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La muerte parte los sueños en tres,
eyacula pena,
sigue impávida su procesión parsimoniosa
en busca de almas desiertas.
Llora la tierra sus hijos muertos
ríe la muerte a carcajadas su hazaña infernal.
Avanza en su procesión implacable,
enciende sus cirios macabros
y reza a su Dios negro.
Lleva en sus hombros la chatarra oxidada de la vida
los deshechos del hombre desahuciado.
Monta su caballo famélico
y con su guadaña afilada
cercena sueños de grandes y pequeños.
No respeta capillas ni monasterios
en todo mete su lengua de falaz serpiente.
En épocas de guerras hace su festín
baila alegre desvergonzada.
Su procesión continúa por el mundo,
ella siempre lo ronda y él ni se da cuenta.
Llegada la noche, un séquito de brujas en fila van, vestidas de negro y cantando una música infernal, Adelante van las más vetusta y las más jóvenes con sus calabazas en la mano van. Se interna en el oscuro bosque y encienden una fogata y danzan alrededor de ella, levantan las manos, y profieren sus mágicas palabras hechiceras ¡Waho¡ !Mingho¡¡Ghony!Wualap ¡wualap! Las jóvenes sacan de sus calabazas restos de niños y lo arrojan al fuego, y este prende en altas llamas. Ellas ríen, ríen a carcajadas, y bailan más desenfrenadas aún alrededor del fuego ardiente. Otras cojen sus escobas y vuelan cerca alrededor de las llamas ¡Y no les queman!
El ritual continúa, invocando a Satán, quien ya viene en sus capas negras, entra en el centro de las llamas y se lleva las cenizas de los pedazos de niños ya quemados. Se los lleva en una bolsa El fin del rito viene ya, El diablo o satán saciado está. *Autora : Edith Elvira Colqui Rojas-Perú.
Derechos Reservados
*Advertencia: Ésta es una obra meramente literaria.
Ver el archivos adjunto 41806Ver el archivos adjunto 41807 Una casa antigua del siglo XVI. Extraños hechos suceden uno tras otro. Las cosas desaparecen de su sitio y aparecen en otro. ¡La cocina se prende sola¡ ¡Ese cuadro no estaba allí! Se mueven las taza y los platos. La mesa vibra. ¡Qué miedo!
En los cuartos las luces de la velas se prenden y pagan. Por las ventanas entra un viento que silva. ¡Se mueven las cortinas! Se escuchan ruidos extraños aterradores: Llantos de niños, risas de hombres, mujeres que gritan.
Es la casa de actividad paranormal con extraños seres blancos translúcidos, que entran y salen. Nadie dura en esa casa maldita. En una semana cambio de inquilinos 7 veces. No aguantaron el terror y el espanto. Les carcome el miedo. ¡No, no entres! Puedes morir de susto.
Gritos y llanto en la ciudad.
Gente asustada, aterrada.
¡Los zombis nos invaden!
Zombis, monótonos, acres.
La mirada fija. Los ojos brillantes.
Están en todas partes.
En los restaurantes, en las tiendas, en las discotecas.
¡En tu casa!
Zombis asesinos. Que te comen hasta el alma.
Te dejan como muerto.
Con los ojos inertes
Sin vida.
Quieren apoderarse de la tierra.
Ser un ejército poderoso.
Exterminar la raza humana.
Los zombis lo logran. ¡Casi toda la tierra ahora es zombi!
Son despiadados .Atrapan por el cuello a sus víctimas.
Los degüellan. Los comen y les absorben hasta el alma.
Ni la policía, ni el ejército pueden con ellos.
¡Las balas no les hacen nada!
Quieres defenderte: Gritas, corres, pero es en vano.
¡Te absorbieron!
Ya eres uno de ellos.
Que pena.
La tierra es ya,
planeta de zombis.
Son las tres de la madrugada Gélidas sombras escapan de sus tumbas hambrientas de sangre Son varios días de noches sin víctimas el estómago les pide alimentos, cruentos Caminan prestos a la ciudad, con ropas desgarradas y polvo mugriente Son espectros violentos que atacan a sus víctimas y las dejan inertes...
En la ciudad doliente se oyen quejidos sufrientes Niños que lloran, mujeres que gritan, hombres aterrorizados... Los espectros son asesinos en serie, cogen cuchillos y se lo clavan ala gente. Otros se gozan destruyendo todo a su paso vuelan por los aires, papeles, restos de mesas rotas, esquirlas de vidrio, Todo es un caos en la ciudad de las sombras Los espectros quieren aniquilarla, destruirla por completo Muchas cabezas ruedan por el piso con sangre, mucha sangre Mujeres con ojos níveos y muertas de terror, pedazos de piernas y manos sangrientas Los espectros han saciado su sed destructiva y regresan a sus tumbas, todos manchados de sangre. Mañana sera otro día...
Un hombre de mirada sigilosa. Acecha en la noche. Lleva una capa y sombrero negro.
Cruza veloz la acera mojada, Se esconde entre callejones. Porta una maleta misteriosa, la lleva a todas partes. ¿Qué habrá allí adentro?
Todos los días el ritual se repite, en las noches oscuras, cruza la acera, con la preciada maleta. Se dirige al callejón de la calle Amapola. Abre la maleta y… ¡Horror¡ ¡Pedazos de piernas, brazos y tórax!
Indicios de su fechoría fatal. De su mente desquiciada, y una vida atormentada.
Saca los restos de la maleta y los coloca en una bolsa negra. Amarra la bolsa siniestra y las deposita en el tacho de basura. Usa un guante negro para ocultar las huellas de su crimen mortal. Mañana será otro día, para la cacería infernal. Pero algún día, la policía, te va atrapar.