La luna llena de los ruegos
se infla como lupa ansiosa
de transgredir un deseo
impoluto.
Nos limpia del soborno de cada atardecer cuando hipnotizados,
las yeguas cabalgan por corrientes
infladas de miedo.
Parentela de un sabroso soborno.
Que nos pide intimidad, y correspondemos con asilos
de sentimientos maduros
casi condenados en cárceles
del corazón, para que al sentirlos
no enloquezcamos de la esencia de la que muchos hablan, y otros huyen
porque les hizo infelices.
La felicidad. Una fiera sin domar
que mata, que muere, y que es anhelada por todos.
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Mis saludos, y que pases un Feliz Año Nuevo...