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Prosas de JULIA

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MP · · 2 comentarios Prosas de JULIA

Introduje mi mano sobre mi pecho con una facilidad pasmosa, indolora, como si la piel fuera agua que no ofreciera resistencia alguna. Lo agarré en la palma de mi mano y, con un sólo tirón, lo extraje fuera, colocándolo sobre la mesa.

Bombeaba de forma irregular, a veces, acelerada, con una extraña energía que lo levantaba a cada latido dos palmos de su superficie; otras, quedaba repentinamente quieto, inerte, como si aliento alguno le diera vida.

Su ruido era seco y grave pero también inconstante y variado, redoblaba al compás de sus arbitrarios movimientos y quietud, como si fuera su eco, con algunas milésimas de segundo de retraso, como el trueno que sigue al rayo en la tormenta que está cercana.

Me sorprendió sobremanera sus textura rugosa, áspera, como las manos callosas de alguien que lleva trabajando demasiado tiempo la tierra, sin protección alguna. Tenía huecos y espacio acolchados, dunas crecientes y movibles, a ratos tan finas que parecían esquirlas. Su tono era oscuro, casi morado, aunque si te fijabas atentamente se percibían motas, casi invisibles, de un rojo carmesí, profundo, otras sonrosadas.

Enseguida me percaté de su gran sensibilidad a mis movimientos, a mis sonidos, incluso al aliento que mi boca exhalaba. Fingí agotamiento, respirando de forma acelerada, y comenzó a dar botes incontrolados sobre la mesa. A continuación me concentré en un beso suave, dulce, exhalando un aliento cálido, y observé como se allanaba, se extendía sobre la superficie, relajado y tranquilo, hasta su color se suavizaba haciéndolo casi transparente y el tejido tornaba a seda, desapareciendo repentinamente su pedregoso aspecto.

Frente a mí era ¡tan vulnerable...!, podía enloquecerlo con mi voz, aplastarlo con mi mano, incluso, con sólo el pensamiento, se moldeaba a mi antojo, danzaba al son que yo quisiera, emitía los acordes que yo le ordenaba; si gritaba, él gritaba; si lloraba, él gemía; si reía, daba brincos como una niña a la comba, manifestándose en breves, muy breves y alegres silbidos.

Ahí, afuera de mí misma, respondía a mis órdenes.

Fue como una revelación, tenía en mis manos el control de mi tristeza, el remedio a mis angustias. Tomé ese pequeño órgano y lo introduje en un recipiente de cristal, cerrándolo herméticamente al vacío. Quedó extendido en su interior, ocupando todo su espacio. Silencioso, quieto, aparentemente tranquilo. Las paredes cristalinas se cubrieron de un halo de vapor helado, enturbiando la visibilidad de su contenido. Volví a probar: lloré, no hubo alteración alguna; reí con carcajadas histéricas y estruendosas y ni un leve movimiento se produjo. Encerrado en aquel habitáculo estaba inmunizado y, con él, percibí que mis sentimientos quedaban también aislados, aletargados. No sentía presión alguna en mi pecho y en mis ojos parecía que se hubiera colocado un lente que alejaba de mi mirada todo lo que me rodeaba. Hasta la luz del sol quedó ligeramente eclipsada, todo el paisaje era menos bello, pero no sentía preocupación alguna, me daba igual mi entorno.

Lo dejé allí, abandonado, en un lugar aséptico y esteril. Me sentía cómoda en ese estado de "insensaciones", de orfandad sentimental y, sin darme cuenta, me fui acostumbrando al "sinsentir", ajena incluso a mi propia persona, fría, desprendida y distante, sin importarme a dónde me llevaran mis pasos en aquella senda surrealista, absurda y vana que es la vida.


