Una bruma rompiéndose
alterada en la lejanía,
arremolina su precoz nacimiento
que se oculta con rabia languidez.
La presencia se arrulla mentalmente
en la agonía de un candil de digestión,
que entre dispersa nieve niega su
pureza de interrogatorios diabólicamente susurrado en la natal
huella del diagnóstico imaginario,
la llama des obturada tiembla como
los iris tocados por la imberbe pupila
y nos llama ante la imagen con una caprichosa preñez auditada en la escena del dolor cuando dos se despiden.
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