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JUAN PEREZ Y SU ÚLTIMA ILUSIÓN
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
PROSA
JUAN PEREZ Y SU ÚLTIMA ILUSIÓN
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Era una mañana, una tibia mañana, en la que uno no quisiera despertar. El reloj sonaba ruidosamente, la cafetera silbaba y el olor humeante del café prometía un desayuno suculento.- ¡Juan el desayuno está listo, levántate ya, se te hace tarde para ir al trabajo¡ Juan Pérez era el empleado ejemplar de la oficina, siempre había llegado temprano, siempre saludaba a todos muy cortés, pero ahora con sus cincuenta años encima. Se había cansado de ser el modelo de empleado, el cumplido de siempre, el señor Juan Pérez Rodríguez. Ahora se había resuelto vivir y empezaría por no ir tan temprano al trabajo , no preocuparse tanto "Total la vida es una y hay que disfrutarla" Además se había fijado que una nueva compañera de trabajo tan bella y elegante que había llegado recién ala oficina ayer. Quería llegar al a misma hora “A ver si le caigo"- Quería disfrutar un romance libre. Dejar de ser el esposo perfecto -Ya a mis cincuenta es la última oportunidad de experimentar el amor- (Que dicho sea de paso se estaba secando en su corazón) Era las 9pm.María Luisa entraba a esa hora a la oficina y Juan la espera en la puerta del edificio, la alcanza y le dice -Hola ¿Cómo estás? ¿Me recuerdas? Soy Juan Pérez y trabajo en la misma oficina que tú y si quieres te ayudo a llevar tu maletín y tus papeles, que parecen muy pesados para ti. Ella se sorprendió de su exquisita amabilidad le sonrió, accedió y entraron juntos a la oficina. El resto de empleados los vieron sorprendidos y murmuraban entre ellos. ¿Juan Pérez con una mujer que no es su mujer, increíble? Juan Pérez se despide de María Luisa y va a su oficina pero desde allí de rato en rato la espía embelesada. Era una mujer muy bella y por lo visto también muy inteligente- La invitaré a almorzar pensaba- Y efectivamente al terminar el trabajo a las 12 pm se le acerca y le invita a almorzar, ella accede y en el restaurante comparten una charla muy amena y brota en ellos la famosa "química”, que unen sus almas... Los almuerzos y charlas se repiten. Juan se queda haciendo hora extras en la oficina, sólo para estar a su lado, pues ve que María luisa tampoco le es indiferente a él , así que un día le propone para salir y concertada la cita se encuentran en un bar. Beben unas copas y al desenfreno de la conversación, los tragos y el baile terminan durmiendo los dos en un hotel cercano. Al despertar Juan se siente un poco culpable por su esposa, pero feliz inmensamente feliz. La vida le abría sus colores, unos colores que en sus cincuenta años nunca había gozado a plenitud. Su rostro lucía relajado y contento. Viría esta aventura, no dejaría pasar la oportunidad de ser feliz...