La inundación de los perfiles de mi mapa del mundo,
conserva la línea de flotación,
casi una áspera revolución
se adueña del idilio que me trajo
por estos horizontes, que casi llegué a acariciar con celosía
los atriles de la información
me revolvieron en la entraña la indolencia atroz del amor ingenuo
del que brotaba toda mi razón. De acerado y frío descubrimiento
un río de pólvora alimentó
mi suicida comprensión.
Ella me destrozó toda mirada a las olas, que mecían su desnudo cruel
sobre el tamiz del corazón roto
la resaca del epiléptico animal
rabiaba sin sueños de descendencia
sólo, tal vez morir.
En hostales del infierno,
en murallas de cielos redondos como
globos de cumpleaños, que el tiempo
cicatrizó como grandes gotas de agua
que se elevaban alejándose de la celebración e introduciéndose en el horizonte que yo nunca alcanzaré.
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