Una lengua incandescente
Una lengua incandescente
lamiendo, a la tierra mía,
terrorífica y caliente,
tras de sí deja vacía.
Cuando el rojo en la montaña
se sube a lomos del viento
aviva su andar violento
con una inclemente saña.
Ruge la fiera en la fronda
ansiando la destrucción,
macabra, cruel y honda
trae la desesperación.
Nota: El fuego rodeó la ciudad donde vivo hace un tiempo. Se oían gritos de desesperación en las cadenas humanas que formamos para transportar unas gotas de agua que apenas servían para apagar los focos más pequeños. De madrugada, al fin, llegó la lluvia tras el huracán que avivaba los múltiples fuegos encendidos por unos terroristas implacables. Escribí estos versos de rabia contenida.