El insomnio de los besos
pleamar de los cobijos
mediadores del silencio
un candil encendido,
en la obesa noche
densa como niebla atrapada en un vaso.
Que no se bebe se huele,
como lubricados ojos nocturnos,
y legañosas riberas del candor
irrealidades templanza azur
del miércoles, en pedregosas y rancias
caricias de pinceles que mutilan
arrugas en los sueños.
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