La musa de las raíces, enterradas en los nombres de los que no volvieron,
emergen, como hongos en aisladas
praderas,
los chiqueros de las piernas
se cierran aun más cuando uno de esos nombres
rompen las lisiadas preguntas del mimo,y su circunstancia,
la vejez se hace hondura del nervio
cauto y sosegado, y brilla los adulterios entre suicidas que galopan
la multitud de preguntas con rostro de mujer.
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