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Dentro de la habitación:
Insomnio de palomas disecadas.
Sombras a pleno rendimiento:
La metalurgia de la memoria
en estructura de techos altos
e inabarcablemente fríos.
Planchas gigantes y quejosas,
dentadas correas, rezuman
corazones de culpa y humo
tras estertores de relámpagos
con venas de azufre.
Lunas/es de cocaína,
y un descolorido calendario
de antiguas amantes
con inerte expresión
ataviadas en braguitas rojas. Fluye
sudor ácido y terrible,
latiendo desbocado en las sábanas
y sobre las sucias sienes
de los protagonistas
del último remake del inframundo.
Afuera de la habitación:
Un gato negro y viejo
-más viejo que negro-
araña suavemente la puerta.
Clama en voz baja
su oficio de ángel nocturno,
su incuestionable derecho
de arroparse junto a los pies
de su mejor amigo,
...de su última muerte.
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Y la próxima vez deja al gato que entre un poquito, si él quiere claro, que si está tan viejecito que se lleve una alegría pal cuerpo, aunque sea de mirón. No me hagas mucho caso que hoy no coordino mucho, menos que otras veces ajaj
Un besito don Luis.