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Hay recuerdos que te parten el día en miles de pedazos. Te apoyas en alguna parte con toda el alma en pena, y lloras desde el pensamiento más hondo: Llueve en todas partes, llueve con viento de ayer, llueve y hace frío.
Iba mi gozo, iban mis pasos, y toda mi plenitud por el camino ancho. En galope sensual nos miraba el pastizal. En un fondo, casi crepuscular, jugaban con su arrebol el celeste y la arboleda.
Al llegar, rendido a un rezo cualquiera, sentí que el cuerpo me dejaba. Sentí el sobado aliento de esa fiera absurda, inquieta, lejana. Y te dije: que sí, que todo está muy bien.
Me arremangue y salí, perfumado por las sombras, salí y miré hacia la distancia.
Acaso, pensé, no siente lo que yo, con alegre ardor, siento. Acaso en el mate, en las cena, bajo las lluvias, o en medio de un ventarrón, fingió, escandalosamente, su miel y su tornado. Acaso su vino embriagó mi vida y la tierra toda. Acaso hasta en el sueño más cultivador supo engendrar su irrealidad.
Volví a la mesa, es hora de que me quiebre de una vez el recuerdo, pensé. Y la miré, la miré hasta cansarme, la miré con años y con siglos, busqué en sus ojos, en su vidrio, en su polvo de campo olvidado, busque mi joven yo, mis nuevos años ya difuntos. La miré y me miré, y, como siempre, sin nada que decir,
se esfumo con ligereza hacia la nada, hacia las cosas de uso común, se esfumo a dormir en su tacto que no está.
Que hermoso color de voz,como aterciopelado, maravilloso me encanta este tipo de música donde la voz opaca a la guitarra y los altos parecen robados a los trinos de los pájaros y como tal, vuelan por el cielo, gracias por traernos este trinar.
Hermoso pasillo ecuatoriano, letra de Amilcar Diaz basado en un poema de Rosario Sansores. Es uno de mis favoritos. Una impecable interpretación de la Sole.