Hebras del delirio se cosen en el
psiquiátrico con la voluntad de un
juramento, pero la insatisfacción
de las píldoras conmueve a piedras llenas de sigilo, golpeando la necedad
con trámites de renovadoras pulsaciones, el ártico de tu cuerpo,
maldice el sueño popular de los trinos congelándose sin medida.
Ante el sopor que nos vigila.
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