En cada pliegue de nuestros viejos caminos,
de esos senderos recorridos miles de veces
se esconde el polvo de las traiciones,
las cenizas chamuscadas de algunos sueños,
ansias, temores, cláusulas y tabúes;
también la furia de la tormenta
que agita
las hojas cayéndose
de los pergaminos de la memoria.
En cada pliegue de nuestros viejos caminos,
de esos senderos recorridos miles de veces
quedan las hojas desparramadas
para que los otros,
que vienen detrás de nosotros,
las encuentren y las lean.