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Poesía de origen oracular-.

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BEN. · · 0 comentarios Poesía de origen oracular-.
Yo diré en voz alta

aquello que me persigue

y apenas deja tregua mientras,

su llama infernal, conquista

cada gota impura de mi oasis.

Es este original baile de disfraces

continuo

el que arremete contra mí y mi pecho

otrora

indiferente. Son los puentes

destinados al comienzo de la vida,

los que peligran, los que están en juego.

Son los sagrados hilos de los que pende

la vida

los que aparentan ruina.

Diré de la vida y su apariencia siniestra.

Diré de la voz que surge de mi propia voz, enamorada,

celestina.

Matrimonio más alto no se ha visto sobre la tierra.

Almohada contra almohada desalojo con desalojo.

Y llanto tras llanto, rodar de dientes en eterna disputa.

Oh consuélame, buen hombre, dígnate a mostrar

tu figura errante y errática por las noches oscuras y dinámicas.

Yo diré que sangre me insta a palidecer ante los colores.

Hermosos ángeles tropezadores que veis mis pies desde los llanos.

Contratadores de manos de cal y viento.

Rosales ardiendo en mitad del desierto, incombustibles.

Este sereno arder de las lecciones de la violencia.

Esta cosecha inmemorial de los cereales vomitivos.

Yo diré por qué mi pecho arde y se lastima

como un enebro solitario que buscara compañía.

Yo diré por qué arde mi voz en clara contradicción.

Y los vientos conquistados, y las secretas calmas

de la noche embrujada.



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BEN. · · 0 comentarios Acuarelas-. Poesía de origen oracular-. Poesía nocturna-.
Tributo con mis pies despojados

de herramientas y tristes utensilios

las maderas obsequiosas donde

trituré mi adolescencia y mi infancia.

Son sacrilegios que me permito:

sangres indolentes de vidas pretéritas,

consecuencias insomnes de rostros ausentes.

Mi vida resplandece casi tristemente:

fuera del exterior de un cuerpo iluminado,

en la verticalidad del día inmenso e infinito.

Los verbos delicados imaginan sus preferentes

ideas, y lastimeramente, exigen sus perfecciones

al dios de la saliva. Infantes de muslos delicados,

guadañas de fiereza dormida, ausentes, tus ídolos

de inventiva desgraciada. Duermes con la ropa

encima, los lazos nocturnos escancian su pelo,

sobre largas cabelleras de vino. En la partida del mundo

tu cuerpo busca su esencia-.



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BEN. · · 0 comentarios Poesía de origen oracular-.
Pulo como en un laúd

los resortes internos de

mis armas poéticas. Son

breves insinuaciones de agua,

suspendida a kilómetros

sobre la tierra herida y vieja.

Soy derrumbe sobre el cielo.

Pinto las acuarelas magnéticas

y derribo los altos entresuelos

matemáticos. Finjo estar ausente,

como un esqueleto, en las escuelas

divinas y obsoletas. Mi espíritu

suelta una procesión lenta de blasfemias

hasta saciarse. Luego, acoge en su seno

las benditas obsesiones de la tierra.

Dedos proféticos, malformaciones exiliadas,

canciones agoreras, límpidas nebulosas

del cielo radiante.

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BEN. · · 0 comentarios Poesía de origen oracular-. Poesía surrealista-.
Es febril en su anarquía.

Tristes, los gatos meriendan valentía.

La agonía pretendida salió de sus zarpas

como un dolmen o una odalisca.

Tristes, los ánades fabrican melancolía.

A altas horas de la madrugada, un cansancio

de ideas visita los hornos preferidos de las panaderías.

Tristes, los gatos emulan su cuello impávido, de cisne.

Las merendolas, los altos chopos altivos, de la ribera

y de los ríos que flotan, con sus aguas protegidas.

Tristes, los gatos lloran su próspera mancebía.

Las algarabías y los pescuezos rumiantes

celebran su aproximación a la inmortalidad.

Un cesto de insectos produce la eternidad de una mosca.

El sensato oligarca transmuta los peces en ríos fluviales.

Bajo palio se esconden los rosáceos animales vertebrados.

Tristes, los gallos aúllan tras el graznido del último lagarto.

Las consejeras del alba, apoyan los latidos con grandes alharacas.

Laúdes herméticos forman arrecifes de recuerdos y memorias.

Lúgubres matemáticos asesinan la última posibilidad de los idiomas.

Ahora, los poetas comen del imperio, hay un paseo por las rondas

con macetas de cansancio.

Antes, había muros con polvo blancuzco orinado con leche de galaxias.

Tristes mármoles inundan los armarios con sus muslos y esqueletos de sangre.

Dormitan a la orilla, patos grávidos de atmósferas ideales.

Tristes, las aves mueren para que sus madres les den trocitos de cuarzo y ron.





(Algunos cadáveres murmuran muerte para los urogallos.

La saliva que gastan en meditar junto a la eterna calavera,

les da para dar limosna o propina.

Alguien tan esbelta como usted, no debería pisar

una sola hoja de hierba.

Las tráqueas están para ser solicitadas por correo)



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BEN. · · 0 comentarios Poesía de origen oracular-.
Hay un lamento soterrado

una cicatriz impuesta por ídolos nocivos,

una vieja cartografía de nubes cuyo color

se condensa, en estaciones de vapor, con

líneas ferrocarriles estridentes y sumisas.

Hay algún cuerpo exhausto

un perfil de luna inexacta,

un carbón incendiado que irradia el cielo,

minerales de cartón piedra, que evocan

una estampida de niños en su mayoría de edad reciente.

Y un obsoleto cincel esperando el desgaste

de los días. Un cinematógrafo compulsivo

mostrando internas imágenes exteriores,

unas trenzas dispersas sobre montones de heno,

sobre montículos de arena empapada.

La escultura insólita del aire con la avena,

de la chica que llora su tristeza en mitad del desierto, en medio de una báscula abandonada.

Eriales de dominio público, contagios de sangre,

vómitos deseosos de mezclarse, confabulados dones

de aves irredentas que suplen el hastío de sus cuerpos indomables. La yugular seccionada de un toro.

Y hay una vieja tristeza insostenible, donde el luto

de las avenidas silentes, cumple con ulular todavía

adolescente. La materia degradante de un sexo humedecido por el viento húmedo, un saco de almendras.

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