Es la media tarde y la merienda aún sigue sin prepararse.
La niña se sienta para recibir otro regaño de su madre
que fuma un cigarrillo
y bebe lo que queda de su café.
—¿Qué esperas, la leche?
¿No crees que sea tiempo de preparártela tú misma?
Y continúa diciendo:
—No veo la hora que dejes de ser un peso muerto
y tomes responsabilidades.
Que dejes de soñar pamplinas,
hagas a un lado las muñecas y veas lo que es la vida real.
Golpeándose se hacen las mujeres.
En el momento que termina sus regaños,
la severa mujer
se levanta de la mesa y se va.
La niña con una cara larga de tristeza
se arrima a la taza
y en la borra del café llega a ver
la imagen de una adulta mujer
que falsifica la firma de su mamá.