Sé lo que el miedo construye
alrededor del cariño fallido de un niño.
Sé lo que el rechazo destruye en las inválidas ternuras del odio.
Los acantilados que sube el amor
y empuja al vacío la indolencia
cebada por las latitudes
del rencor
no son más que añicos de sitios
hechos de papel por los disturbios , del acróbata en el arpegio del cono
familiar, donde la crueldad de un padre hace su nido
en la ternura de los regazos.
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