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Tan universal y tan íntima como un beso,
tan húmeda entre sus recovecos
y en sus lineas sinuosas, hermosa,
como una mujer cualquiera.
Así de única y auténtica debe ser:
con ocres o verdes praderas,
amaneciendo entre valles
o sobre tu calle, anochecer.
Tan delgada como una lanza
y certera como una flecha,
que parta en dos el universo:
el de las manos que la escriben
y el de los ojos que la aprovechan.
Azules pueden ser las letras,
o negras o violetas
pero la sangre que fluye que sea
de la misma vertiente, siempre.
Así quiero que sea mi poesía y la tuya,
cuendo te encuentro,bajo la sombra
de estos árboles nuestros.