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En los salones
donde las estrellas se ofenden
las voces se elevan.
Rayos de poder agitan el suelo
donde se desmigaja la sinrazón
de la luz, fugaz y frágil.
Eclipsada por un poder
que gira en alcobas
de propiedad privada
como un tren sin rieles.
Corona adornada
con almohada de lento calado,
pensando lo que desea
pero el collar es lo que pesa,
máscara de polillas violentas,
leopardo de larva bullente.
Se dobla ante las sombras
un mirar eterno aplastado
por amores de vena hueca,
espaldas envueltas
en resurrección desplumada
por cadena de cuerpo entero.
Hilo que busca el terreno de siembra libre,
la sabiduría de los sueños
donde la llama florece ante leyes
forjadas en fríos designios de leyes
creadas bajo sed insatisfecha.
Ilustrados en despotismo carnal,
privilegio mantenido a mordiscos,
en arroyos cristalinos,
el costo de la vanidad
en súplica silenciosa,
desfiladero abierto a base
de síncope en el vientre.
Rebelión de flores absueltas
antes de morir marchitas,
supremacía del todo ante la fragancia,
el poder de la sinrazón
ante la pureza de los labios.
Dedos sin ningún título valioso,
vaginas heladas en sectarismo encubiertas,
praderas de pueblo con rama honda
en esqueje,
pecho de elixir enjaulado en la oscuridad,
tiempo sin espuma en la oquedad
secó el lamento de la paloma sin vuelo.
Magma de latitud sur donde el tiempo
es año de lascivia incontrolada.
Libertad de espectro amplio
entre bosques llenos de auroras
dominados por espadas de palabras
sin sonidos.
Límite de bordes llenos de clara,
asunción de lo que no deseo en calma viva,
lo deseable en una charca llena,
lo que ascendió al cielo
llena de remordimiento.
Me envejece el llanto,
ese frío en la mejilla
es un respiro de lágrima,
un canto donde habita lo despiadado,
lo que huye del nombre
que se disfraza de apocalíptico cielo.
Yo lo vi en esa senda estrecha
donde no queda nada
después de la barbarie,
soledad y silencio
que apenas pueden andar
en pétalo de lágrima agonizando.
Son huellas de quebranto,
turbios copos de nieve
que nadie puede explicar
más allá de la fatalidad
del beso callado.
Hondo suspiro sin luz,
ya las pestañas han apagado el corazón
inundadas de melancolía
en los abismos donde el amor mata
con su flor mustia.
Nutre la pena descalza,
asciende la rosa
desposeída de la palabra,
a duros golpes de insensatez
la raíz sin techo huye apesadumbrada,
la mañana sobrevive a la noche.
Los días pasan como ríos en calma,
pero el tiempo no cura, solo abriga
y en cada esquina de esta soledad,
en la muralla del tiempo
donde el silencio pesa
un río de penas, de canto hueco
vive una ausencia que nunca se va.
Un eco de dolor ajeno
risas ahogándose en un mar de tristeza
donde los pensamientos, sienten los pasos
que después desfallecen en momentos.
Miras al cielo te encuentras vacío,
pues la ausencia galopa a pasos lentos,
es un cruel destino
las horas se arrastran, se vuelven cenizas,
y las olas del mar, con su canto profundo,
acarician las piedras, como burbujas de aire.
Sueños flotantes en aguas de cieno,
se ahogan las risas, se apagan los venenos
en vuelos de nubes
donde los sueños flotan en luces
tan fieras como amores olvidados
en versos perdidos.
Entonces cierro los ojos
respiro profundo abriendo al polvo
los viejos soportes en noche precisa.
inabarcables harapos llenos
de remiendos de ausencia
que a la vida envenenan.
Pensamientos inertes en eterno olvido
raíces emergiendo en instante febril
desbordada la mirada
el muro en calendario de nieve
empieza a envejecer en rituales constantes
que apagan la voz en gritos de magma apagado
donde se acaba el quejido de la vida.
Tengo el corazón destrozado,
como una balsa deambula la mente,
confundida en zarzas de oscuridad.
Como rayo de sombra te marchaste
sin poder comprender ese halo de viento,
instante fugaz donde todo acaba
luz que tala la sangre de los sueños.
Me diste el dolor de unas lágrimas
la pesadez de los días largos,
las noches de hierro, frías, interminables;
eran losas pesadas, capullos sin rosas
en noches de escarcha.
Intento recordar las huellas felices,
la armonía de los corazones,
tenue fragilidad perdida, entre gritos de lobo,
en la noche de las ánimas.
