Intenté suicidar utopías
dejándo la serenidad
y la cordura perdidas
provocando vendavales
bañados de abísmos.
Cuestioné a Dios
sin pensarlo,
al no entender que había hecho
para merecer éste infierno.
El resentimiento
fué una barrera
que me consumió
cuando el dolor
se incrustraba en los huesos.
Desfallecí en cada intento
por sobrevivir en esa cruzada
donde las pocas sonrisas
que me quedában
quedaron bloqueadas.
Hasta que desperté
y me dí cuenta
que se me había ido
media vida.
Intenté perdonar
pero
se equivocó una vez más
sin pensar lo que hacía.
Reclamé con un grito
a la envidia
y el odio que lleva por dentro
poniéndole un alto
sin entenderlo.
No se da cuenta
de que quedó
el recuento de los daños.
Descansó un poco el alma
al romper el silencio
y la rabia se convirtió
...en indiferencia.
La realidad para mí,
no comulga con la mentira.
No todo se perdona
en la vida...
No siempre se olvida.
10/DICIEMBRE/2015
Ana Lilia Trinidad Campos
ALMA SOÑADORA...ATC
Todos los derechos reservados.
A veces, nos supera en el trajín.
La rabia se convierte en odio, en cuanto descubrimos que no podemos contenernos.
Ya pasada la tormenta, la calma más que serena... nos parece triste.
¿Será que descubrimos que perdimos más de lo que nuestro consciente había aceptado perder?
La melancolía se viste de colores nuevos.
Y el desconsuelo se borra, en cuanto una mueca se esfuerza por regalarnos una sonrisa.
Llorar adoloridos, nos limpia el alma.
Sabemos que al final todo lo que dimos, al menos nos brindó una sonrisa chueca.
Abrazos con cariño.