Sal, migaja del ojo otoñal
pellizco del mundo desnudándose
en el atril de los mapas ciegos.
La décima merodea haciendo camas
de aguas, remueve la salinidad de tus
cromosomas, involuciona, hasta el
Huevillo de luciérnaga
y no te mientas.
Preñez del roce candado a la caricia.
Hijo de la indiferencia, tu luna
es el foco de la habitación,
donde las torturas se ligaron
a los cuerpos, como las últimas caricias de verdugos absueltos.
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