Cruel aceptación de la despedida,
de la pérdida de las noches de pasiones
entre gritos y gemidos nos bebemos el tiempo,
pero todo se desvanece
ante la cruel realidad de tu partida.
Así el tiempo pasa
la ausencia de tu maldad desinfecta las heridas,
las aspas de mi luz esparcen los analgésicos
que todo lo curan.
Ya no necesito tu amor para ser feliz,
pues conmigo me basto
y aunque duela recordarte, sé que fue lo mejor
seguir caminos distintos
más allá de la estela que creamos.
Amada, dame la paz,
en medio de esta tormenta que agita mi ser,
buscando una calma de vientos apagados
en las avenidas de las gardenias y tulipanes
llevándome por valles de tranquilidad.
A veces la encuentro
en esos días que la vida quita el parto
del engranaje de la maldad
en el rincón del patio donde reverdecen las enramadas
con nidos de pájaros,
tras la sal donde vive el pez. La imprimo en la piel
para apagar este fuego de sacudidas de siglos
esta hoguera de perpetuo rugir
en esta estación donde olvidé las palabras
de la zona primigenia de la mirada perdida.
Mis pensamientos buscan el aliento
de la bruma de los puertos
donde se abre la luz de la ola.
Tras la serenidad de esquelas de amor
que nutren el cauce de la corriente luminosa
como estigmas de navegaciones conocidas. En el alimento de la pasión,
en la esencia del susurro,
en el coctel de fuego,
donde los sueños legendarios y en el espejismo de la niebla
son sillas olvidadas
donde respira el silencio profundo
apareciendo el corazón tejiendo la paz
y las aves pasan ante la brisa callada,
dándome la tranquilidad del silencio.
Cansado de ver espuma en la fruta podrida donde afloran tus falacias tormentosas, provocando en mí: enfoques de pupilas extraviadas, laberintos en un jardín sin dueño, salto al abismo de la monstruosidad que presides.
Percibo tu angustia de mujer tenebrosa explosiones de arcoíris, torbellinos donde descansas de tu infierno de espejos perversos.
Te has anclado en un hedor de mañana donde comulgas tus pecados.
Cuando desnudas tus interioridades de piscina de lágrimas enrojeces mis pupilas.
En ese instante, eres metáfora de mi ceguera caminando por rescoldos de nieve donde mi sangre se convierte en un surtidor de lamentos.
Eres la maldad del amianto de mi larga noche. El veneno de una serpiente en un mundo de falsedad que tú has creado, la prisión de mi amor.
Verte caer al abismo de la vida en un agujero lleno de preguntas sin respuestas sería una explosión de placer.
Cansado de tus insidias camino hacia ninguna parte acompañado de las ánimas iracundas, esas que tú me has asignado.
Este vacío y ausencia
de plenitud,
este camino borrado
por las horas
donde los sentidos
se abren al mundo
como flores
en su madrugadora fragancia.
Esta noche trémula
de nubes grises,
donde se pierden los sueños
como estrellas fugaces
que se apagan
nadie puede borrar el rastro
de su nostalgia.
En esta oscura pradera
donde tus pasos son eco,
en este lugar
donde todo es sombra,
el viento susurra llanto
en tus dos diamantes
el corazón late con tristeza.
Pero en medio
de esta oscuridad profunda,
aún brilla la luz
como un faro en la distancia,
guiándome hacia la plenitud deseada.
Aunque el vacío parezca eterno,
sé que algún día volveré a encontrar
la carretera
que me lleve de regreso
a la plenitud de mi ser y mi verdad.
Volveré a ser aroma, fragancia
de aquellos días inolvidables
donde éramos la alfombra
de la primavera,
el corazón que susurra al agua.
En la inmensidad del horizonte, donde el mar se une al cielo he encontrado el límite de los sueños, la frontera donde se desvanece la inquietud luminosa, donde los cuentos y la realidad se mecen sobre espirales de vida.
La línea donde habitan las hadas, el halo mágico de lo visible convertido en fantasía. La valla dura e infranqueable, lugar admirado donde vuela la utopía de la gaviota soñadora.
Cicatrices profundas, llantos de sangre que susurran a los vientos, heridas donde la fragancia del desamor no es pecado y las penas de las inmundicias buscan la complicidad.
En tiempos de desolación y caos donde busco el verdor de mis laberintos yermos, donde las penas son sacrificadas. Entonces mi espíritu persevera, buscando alcanzar la libertad y la alegría.
