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En el verano extenso oigo tu melodiosa voz llamando, susurros, trinos de jilgueros melodías bajo las parras. Poblaciones latentes, estímulos de amantes habitaciones llenas niñas paseando por el puente. Sueñan con novios, incendios sin control, barcos navegando entre árboles buscando el lago del corazón. Sangre, aires meciendo cabellos, medias al viento, piernas sin depilar, secretos en cada momento. Camas testigos, cámaras donde fulgía el clamor, una virgen gritando en su desesperación, colgada de la pared abrigándose del sol. Órganos con las hormonas en eclosión lugares silenciosos donde nace la pasión tú y yo puente de unión.
Cielo de pupila hiriente en el lago te ves reflejado las montañas te saludan los árboles, admirados de tu belleza lanzas al cielo han tirado, para que tu magia desaparezca. Cielo rosáceo y azul montañas peladas y blancas lago hermoso el sol desaparecido quisiera peinarse en tu espejo. Lugar idílico, remanso de amores estar contigo quisiera y llevar conmigo a la sangre de mis amores.
Cuando el sol abraza al horizonte tiñendo de rojos , grises y amarillos la bahía se engalana, se va de fiesta.
El calor asfixiante se duerme la luna brilla en la bóveda siniestra del cielo, los pájaros duermen con sus amigos que con su manto los cobijan.
Los ángeles, antes dormidos, con arrogancia se asoman a tu lecho, en los cristales de mi ventana resbala la humedad de la brisa del mar, y los niños sueñan con los duendes y las hadas del bosque.
Entonces
El cielo luce su mantel de puntos luminosos centelleantes, mi imaginación vuela hacia las profundidades no conocidas del universo.
Una pareja de amantes se beben hasta el último aliento extasiados, como yo estoy contemplándote.
Aunque la vida sea dura y complicada, siempre hay momentos de belleza y alegría como contemplar la luz de tu compañía.
Porque al final, lo que importa no es el sentido que le demos a la vida, sino la intensidad con la que la vivimos.
Así que no me importa si el universo es absurdo o sin sentido. Lo único que importa es que estoy aquí, disfrutando de la maravillosa locura de existir.
Decir te quiero es una melodía que acaricia el corazón es un verso que llena de alegría mi día.
En tu presencia encuentro la razón de ser en tu amor, porque tú eres mi luz, mi guía.
Eres las cosas que se dicen a la amada las palabras que salen del alma susurros que la calman promesas de una vida compartida.
¡Oh, amada, primorosa! suspiro por tenerte aquí, junto a mí; un colibrí vuela, en mi ser encendido, en el vergel oculto, un canto atrevido, libertad que anhela, sueño que se eleva, melodía pura que mi pecho eleva y mi corazón congela.
En la oscuridad fantasmal de la noche, se ocultan secretos que el alma desvela. ¿Sabes tú, de su sombra y su derroche, de la miseria callada que en ella vuela?
En las sombras densas de los callejones, la noche susurra sus penas al viento. En rincones oscuros, entre susurros y emociones, llora con tristeza, sin ningún aliento.
En tus noches de vigilia e insomnio mudo, percibirás su llanto en silencio profundo. Con miedo a perturbar algún amor desnudo, se esconde en la sombra, temiendo ser fecundo.
Quizás, en ese cielo estrellado y eterno, donde la noche y el día se abrazan con fervor, sepas encontrarla en un destello tierno, pues en una estrella hallará su redentor.
Mis pensamientos huyen sin aspavientos, una música leve un surtidor de sueños caminando hacia la posteridad de los tiempos, un espeso olor a perfume en un campo yermo.
En el ocaso de mi vida sin patinetes voy subiendo la cuesta del olvido, amantes ahogados con sus perfidias, alboradas dormidas en mi pecho.
Gritos sumidos en profundidades no existe el tiempo, es un paraíso que llevo esperando tiempo.
En las montañas estás y vienes con la brisa ¡Oh, bella flor!, necesito un ángel que cubra tus alas
mientras surcas cuan estrella por la noche
el cielo está por fragmentarse, la tempestad
alcanza su punto álgido. Sacio tu llama, acaricio tus lamentos entre las hojas de la noche,
cuando tu vientre anhele bañar mis gemidos
y el embrujo del tacto de tus labios
me haga temblar
haciendo explotar mis sentidos. Entonces, en ese momento supremo quiero ser un gorrión o una golondrina
posarme sobre tu jardín
mientras el viento azota las campanas.
