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Podrías saludar a cada nueva mañana
con una sonrisa de oreja a oreja,
y un Buenos Días tan grande
y tan esplendoroso como el Taj Mahal.
Dar la vuelta a tu vida
como a un colchón de nueve años
(demasiado tiempo para un colchón).
Volverte un fanático del water-yoga
un crack en el arte del bonsai
o un devoto de los alimentos sin.
Podrías cambiarte de ojos
(metafóricamente hablando, claro está)
ensordecer a placer
por uno solo o por ambos oídos.
Guardar en la mesilla del dormitorio
un par de conciencias de repuesto
para la hora del sueño,
y hasta tener bajo la tele
(en ese estante de la mesa que la sostiene)
un kit de tripas y estómago incluido
para escuchar, imperturbable, las noticias de las ocho
y media de la noche.
Podrías mitigar
esa urticante sensación
de desapego existencial
con una barbacoa (y una borrachera) semanales,
con un esporádico polvo
de película,
y hasta creerte
el mismísimo 007
(el día que esa preciosa parejita
de hambrientos llorones
duermen plácidamente
en casa de la abuelita)
...Y así con todo.
...Pero ni todo eso te borrará de la cabeza
los monstruos babeantes
y esas hormigas gigantes
de colores chillones
que juegan a rodearte
y dispararte rayos, flechas y balas perforadoras
contra el último reducto superviviente
de cerebro donde almacenas
la absurda idea en que de alguna
extraña y compleja manera
pudieras llegar a sentirte
medianamente satisfecho de tu vida,
a gusto con el mundo
y poder hacer las paces
con la humanidad.
...Ni con todo eso, cesarán los temblores,
esas náuseas y sudores fríos
que te llevan irremediablemente
de nuevo a destapar esa botella
de añejo y resignado pesimismo
con ese intenso toque de dulce apatía
y un más que ligero matiz
de afrutado asco (siempre fresco),
y beberte de un trago
la cantidad necesaria para que por un rato,
aunque solo sea por un fugaz instante,
imaginarte
el tipo que no tiene la más remota
necesidad de ser feliz,
pertenecer a ningún puto grupo
de guasapp,
ni sentirte culpable
por haber desperdiciado
una vez tras otra
tu suerte al nacer
y todo lo bueno que hicieron
tus progenitores
(y aquella novia de la facultad
en segundo de derecho)
por ti.
Porque, amigo, no te engañes,
la felicidad es solo asunto
de ingenuos rumiantes,
(hasta el momento de subir al camión),
y también de depredadores
que nunca soñaron
con un mundo ideal.
-Solo con tener la panza llena,
los testículos vacíos,
y una reconfortante siesta
anti-remordimientos.
Lo demás son solo
cosa de los anuncios de la tele,
y desbarajustes climático-hormonales.
Una simple peli de princesas bobas,
príncipes pijos en descapotable
y hadas madrinas viejas
con la piel quemada por el sol,
fumadas y en vaqueros...
...No more my friend.
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