He hallado el misterio de lo imposible, donde se esconde la magia. La fuerza me ha encumbrado para trascender los límites y volar alto.
Atrévete a soñar, a cruzar esa línea, desafiando las leyes de la realidad, porque en tus sueños reside la esperanza, y en tu corazón la valentía de alcanzarlos.
En las profundidades del silencio
sobre los reflejos del dolor eterno
en la penumbra del alma
sueños y brumas enlazados
se esconden del mal.
Como cadenas
que aprisionan el vuelo del águila
junto con el lienzo
de la noche callada.
Donde los amores tristes se van sin retorno,
dejando un vacío que solo el tiempo puede llenar,
porque ya no tengo para ti mis latidos
mi corazón está en otra batalla
en la cual se desgarra
porque mataste lo más bello de mi humanidad.
Cuando pases cerca de mí, sufriré en silencio
camuflando la pena profunda
porque el amor persiste inmortal e inclemente,
y tu aroma de rosas
será un recuerdo constante.
Libre de tus ataduras y falsos sueños rotos,
vuelvo a brillar con luz propia.
Ya no seré prisionero de tus cadenas,
mi alma renace, ¡Libre y segura!.
Añoro tus risas, tus abrazos llenos de serenidad,
cual brisa suave
acariciando mi alma en noches de plenilunio.
Eres mi sol, el cielo de mis días turbios,
la estrella que guía mis pasos
en la oscuridad de este túnel.
En cada suspiro,
en cada latido de mi corazón,
resuena tu nombre
como espuma ahogada en la arena
recordando que fuiste mi razón de amar,
mi refugio en los profundos corales.
Vuelve a brillar tu luz
sobre mi soledad dormida,
regresando cual aurora a iluminar mi cielo,
pues sin ti, mi estela es un mar sin rumbo,
un jardín marchito que anhela florecer.
Regresa a mí,
oh fuente de marfiles blanquecinos
como la vida que retorna
tras la noche que se desangra.
Y juntos, enlazados como la línea
de la orilla a un golfo
brillemos al final de un túnel
donde la luz aparece.
En las ruinas de un amor pasajero,
se esconden sombras de un ayer
suspiros de risas,
mi corazón aún percibe la oscuridad y el silencio
caminando por las hojas del viento.
Marchitos quedan los recuerdos
de aquellos besos hirientes
y la llama de la distancia se apaga
con las cicatrices de mi piel.
Sollozos silenciosos de ojos desnudos,
que buscan en la oscuridad la luz perdida.
Lágrimas que caen en la noche
como estrellas que hablan sin palabras,
testigos mudas de la sed de las pasiones.
Las huellas de cada lágrima,
son pisadas por mis zapatos desnudos
consuelos de promesas rotas
en el rincón de la desdicha.
Vestigios de pasión marchita,
se esconden en cada rincón de esta tristeza
donde las briznas de amor
se desvanecen en el aire,
como promesas rotas, sin reparo,
sin gloria ni salvoconducto.
En la fatiga de mi alma cansada,
en la oscuridad de mi ser dolorido
habrá un destello de luz
una melodía de aurora
que romperá las cadenas del invierno
y nos elevará por encima de nuestro abismo.
Por el vasto río del amor
camina en un brioso corcel
mi estela y la tuya
tejida con seda de ausencia,
alumbrada por hilos de sol de seda
y mecida por la brisa del jardín de las lágrimas.
Enjambre de néctar venido a menos,
bandada de pájaros desarbolada,
locura zigzagueante del arroyo de mi ansiedad
ebrio de tus caricias,
ausente de tus abrazos
y caracoleando en nieblas grises
echo a volar de tu senda.
Clamores de terremoto driblando a la muerte,
espiral de fábulas sin enseñanza,
no encuentro el hilo
que zurza estos delirios póstumos,
llenos de franqueza
y de un amplio espectro de osadía.
Silencio de la maldad
en renglones de desilusión,
terca esperanza, olvido,
zozobra en un mar de plástico.
Llanto de la gloria, desdén de mis desdichas,
pudor de las distancias, discriminaciones,
presagio de sombras de campanario,
tristeza de cuervo
¡Oh, mi martirio!, por qué sueño
con hojas secas respirando nuestro aliento,
alimentando nuestros aromas a hierba cortada,
a suelo mojado, cuando nos acurrucamos
y nos convertimos en el delirio de las sábanas.
Después viene la presencia de tu ausencia
que me lleva a la locura, la villanía hecha belleza,
una flor naciendo en el sendero de tu desnudez.
