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Prendí tu ausencia de bengalas.... A tientas, de puntillas... busqué tu mano en los silencios. Mi voz fue sabueso sin olfato, desgastado en su propio eco.
Lloré por ti ¡hasta inundarme!, grité tu nombre en los desiertos.
Varada en tus olvidos opuse resistencia, como una heroína batallando con dragones de leyendas.
Y desperté un día... sumida en la tristeza, consciente de tu muerte, engullendo tus adioses a bocados,