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El ángulo perfecto en mi portilla
tiene céfiros, lluvias, luz y sombras;
en su verdón, lavadas como alfombras
y en el confín, el Fénix que se ovilla.
El alto verolís en las llanuras;
las oberturas
de ruiseñores
y los pintores
que al natural
dan al mural
un acabado lleno de misterio
donde natura exhibe su salterio.
Tiene también un ángel de la guarda,
sus farolillos sorben mis tristezas
y las transforma en cósmicas riquezas
cuando Morfeo en arribar se tarda.
Ay si el destino hurtármelo quisiera
de igual manera
como vigía
día tras día
en mi postigo
—mi caro amigo—
emulará su cálida presencia.
Yo, igual que Ofelia, pediré clemencia.
Mis saludos. Un beso.
Luis.