Circulo por un túnel de sonidos sordos
una sensación de aroma a clavo y canela me embriaga,
noche tozuda, de sudores intensos,
de momentos de bosques de mar,
sueños de gritos flameando
porque no existes, eres el delirio de mi fantasía.
Eres mi tormento, mi amor del alma
esa sensación inexplicable que ahonda en mi ser
y se convierte en falso nido,
los pichones vuelan helando la hiel de la dulzura.
Lava mi sangre, desierto de arena ardiente,
seca mi corazón con tu amor
acurrucado sobre las mieles, driblando al ocaso,
a la enfermedad del cansancio,
que es la intolerancia y la rutina.
Quiero poseerte entre tus sábanas festivas,
en tu dormitorio, custodiado por ángeles invisibles.
que cuidan nuestra historia de amor,
álgida, fresca como el agua que brota
de un manantial en la montaña.
Eso espero de ti mujer
cuando aparezcas agazapada
tal vez mirando a otro lado.
Nubes grises dormidas en la montaña
melancolía escrita en las paredes de tu cuarto,
triste flor mustia,
hojas danzando al compás del delirio
esparciendo su vida por el suelo.
En el viento que te acaricia
se encuentran la brisa de mi alma,
dando vida a tus fantasías de princesa de cuento.
Decadente flor de metáforas muertas,
chimeneas suicidas
negras columnas de humo volando con el viento
cima efervescente de otoño sombrío
complicidad de pasiones explosivas.
Qué bello es sentir el yodo de la mar
en tus cómplices susurros
sentimientos a flor de piel
entre las cruces de la tierra.
Subsistiendo a la vileza
de las pasiones más perversas
caminando como las olas entre
crepúsculos y auroras.
¿Crees que puedes amarme
aunque el camino sea frío?
¿Qué tus yemas de sangre brotan
en mis vacíos besos?.
Sé que tus manos me acarician
como la noche al sueño
el paisaje de tu cuerpo flota en el mío
como los susurros flotan
en tu pabellón sonoro.
Cierra la puerta
y abre el portal de tu deseo
ese paisaje de bosques en llamas
sediento está de mi carne
y yo huidizo le ofrezco la mano del viento.
La noche me azota
y tus ramas se expanden en mi corazón
como la sangre circula por mis venas,
como el amor vence al cansancio y al hastío,
floreciendo como las amapolas cuando es humedecido.
La vida llevándome como alma errante
sobre caminos de ternura
en bosques de ojos cerrados
atrapado me tiene.
En el balanceo de mis deseos circulo
por la rama de la aurora
que me une a tu beso.
Estirando mi mano puedo sentir
tu risa de trino de pájaro
el sabor de tus labios,
soy un alfiler en una falda,
una pompa misteriosa invadiendo tus sentidos.
Siento tu cuerpo en mi noche,
transgredes mis latidos,
eres las alas de una garza
una turgencia de amor en el día.
Yo siento penetrar árboles en mi corazón,
son los tuyos, tus perversiones,
tus ególatras ondas escuchando mis desvelos
coronando con ecos de luz mi destino.
He callado el viento con mis versos,
se ha derramado el vino en los cauces de tu vientre,
he acogido tus temblores como míos
y tus desasosiegos los he filtrado
con palabras de entusiasmo,
de amor en los prados, en las encinas..
Tu amor me ha golpeado el corazón,
es una piedra lanzada con onda,
surcando olas de campos de trigo
buscando el cauce de juncos
allá donde se forja la belleza de los jardines.
Mis mañanas rosáceas son el destierro
de tus ojos ambarinos, mi voz perturbada,
encogiéndose como un sendero de luz de racimo seco
en una vid olvidada, ni camaleones habitan en ella
es una daga contra mi mente de belleza reverdecida.
Amor, leve quietud, flor de ilusión,
amanecer de laurel y romero
abandona el desasosiego que me tiene atado
en este mundo de la poesía, maravilloso
pero también cruel y perverso.
Siento que muero, en un instante fugaz
donde el tiempo ha dejado de contar
y sólo veo emociones contradictorias
mezcladas con mi alma de fábula
en el bosque donde late la vida.
En la penumbra de mi alma se esconden
las lágrimas que brotan de un manantial
un torrente de arrugas en mi piel
que alimenta mis apenadas mañanas sin ti
Caen silenciosas, como gotas de lluvia
mojando mi rostro con su sabor a sal de ola
se deshace el nido, los pichones han crecido,
y tus caricias ya no están son un sol apagado.
