Elevaré la imaginación a un tiempo que ya no existe,
que se quedó, plasmado en las páginas de nuestra historia;
cuando el hombre era libre,
cuando no existía la discordia entre paises, ni entre hermanos.
cuando podiamos cruzar las fronteras,
en busca del pan y el agua para remojarlo,
sin pensar que algo pudiera hacernos algun daño...
ni en una bala perdida de algún soldado.
viajar como gitanos, era una fantasía que muchos albergamos,
llegar, conocer y mezclarnos entre las culturas
de esos pueblos que escuchamos ,
escribir cartas y contarles a los que dejamos,
de como bailan, de lo que comen,
de lo que beben nuestros hermanos lejanos...
soñemos aunque estemos amarrados,
a un suelo que no nos deja separarnos.
Este pensamiento gitano me recuerda un tiempo
cuando mi pluma desparramaba sentimiento.
donde desde mi asiento le escribía a un amor imaginario
y al publicarlo, alguien en algún lugar no muy lejano,
sentía que era para ella, lo que salía de mi pecho por mi mano.
Que ironía...el poeta con sentimiento gitano,
con ese espiritu de bohemio escribe historias de amores
y de lugares donde nunca ha estado
y los cuenta como si estuvieran ahí a su lado,
haciendo eternas sus palabras...y gratos los recuerdos.
Hagamos poesía.
Te escribí una carta porque en mi fantasía de loco
creí que tú en mí también pensabas.
me inventé una historia en mi mente voladora,
y al soñar con tu amor nunca esperaba,
que fuera de tu parte tan solo cortesía.
Desahogué mi sentimiento en el papel,
dejé que la tinta corriera en los renglones
y por que nací con el alma de poeta,
te conté con versos y con rimas mis pasiones
Te compartí mis sueños, te conté mis metas,
te platiqué de mi alegría, de mis temores,
te platiqué de lágrimas y de tristezas,
te hice dueña de mi fé y mis ilusiones
Mi espíritu bohemio me hizo enamorarme,
quería con mi guitarra venir a conquistarte,
y amarte para siempre...tan solo por amarte.
Pero llegué a tu puerta y te encontré callada,
solo una mueca en tu sonrisa,
indiferencia en tu mirada,
y al sentir el frío de tu desden callé mi boca,
escondí la rosa que tenía en mi mano,
tomé las cartas que te había mandado,
me dí la vuelta y me perdí en la tarde,
y al alejarme en la acera muy de prisa,
sentí una lágrima cobarde,
mojando mi piel y mi camisa.