Esa mañana como tantas otras me levanté temprano, el sol ya dejaba ver sus brillantes rayos sobre el deslucido ventanal amenazando con derramar su intenso calor sobre esa mañana que prometía ser una de las mas tórridas del verano incipiente .Repase la casa rutinariamente como lo venia haciendo hace años en ese mobiliario que solo recibía el polvillo diario de la atmosfera, pero al que nadie veía o usaba desde hacia años . En ese momento comprendí que ese repaso innecesario, se debía a no poder aceptar que ya nadie correría ninguna cosa de lugar y que era tiempo de aceptar que había quedado irremediablemente sola.