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Perdieron los de siempre.
Los del cigarro en modo estrella
y las instrucciones del revés..
Los de los monstruos sonámbulos
y la melanina transparente...
Perdieron ellos. ¡Cómo no!
Los que andaban con la fe ladrada
y el sueño en pelotas.
Con las alas deformes,
con el aplauso fiel de una lluvia
sin aditivos, de 41º
o de las gaviotas,
(y el karma arrugado en la guantera).
Ellos, los de siempre:
locos como una manzana de caramelo,
lúcidos como un escalofrío a medianoche..
Partieron solos como ratas
(o no cabían en su funeral).
Con la hora adelantada,
el alma empastada y artrítica.
Y sin ningún buffet de ángeles a sus pies.
Murieron suicidados o malheridos,
jodidos y asustados,
igual que todos, sí.
Pero se fueron como vivieron:
con el corazón en alto y por delante.
Y aun con el gesto inaudible...
bombardeando, los muy cabrones,
-mis queridos cabrones-
los estómagos y las mentes,
...aún echando chispas.
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estoy débil y muy sensible
me llega especialmente este poema en estos días.
besito