El cisne tremulante de contento
sedujo con su nítido plumaje,
a la musa patrona del paisaje,
adhiriendo su ardor en el aliento
de Leda, ceremonia de un sediento
y fervoroso amor en el paraje
del litoral de Eurotas, ¡un salvaje
e insolente destello de un momento!
Los dos amantes liaron sin mesura,
el cisne dio un chillido de victoria
y Leda se ensimismo en la locura.
El preludio del auge de la gloria
germinó la semilla en la figura,
de la reina, gozando con euforia.