Con alma de canicas, pelota de trapo y pijama
el sol de la infancia
huye de la antigua memoria de las noches.
Frente a la puerta abierta de una presurosa madurez
pasa un hálito de mezquindad y abandono,
de huérfanos fantasmas
escapados
de los jamás narrados cuentos de hadas.
Un recuerdo asola al pequeño Juan
ya curtido por los años…
Mamá entre regaños y zurras
marca el camino del aprendizaje,
papá dobla la apuesta
con su mano dura de cinto remojado
y su tradicional olor a alcohol y tabaco.