22.4.06
JULIA

corazon%2Bencerrado.jpg


Imagen extraida de http://2.bp.blogspot.com/_74_KBCGSUEg/RgVtm-F3eNI/AAAAAAAABHw/Gpjnh7AhyUU/s400/corazon%2Bencerrado.jpg
MP · · 1 comentarios Prosas de JULIA
FRACASO

Se encerraba en su despacho mirando y mirando documentos, libros, enfrascado en internet, buscando sin parar doctrina con interés casacional, jurisprudencia, haciendo fichas, tomando notas... Imprimía apuntes, taladraba las hojas, las clasificaba... Llevaba días que no hacía otra cosa, como si pretendiera en unos meses llenar de conocimiento toda una vida.

Pero hoy su hiperactidad quedo detenida en un punto inconcreto de la pantalla; al cabo de media hora de quietud me pareció extraña tanta calma, así que me acerqué y le pregunté:

-¿ya has conseguido toda la información?

Alzó sus ojos y con una mirada serena, repleta de una tristeza infinita, me contestó:

- ¡he perdido tantos años!... que, ahora, es absurdo pretender que puedo demostrar a otros lo que no soy. No tengo nada que ofrecer, ni a ellos, ni a nadie. Soy una pose, una falacia y ellos se darán cuenta.

- no digas eso, no es cierto, muchos te admiramos y la vida de muchos no habría sido la misma si tú no estuvieras ahí sentado; además qué más te da, no pierdes nada por intentarlo- le dije sin saber bien que añadir.

- sí, sí que pierdo, de hecho ya lo he perdido, se ha roto este caparazón donde me sentía cómodo; he visto a otros, más jóvenes que yo, preparados, dispuestos a delatar la mediocridad de mi existencia. Ellos irán conmigo y será aún más palpable mi indolencia, mi fracaso y tendré que volver aquí y luego a otro sitio, deambulando como un paria.

- ¿Fracaso? pero si nunca lo has intentado, es la primera vez que te presentas.

- No hablo de ese examen, hablo de mi vida, de la vida que he tirado por la borda. No quiero quitarme la vida pero no me importaría morir en este instante, nada le ha dado a este improvechoso devenir mío y nada me debe.

- sólo estás cansando por eso te sientes decaído, llevas horas ahí sentado, vete a casa y mañana volverás con más fuerza, con esa alegría tuya de cada día.

- ¿ves?, hasta en eso os he engañado a todos...

12.11.2010
JULIA
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JULIA;3023500 dijo:
LA RECUERDO PEQUEÑA...

La recuerdo pequeña, muy pequeña, con su rostro en mi pecho, acurrucada sobre mí, como una niña en brazos de su niña y llorando...; lloraba desesperadamente, lloraba de impotencia, lloraba por los años que pasaban, lloraba por el amor agotado, por la pasión no sentida. Lloraba y su llanto era el rumor más triste de la soledad, era el quejido que brotaba de la honda frustracción, del sentir sin rumbo, del futuro perdido. Nunca la había visto llorar hasta ese día, pero ese día afloraron todos las lágrimas. No fue una confesión, ni un grito de auxilio sino sólo el murmullo de la amargura.

Sus pupilas semejaban verdes hojas repletas de rocío. ¡Qué hermosos eran sus ojos! aun inundados. ¡Cuánta vida albergaban! quizás, quizás por eso se deshacían entonces, ahora lo sé; se sabían llenos de intensidad, de fuerza, de ganas de vivir; esos bellos ojos estaban hechos para ser admirados, amados, para ser inspiración de mil poemas... Era una aventurera sin venturas, una heroína sin batalla, era llama sin Otelos. Y la arena caía, resbalándose entre sus dedos.

Paró la lluvia y a la tarde sucedieron otras tardes... otros días. Ajetreados, serenos e insípidos. Nunca más la vi derrumbarse, quedando su secreto conmigo..., hasta que una mañana sus párpados ocultaron para siempre el verdor de su mirada.

Aún me viene a la memoria aquel día, últimamente es un recuerdo recurrente... tendría entonces la misma edad que tengo yo ahora, pero yo..., yo no sé llorar.


25.10.2010
JULIA
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