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Puerta Nro. 15: La gata muerta

Puerta Nro. 15: La gata muerta — El Palacio · Blog en MundoPoesía

Puerta Nro. 15: La gata muerta

· 1.046 lecturas · 2 min de lectura
La gata muerta

La gata muere

y con ella
también nosotros.
Muere el yo que existe en ese instante cuando llego a la casa y no está.
Entonces no vale de nada un lamento, no vale una justificación, no valen los supuestos negados ni los suspiros que miran por las ventanas.

No vale de nada una gata muerta.

Nos transformamos bajo esa ceguera intrínseca de la muerte, de la vida, que no nos deja ver el qué del final y apenas deja vislumbrar el por qué del principio.
Y en el medio viene el cómo: la ausencia exigiendo, aunque sea un poco, reordenar la casa, modificar los hábitos, desconsiderar las consideraciones, olvidar lo que la memoria muscular recuerda, y así, hasta que desaparezcamos a la gata y a sus restos de todos lados, incluyendo el espacio de nosotros mismos. Lo cierto es que somos tontos al pensar que superar significa olvidar, cuando realmente es más parecido a asimilar.
Y no se trata de recordarla. No. No se trata de conservarla en un rosario de memorias porque, inevitablemente, a todos se nos extravía por dentro tarde o temprano.

La gata muerta juega al escondite
en los recodos de la significancia de nuestras vidas.

La gata muerta
da un saltito
y se funde para siempre
en el misterio que somos.
Lurien, — les gusta esto
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2 comentarios

L
Lucevelio ·
Esa gata, el alter ego que se funde en un análisis filosófico existencial. Tal razonamiento acumula una serie de perspectivas, particulares o generales, sobre las conductas a las que se enfrenta el individuo. La carga espiritual se siente, aunque, al parecer, conflictiva o tratando hallarle una solución al conflicto presente.
L
Lurien ·
Tengo que decirlo con mucha sinceridad, se me aguaron los ojos al leerlo de nuevo.
Tus líneas me recuerdan ese amor recíproco entre mi primera niña y yo, principalmente los hábitos que debí cambiar.
Después de una semana usando lentes de sol, pegado a una máquina encerrado en una habitación, pude hallar un poco de paz y nostalgia dolorosa en su hija que me hace compañía todos los días...
El cuento es largo y nunca te lo he narrado con ese café de vainilla. Será algún día.
Espero que mis palabras reflejen cuanto me gustó tu Puerta!!!

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