todo lo que hice para olvidarte, de nada sirvió. ¡¡Mi querida Sara, mi amor!!
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