Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
Este abrazo conserva un cariño nuevo, su resuello lejano -partido por el cielo- es pulso, vitamina y sabor de un chocolate que juntos… no partimos, pero nos gustó. Como suele pasar y sin ayuda de una vida cálida, tras unos billetes, corre mi tiempo; y es nuestro café una ausencia rodando en la mesa, un abrazo bebible sobre el mantel del tropiezo, un día jueves sin dos, tan adúlteros, y dispuestos a empeñar el último hueso por una nada rendida en esta silla cuadrada roída, ya ovoide, de fricción y besos. Ya no patines en la duda, mujer, tenemos que dejar de vernos así, esto es muy riesgoso. Te beso.