La naturaleza la abraza con cariño y el viento susurra secretos en su oído
sus pasos son firmes, como los de un guerrero
enfrentando los desafíos que la vida le presenta.
Con entereza las montañas son testigos mudos
de su valentía de su coraje y su determinación
porque ella sabe que cada cima alcanzada
es una victoria, un logro
que la llena de orgullo y satisfacción. Las montañas en su eco la contemplan
en su dulce melancolía y en su anhelo de libertad
porque ella, simplemente, es parte de la naturaleza
una joya preciosa en este vasto universo del amor.
Cuando muerdo tus senos de luna, acaricio tus piernas de gacela,
levanto tu falda con mis dedos,
te miro desde abajo, extasiado. Te hago lo de siempre, exploro cada rincón de tu cuerpo,
disfrutando de tu belleza,
de tu suave y delicada piel de princesa. Pero a pesar de todo, de todas las caricias y besos,
de todo el deseo contenido,
¡no pasa de un sueño!.
En el eco de la noche, tu presencia brillaba, como estrella fugaz que ilumina mi senda,
pero en el cofre de la luz no estaba,
ni en el bosque de los sueños incumplidos
donde el tiempo es ascua efímera. Soñé contigo, entre luces y sombras en busca de lo perdido, de aquello que ansío,
mas en el laberinto del alma, al despertar,
hallé solo la certeza de que en ti, yo confío.
Los recuerdos se desvanecen en la bruma, la felicidad se convierte en amarga espuma,
y el amor que una vez brilló con fulgor,
se convierte en un doloroso tambor. Momentánea destrucción del amor, es una triste canción sin ningún resplandor,
pero en medio de esta oscuridad,
la esperanza renacerá con más fuerza y voluntad. Porque el amor verdadero nunca muere, aunque haya sufrido momentos de pérdida y fiereza,
siempre encontrará la manera de renacer,
y brillar con más intensidad en la tristeza.
Bajo la luna que alumbra tu ser, quiero resucitar bajo tu falda, mujer.
Devorar tu aliento con pasión sin medida,
ser el duende secreto en tu vida. En la noche te amaré con fervor, en el pantano escondido del amor.
Exploraré el rincón más profundo de tu ser,
allí donde se esconde nuestro querer. Seremos cómplices en este hechizo, unidos en un abrazo eterno y preciso.
En ese rincón íntimo y perfecto,
donde late el corazón más discreto.
En las nubes trazaré mi deseo, mi consuelo con letras de luz y sueños en vuelo. El cielo será nuestro santuario, donde el amor florece sin horario.
Bajo la luna, susurros de pasión, se entrelazan con la brisa de la ilusión. Un eco melancólico se desliza, en la noche donde el alma se descuartiza.
Escribe una oración con tu celestial resplandor con palabras que al viento van con rubor. En el firmamento brillará el amor, eterna llama que nunca pierde su ardor.
En noches tropicales danzan las palmeras, bajo un cielo estrellado que brilla sin fronteras.
El calor abraza, la brisa susurra,
misterios y secretos en la selva se ocultan. La luna reluce en su trono de plata, testigo silente de historias que retrata. El río murmura canciones antiguas, mientras las sombras bailan
entre las hojas vacías. En las noches tropicales, el tiempo se detiene, magia y esplendor en cada instante se siente. Susurros de la naturaleza en eco resuenan, noches tropicales, ¡Bendición que serena!
En la soledad del alma perdida, se ahoga el eco de una vida sin guía,
en el desamparo de la noche fría,
la esperanza flaquea, está sin salida. Caminante solitario en la penumbra, busca consuelo en la luz que alumbra,
pero el vacío lo envuelve y tortura,
su corazón se estremece y murmura. ¿Dónde hallar refugio en este abismo? entre sombras y silencios, un mecanismo,
alma errante en su eterno desconsuelo,
anhela encontrar paz en el cielo. Así la soledad y el desamparo se entrelazan, en un baile de melancolía que no cesa,
mas la llama de la esperanza aún brilla,
encontrando en el amor la semilla.