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De Salvador González García,
mi padre, al Sacromonte
¡Ay! Sacromonte gitano,
vecino del Albaicín,
no sé cuál será tu fin.
Pues por mucho que me afano
no consigo descubrir
quién pueda darte su mano.
En noches de primavera,
desde la Alhambra dormida,
oigo extinguirse tu vida.
Y mezclarse en la ladera
llantos de gitanas finas
con palmas de revoleras.
De la guitarra el lamento
y la hiriente soleá
dan muestras de tu orfandad.
¡Ay!, qué enorme sentimiento,
¡quién te pudiera salvar
de ese final que presiento!