Mi corazón herido por un amor fugitivo
se pierde en la alborada de la pasión
como las golondrinas
que nunca vuelven a tu alféizar
es la luz oscura del ocaso.
Humedad de barco naufragado que refleja mi dolor
hunden mi alma en un mar de desconsuelo
dejando en mi pecho un profundo desazón
porque tu lo tienes deshecho de tanta insidia.
Pero sé que algún día cesará este valle de lágrimas
la apatía la secará mi amante corazón
se llevará todo lo deshecho de este cuento
y renacerá en mí la esperanza y el encanto.
En tu jardín yacen las flores muertas
sin sol que las acaricie, sin agua que su sed refresque.
La pluma negra de cuervo pinta sus dolores
ser viviente que arruina la celeridad de mis días.
Pétalo caído en un lamento de aire
hoja seca suspiro de mi tristeza,
el tiempo se detiene en este jardín yerto
donde la desolación reina en un muro de sacristía.
Esplendor de brillo que ciega mis ojos
ahora se desvanece, es penumbra de tu belleza
en aroma dulce, perfume amargo,
y la brisa suave se ha vuelto fría y dura.
Una pequeña semilla
entre tanta desolación y desesperanza
se iza poderosa entre las arrugas
brotando entre los pacíficos
un delirio de traje de fiesta
abriendo y cerrando su aroma
al fuego de la noche.
Destello de luz del foso de la ternura,
una promesa de vida en un jardín
de estatuas dormidas.
Así que no pierdo la fe ni la esperanza,
sé que las flores volverán a ser el espejo del túnel
donde el sol brillará de nuevo,
sobre este jardín donde el animal
será vencido por la profunda fragancia del amor.
Entre las líneas de mis sueños
besando la sombra de tu anillo de boda
en el centro del anochecer
imagino tu despedida.
Un triste adiós de película melancólica
mientras los demonios atormentan
mis recuerdos como flor sin hojas
en el campo de exterminio de la sonrisa.
En el lienzo oscuro de la noche te busco
mi mente te quiere encontrar
pero al llegar el alba, solo queda el vacío
de un amor de sol gris, como frágil escarcha.
Las pesadillas se apoderan de mí
recordando que debo aprender
a vivir con tu ausencia
con la sombra de la oscuridad convertida en adiós
Enmudecido, como la nieve abandonada
me duelen las estructuras del dolor
pero seguiré adelante borrando tus huellas
de esta estación de mártires de la desgracia.
En mi recuerdo, una emoción se esconde,
un suspiro, una risa, una lágrima me devora
entonces, escondo el llanto y esparzo mi rocío
en mi manto de pétalos perfumados.
Que el viento los lleve lejos, muy lejos,
hasta donde el horizonte se funde con la niebla
y habla el sol con las nubes,
allí dejaré las heridas de cristal punzante
que aún me hacen sangrar.
Mi vida huye lentamente de tu aura
como las nubes de la tormenta
dispersándose en el aire,
como una melodía sin zozobra
que alivia mi alma y la llena de quietud
Cuando te pienso, tu mirada teje mi corazón
con hilos de esperanza
y tu alma, henchida de felicidad transita
por los recovecos donde se alimenta el olvido
con la fantasmagórica imagen de tu cuerpo
En la bruma de la noche
donde habita la melancolía
dos almas perdidas, se encuentran en secreto
entrelazándose en la penumbra
florece un amor inmenso.
Entre sombras aletean recuerdos de otras épocas
nostalgia que embriaga la dulce amargura
son ecos del corazón en su retirada
del rincón de los sucesos olvidados
ahondando en los venideros.
En el jardín donde siendo ocaso
florece la aurora
crece un amor puro que en mi pecho
se instala como el haz de rayos que ilumina el día.
Eres la luz que en mis tristes días luce plena
como el destello de la nieve
cuando el sol la derrite
con su lengua de fuego.
Mis ojos encandilas
otras veces los cierras y vuelan
hasta lugares recónditos dónde blasfemar
no es pecado ni hurgar es violar
simplemente es necesidad.
Cuando sucumben los lamentos
en noches de esperanza
de retrasos como hileras
haciendo mella en nuestra mente
ocultando las ansias
tras los colmillos de la ausencia
del deseo no encontrado
de la palidez del sueño frente al espejo.
Entonces
hazme tuyo, y nunca me dejes ir
hazme tuyo, en cada latido de tu corazón
en cada suspiro, porque juntos podemos ser eternos
y deleitarnos con una vida plena
en este infierno convertido en paraíso.