En los atriles del mundo
observa una lectura anciana
con el desdoble del arquitecto
construir miedo, para tener el control de todo.
El espejo, no es espejismo,
es reflejo soñador del indemne iluso
que intenta feroz la intransigencia de los mapas de tristeza atravesarlos, pero que consigue la misma indiferencia que en,el fondo quería encontrar en esas ilusiones, de la doble cara de los días en el arpegio de
la indecisa neura del cono familiar.
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