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La muerte parte los sueños en tres,
eyacula pena,
sigue impávida su procesión parsimoniosa
en busca de almas desiertas.
Llora la tierra sus hijos muertos
ríe la muerte a carcajadas su hazaña infernal.
Avanza en su procesión implacable,
enciende sus cirios macabros
y reza a su Dios negro.
Lleva en sus hombros la chatarra oxidada de la vida
los deshechos del hombre desahuciado.
Monta su caballo famélico
y con su guadaña afilada
cercena sueños de grandes y pequeños.
No respeta capillas ni monasterios
en todo mete su lengua de falaz serpiente.
En épocas de guerras hace su festín
baila alegre desvergonzada.
Su procesión continúa por el mundo,
ella siempre lo ronda y él ni se da cuenta.
Tu amor de infierno, en sus llamas de fuego me quema, seduce mis instintos, los revuelca y sangran... Algunos lo llaman amor yo lo llamo infierno, porque me arrastran a las hogueras del paroxismo ciego, soy como una zombi arastrándose en tus calderos, soporto el incendio de tu amor veneno. ¡Quiero agua! me quemo, si no me besas, muero. Tus llamas me queman en lenguas gigantes, pero no hago resistencia, estoy condenada al infierno de tus caricias de fuego mi piel flor blanca hierve en tus calderos, mis cabellos arden, mis pupilas enrojecen, la serpiente de tu fuego me cubre toda. Y me quemo, me quemo...