Permanecí inmóvil
frente aquella mística mujer.
Dejo que bebiera de su cava,
sobre sus montes repose,
aspire el aroma de su delicado romero,
el lirio perfecto era su afrodisíaco cuerpo
y toda esa belleza reposo sobre mi ser desnudo
y convivieron nuestros espíritus
y se amaron nuestras almas
fue tanta la perfección
que dudo sea real
esta mujer mística
tan terrible como bella.
Sebastian Dusalgi