Una brisa de colores
me aísla de los sinsabores
de la vida cotidiana
y lo hace sin pedirme nada.
Es que esa brisa sumisa
la generas con tu amor,
igual que las gotas perladas
que refrescan mis jornadas
en los días de calor.
En mi vida estás presente
de manera permanente
aportando lo climático
y también sentimentalmente.
De ti soy tan dependiente,
que si tu no estas presente
hasta el aire que respiro
me sería insuficiente
y en este invierno inclemente
me moriría de frío.