La vida es un corto tránsito
lleno de adioses, que marcan
de muescas y cicatrices
el contenedor del alma.
Unos ojos con tristeza
y unas mejillas con lágrimas.
Pero cada adiós, cada uno,
conlleva con él un hola,
unas nuevas esperanzas,
unos párpados que se abren
y pintan en tu mirada
reflejos de las sonrisas
qué desfilan en tu cara.
Y cada nuevo saludo,
cada hola, es en tus mañanas
desayuno de cariño,
la fuerza que te levanta.
Holas que se multiplican
como tierras de labranza.
Este es mi hola sensiblero,
espero lo disfrutaras.