Suburbios de venas regando
prisiones de llantos
campanas de llegada a los puertos
vomitados, justa línea de ámbar
que mece como cuerda de violonchelo la tardanza del verdugo
que decapita el día con un hacha.
Herrada en los balcones del tramoyista, que abre como un telón
la noche y
la vida
acero del cuerpo
busca entraña donde germinar
la arcilla gris.
Casi cada bloque de ladrillo
tapia siempre el mismo muro.
que rodea la vanidad
escupida a la cara.
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